“¿Ese te gusta?”, te pregunta, indignada, tu amiga cuando ni siquiera le dijiste el nombre del muchacho, sino que solo señalaste donde estaba. Ella no sabe qué estudia, cuáles son sus sueños, cuánto te quiere y hace feliz, pero eso no importa porque su corte de cabello es de nerd y tiene luego pancita.
Jóvenes tan superficiales deberían darte pena, pues se pierden de conocer a personas verdaderamente interesantes. Aquellos que se dejan llevar por las apariencias se juntan solo con los que forman parte del montón que ve tele y sigue las "reglas" que salen en ella para ser cool.
Es normal sentirse atraído por el físico, pero no debemos dejar que eso se vuelva una barrera. ¿Te has preguntado cuántos buenos amigos perdiste hasta ahora solo porque los prejuzgaste? Otras veces, muchos no se animan a hablar con alguien porque parece "de plata" o es "demasiado lindo", como si fuera que eso lo alza por encima de los demás.
Una joven que es amable y trabajadora siempre será más bella que una arrogante y egoísta, independientemente de si la segunda lleve en su mano el smartphone último modelo y en sus hombros, una cartera muy cara. Si se quema tu casa y perdés tus ropas, zapatos y cosméticos, ¿acaso sos menos por no tener estas cosas materiales? Lo que estudiaste, tus ideales, cómo te comportás con las personas, nada de eso va a cambiar y es lo que en verdad te define.
El valor que damos a las personas no debe estar condicionado por unos pedazos de papel que están o no en su billetera. Como decía el escritor Antoine de Saint-Exupéry: "Lo esencial es invisible a los ojos". Así que, ¿y si medimos la belleza con una charla?
Por Lía M. Barrios (19 años)