Soberanía que trasciende

En la víspera se conmemoró el Día de la Mujer Rural. Echemos un vistazo a la realidad que viven nuestras compatriotas campesinas e indígenas, desde su propia perspectiva, destacando los logros y desafíos en sus reivindicaciones.

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La escritora paraguaya Carmen Soler escribió: “Son penas muy encimadas el ser pobre y ser mujer. (…) Tiene las penas del pobre y más las de ser mujer”.

Esta simple premisa abarca parte de la lucha de las mujeres campesinas, quienes trabajan la tierra y preservan la soberanía de nuestros ancestros, inmersas en una coyuntura que sigue provocando brechas sociales. En el 2008, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) fijó el 15 de octubre para rendirles tributo por su aporte al desarrollo de las naciones.

Bernarda Pesoa, secretaria general de Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri), del pueblo tova qom, en el Chaco, representa la voz de sus compañeras: “Buscamos un espacio para la participación en las decisiones del Gobierno, así podemos conocer nuestros derechos y ser valoradas como mujeres. Uno de los trabajos que hacemos es la formación de dirigentas, basados en la soberanía alimentaria como uno de nuestros ejes principales”.

Conamuri aglutina mujeres campesinas e indígenas de 10 departamentos y, además de la prevalencia de la soberanía de los alimentos, ejecuta planes relacionados con la coyuntura social y política. Coincidentemente con esta fecha, se cumplen 16 años de su fundación.

Desde su creación, el organismo ha participado en distintos espacios, nacionales e internacionales, rememorando fechas especiales y organizando actividades en las que las campesinas indígenas sean escuchadas.

Semillas contra la violencia

Una de las banderas más fuertes que enarbolan es la igualdad de condiciones en el trabajo agrícola. “Las necesidades son iguales en todas las localidades. Si bien hay diferencia geográfica, los inconvenientes son los mismos”, resalta Bernarda. Alicia Amarilla, secretaria de Relaciones Adjuntas, indica: “Uno de los problemas más importantes en el campo es la violencia económica. Casi todo el trabajo reconocido lo hacen los hombres. Incluso, en las manifestaciones son ellos los que tienen la palabra, mientras que las mujeres solo acompañan. Ellas se ocupan de las labores domésticas, sembrar algunas cosas para el consumo familiar, criar gallinas, sin que su trabajo se reconozca”.

“Otro aspecto problemático es la violencia estructural del sistema. Se deben depurar varios estamentos gubernamentales, que son los que permiten la destrucción de nuestros recursos naturales. Cada vez más agrotóxicos invaden los campos de cultivo, provocando la migración de muchos compañeros y generando ganancias solo para un sector”, destaca Perla Álvarez, miembro de Conamuri.

La igualdad en todos los sentidos, la valoración del trabajo de la mujer del campo y el total rechazo hacia cualquier atisbo de violencia que pueda soslayar su dignidad son reclamos de los cuales la sociedad debería hacerse eco, teniendo en cuenta que todos los recursos que tenemos provienen del trabajo de quienes honran la tierra.

carlos.canete@abc.com.py

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