Cero en matemáticas

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Las dificultades en la lectoescritura, problemas atencionales y de memoria pueden llevar al fracaso escolar, por ello es bueno detectarlas a tiempo en esta época del año. Hoy hablamos sobre la discalculia, que tiene que ver con el aprendizaje del cálculo matemático y operaciones vinculadas.

Para muchos alumnos el tropiezo con los números es un dolor de cabeza. Experimentan un rechazo hacia los números, que los estudiosos del tema denominan discalculia.

Es evidente cuando el escolar manifiesta “el problema específico para el aprendizaje del cálculo matemático y operaciones vinculadas, incluyendo el razonamiento abstracto necesario para tales operaciones”, explica el licenciado Víctor Caballero Álvarez, psicólogo.

En los primeros tiempos de su escolaridad estos niños tienen problemas para aprender correctamente el uso de los numerales (los confunden entre sí). Posteriormente, a medida que van ascendiendo de nivel académico, la dificultad se amplía al uso adecuado de los símbolos y signos matemáticos (+, -, x, %) y, finalmente, al procesamiento correcto de los distintos pasos de las operaciones más complejas. “En estos casos, por más que al alumno se le explica por ejemplo cómo realizar una división, aunque aparentemente captó y comprendió el procedimiento, cuando le toca trabajar solo se equivoca una y otra vez”.

El resultado final “son alumnos que sistemáticamente, cada año lectivo, obtienen aplazos en matemáticas, llegando incluso hasta febrero o marzo, con la consiguiente frustración para toda la familia”.

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Sus causas y solución

El licenciado Caballero Álvarez apunta que la discalculia, al igual que el resto de los trastornos de aprendizaje, se debe a “una inmadurez del área cerebral específica encargada de funcionar como una calculadora: en este caso particular el lóbulo parietal. A medida que el niño crece, las neuronas deben formar conexiones entre sí (conexiones sinápticas), y en estos casos existe una falta de maduración en tales conexiones”.

Se trata de una condición que es totalmente reversible con tratamiento, asegura el especialista. Dos aspectos muy importantes de saber de estos cuadros es que “afectan a niños con un nivel normal de inteligencia y no se deben a factores emocionales (falta de atención o abandono emocional del niño)”.

La solución es “un programa sistemático de ejercicios de estimulación de esa función o habilidad cognitiva y de las otras que eventualmente estén afectadas por la inmadurez: atención, percepción visoespacial (habilidad de pensar y percibir el mundo en imágenes), memoria, razonamiento lógico, entre otros”.

Con la estimulación psicopedagógica “gradualmente las conexiones se van formando y en un momento dado se normalizan en el nivel madurativo correspondiente. Llegado ese estado, el paciente estará totalmente rehabilitado y nunca más precisará apoyo, pero debe perseverarse el tiempo necesario”.

En cuanto a los plazos, depende de cada caso en particular, del grado de dificultad específica de cada paciente.

Cuando se toma interés y se hace la consulta oportuna es probable que se llegue a un final feliz: la reconciliación con los números y las operaciones matemáticas que hasta ese momento eran esquivos.