Sentarse a tomar tereré con la familia a la tardecita, disfrutar de la puesta del sol y del descenso de la temperatura, idea que suena superagradable, pero no siempre es posible llevarla a cabo, porque, mientras le das un sorbo al mate, el “aroma” de basura quemada aparece. El lindo ocaso no puede ser deleitado al aire libre, debido al humo que debemos inhalar si salimos al patio, así una hermosa manera de compartir y charlar con los seres queridos se ve arruinada.
Otras tradiciones también son afectadas por la contaminación ambiental, una de las más notables es la de darse un baño en ríos o arroyos, ya que estos sirven como vertederos para las industrias y ciudadanos. El verano es cada vez más aplastante, y aplacarlo nos saldría más barato si hubiésemos cuidado de nuestras aguas, ya que no podemos darnos un chapuzón en lagos “azules”, debemos gastar un montón en electricidad por usar mucho el aire acondicionado.
Algo que, supuestamente, todos saben es que el polietileno no es biodegradable, que las bolsas de plástico se estancan en la tierra y el agua, contaminándolos. Sin importar en cuántas miles de ocasiones esta información fue repetida, la población parece no entender y minimiza sus acciones: “Qué pio lo que tanto, feroz es el río, dos bolsas de basura nio nada le van a hacer”.
Esa actitud de “mba’e la tanto” aparece después de limpiar el patio, cuando se incineran las hojas: “Un montículo pequeño de ramas secas gua’u va a dañar algo”. Se cree que las pequeñas cosas como estas no suman, pero cada día el granito de arena que aportás para el deterioro de la capa de ozono tiene sus consecuencias.
Las pequeñas acciones cotidianas, a la larga suman cantidades importantes de desechos que dañan el ambiente, esto nos afecta a todos, incluso a los que contaminan; nunca es tarde para tratar de cambiar las malas costumbres que tenemos.
Por Ayelén Díaz (17 años)