Sara Fernanda Giromini (25) es más conocida como Sara Winter. “A los 12 años, mi madre me permitió usar las redes sociales con la condición de que no pusiera mi nombre verdadero, para resguardarme, porque era menor”, dice abriendo la charla. Como toda adolescente, Sara soñaba con la libertad y el amor. “Nací en una familia humilde, en un barrio de San Pablo, Brasil, donde viví con mis padres y uno de mis hermanos hasta los 16 años. Pero este hermano había caído en las drogas y nuestra relación se tornó insostenible. Un día puso un arma en mi boca y me echó de la casa. Mi padre anciano y mi mamá muy sumisa no pudieron hacer nada. Sobreviví un año prostituyéndome”. En este transcurrir amargo de su vida, Sara buscó ayuda en amigos que estaban en situación similar. “Venía de una familia creyente, pero no practicante; nunca rezábamos ni íbamos a la iglesia. Estaba enojada con Dios y todo lo religioso. Conocí a las feministas y, luego, a las Femen”, cuenta.
Reconocidas por utilizar frecuentemente el topless para protestar contra las instituciones religiosas que luchan contra el aborto, el matrimonio no heterosexual, entre otros temas que consideran de opresión contra la mujer, Femen es un grupo contestatario de mujeres nacido en el 2008, en Ucrania. “Tenía 22 años cuando ellas me enviaron USD 1000 para ir a entrenarme allá, pero no alcanzaba, así que junté mi primer sueldo –estaba trabajando como periodista– y viajé”.
En Ucrania, Sara tomó clases sobre cómo protestar, sobre todo cómo atraer a la prensa. “El curso incluía métodos honestos y deshonestos. Había varios militantes de la ex-URSS”. Mediante esta capacitación fundó Femen Brasil y se convirtió en la líder de 20 chicas. “Yo buscaba justicia por haber sido víctima de mi hermano, tenía mucha rabia y sabía que otras chicas también pasaban por grandes dolores”.
A partir de entonces, Sara supo cómo desatar la ira de las personas religiosas y conservadoras con sus pechos desnudos, enfrentamientos y burlas. Una fila de medios andaba detrás de ella para entrevistarla, lo que –por supuesto– redituaba económicamente. “Fui muy famosa y solicitada, pero seguía sin llenar el vacío que sentía”, recapitula.
Militó durante cinco años en el feminismo, mientras que Femen Brasil operó un año y se desintegró cuando ella se retiró, hace dos años. “Se había vuelto todo muy violento y corría mucha droga; yo nunca me drogué, porque esos vicios me recordaban la vida miserable de mi hermano”.
¿Por qué decidiste retirarte?, ¿cambiaron tus ideales?
No, seguí buscando justicia e igualdad para la mujer. Fundé otro grupo que se llamó Bastardas, pero seguí en la misma línea de Femen. No fue hasta que quedé embarazada que comencé a cuestionarme lo que estaba haciendo. Fui a pedir ayuda al grupo feminista más grande de Brasil. Me dijeron que a los 22 años no era un buen negocio embarazarme, porque iba a quedar gorda y con los pechos caídos; en cambio, si abortaba, pasaría a ser una heroína, una guerrera. Me convencieron. Viajé a Río de Janeiro para abortar clandestinamente con una doctora que me indicó cómo utilizar la droga abortiva (Cytotec). Fue horrible. Durante todo el proceso estuve en su casa. En un momento quise parar, pero tuve miedo de que mi bebé tuviera secuelas y decidí terminar. (...) Después fui a lo de un amigo de LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) hasta recuperarme, pero un día, estando sola, me desperté sangrando y con el vientre hinchado, como si estuviera embarazada. Llamé a amigas feministas y esperé durante tres horas semiinconsciente. Nadie llegó a socorrerme y no sabía qué hacer. Me acordé de un amigo católico y lo llamé; en 20 min estuvo en la casa y me llevó al hospital. Fue muy valiente, porque en Brasil no solo está prohibido el aborto, sino también facilitarlo.
¿Ese crudo episodio te hizo renunciar al feminismo radical?
No lo dejé directamente, porque te hacen una manipulación mental muy fuerte, diciéndote que eres minoría; utilizan el victimismo, pero en realidad eso no da derechos, solo privilegios. Después del aborto quedé muy mal, no solo física, sino psíquicamente. Me habían dicho que ya no iba a poder ser mamá; sin embargo, a los seis meses quedé nuevamente embarazada. ¡Qué alegría sentí! ¡Mi sueño era tener una familia! Fue entonces cuando conocí a una maestra de yoga para embarazadas, quien nos hacía rezar antes y después de la clase y, mientras oraba, yo sentía cosas buenas y malas. Sentía ganas de regresar a la iglesia, pero el feminismo me había enseñado que la Iglesia es el peor enemigo de la mujer y hace a las mujeres animales irracionales solo para servir al hombre. Fue una lucha muy grande en mí. Finalmente, decidí dejar de estar enojada con Dios.
Recomenzar
Tras un proceso de revaloración, Sara Giromini grabó un video en YouTube para pedir perdón a todas las personas a las que había ofendido con sus protestas. El material tuvo más de 100.000 reproducciones y solo buenas reacciones. Su vida dio un giro total y, actualmente, da charlas a favor de los valores familiares. Su conversión, no obstante, no ha quedado “impune”; fue agredida varias veces por los grupos feministas y LGBT. “Confío en que todo pasará. No hay odio en mi corazón”, asegura. En la actualidad, además de trabajar, estudia Relaciones Internacionales y se dedica a su hijo, Héctor Valentín (1). Planea casarse el próximo año. “Muchas veces me preguntan cómo pude cambiar tanto y si no podría volver a perder la fe. No temo, porque cuando miro mis fotos de años atrás y ahora, no tengo dudas de los momentos en los que soy verdaderamente feliz”, finaliza.
Las 7 veces
“El feminismo no ofrece seguridad a la mujer. En el aborto se puede perder la vida o quedar estéril. Andar por la calle vestida como le plazca tampoco es seguro. No vivamos fantasías, vivamos la realidad. El feminismo está lleno de falacias desde sus inicios. Las personas tienen que entender que el respeto a la mujer no es feminismo, sino un principio básico de convivencia. Tengo muchísima literatura feminista; antes estudiaba para defender esas ideas y, ahora, para rebatirlas, pero raramente sus líderes quieren debatir”. Plasmando su experiencia en detalle, Sara ha escrito el libro Vaida nâo -7 vezes que fui traída pelo feminismo (Prostituta no - Las 7 veces que fui traicionada por el feminismo). La joven brindó charlas en el Paraguay, invitada por los grupos provida.
Fotos: Heber Carballo, gentileza
