Se transmite a través de la picadura de la hembra del mosquito “Aedes aegypti”. El mosquito debe estar infectado por el virus. Es portador y transmite la enfermedad por medio de su saliva pasados los 8 o 12 días de haberse alimentado con sangre de una persona infectada. El hábito alimentario de este mosquito es diurno (pica de día) y habita en zonas urbanas. Es importante saber que esta enfermedad no se transmite de persona a persona.
En una mujer embarazada, dependiendo de la edad gestacional, si es un embarazo pequeño puede ocasionar abortos espontáneos. Si el embarazo oscila entre las 28 semanas, pero no supera las 38 semanas puede provocar contracciones y producir un parto prematuro, con todo lo que ello implica: recién nacido pequeño, que aún no puede alimentarse, susceptible a tener infecciones. Puede también provocar un sufrimiento fetal y ello conllevar a la muerte del feto en los casos más graves. Produce también un CIR o crecimiento intrauterino retardado o sea que el feto es más pequeño para su edad gestacional, con bajo peso y disminución de sus defensas al nacer. Si se trata de un dengue hemorrágico lo grave es que pueda producir hemorragia vaginal y perder así al feto.
Los síntomas
Los síntomas son los mismos para todos: dolores musculares, jaquecas fuertes, fiebre, dolor en las articulaciones y una erupción rosácea en la piel. Luego puede aparecer náuseas, vómitos y hemorragia si es un dengue hemorrágico. Cuando la fiebre es leve no suele tener mucha repercusión en la embarazada, pero cuando es alta, sí, debido a que el bebé puede tener hipertermia y así producirse la muerte fetal. Si una embarazada está con fiebre y dengue es mejor tenerla hospitalizada, para controlarle con cardiotocografía y ecografías.
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La precaución es eliminar los criaderos, el aseo de la casa, usar repelentes aptos para las embarazadas, y no viajar a zonas endémicas.
(*) Especialista en ginecología y obstetricia.
maybellstewart@gmail.com
