Somos tambores
Invitamos a los chicos a producir sonidos con el cuerpo o con objetos seguros del aula (palmas, pisadas, mesas, botellas con arroz). Cada uno elige cómo sonar: fuerte, suave, rápido o lento.
La consigna es respetar el propio ritmo.
Mano arriba, cuerpo quieto
Acordamos una señal visual de la maestra para pasar al silencio. Al verla, todos detenemos el movimiento y el sonido.
El silencio forma parte del juego y dura solo unos segundos.
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Escuchamos el entorno
Durante la pausa, proponemos escuchar con atención lo que sucede alrededor: sonidos del aula, del patio o de la calle.
Luego, compartimos en voz baja qué escuchó cada uno.
Ruido grande, pausa corta
Alternamos momentos de sonido intenso con pausas breves.
Repetimos varias veces la secuencia para que los chicos anticipemos cuándo frenar y cuándo volver a jugar.
Cada sonido es distinto
Invitamos a reconocer que no todo suena igual: hay palmas suaves, pasos fuertes, voces finitas o graves.
Conversamos brevemente sobre esas diferencias.
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Paramos y volvemos a empezar
Reforzamos la idea de que al detenerse no termina el juego.
Después del silencio, la actividad se retoma. El foco está en aprender a regular el cuerpo y la energía.
