Las drogas y el arte: ¿amigos o enemigos?

Este artículo tiene 11 años de antigüedad

"¡Qué bien toca ese guitarrista, kapé! Seguro que le baja algo", algunos decimos instintivamente esta frase cuando vemos a un gran artista. Desde hace mucho tiempo, las drogas han estado relacionadas con la creación de grandes obras de arte. Pero ¿es necesario realmente estar "volado" para ser un genio?

En el ámbito musical existe una frase bastante famosa que deja ver la relación que supuestamente existe entre las sustancias alucinógenas y la creatividad: “Sexo, droga y rock and roll”. Esto surgió en los 60, cuando los movimientos contraculturales estaban en auge y cuyos cantautores e intérpretes confesaron haber consumido estupefacientes ilegales mientras grababan o actuaban en vivo.

Esto, sin embargo, no quiere decir que las drogas sean una llave al talento. Ha habido ejemplos de grandes artistas que terminaron dando espectáculos horribles por estar “volados”. Uno de ellos fue Jimmy Hendrix. En un festival en 1970 dio un nefasto show y decepcionó a muchos de sus fanáticos presentes esa noche. Unos meses después fallecería ahogado en su propio vómito.

En otras disciplinas, los alucinógenos también han dicho presente. Charles Baudelaire, un poeta francés del siglo XIX es tal vez uno de los casos más destacados. Su vida de bohemio, finalmente, le terminó provocando sífilis, muriendo a los 46 años. Otros grandes literatos, como Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, también cayeron en eso con nefastas consecuencias para sus vidas.

Sin embargo, ha habido ejemplos de grandes genios que nunca necesitaron de ningún estimulante. En la poesía y la pintura podemos citar al inglés William Blake, quien decía tener visiones extraordinarias que lo inspiraban sin haber consumido nada, y en la música a la banda de rock británica Pink Floyd, cuyos miembros lucen sobrios en los videos en los cuales se los ve trabajando. En conclusión, las drogas no lo hacen a uno más creativo, al contrario, si uno necesita tomar algo para ello en realidad no tiene talento y es un inútil.

Por Rubén Montiel (20 años)