Primero, cada uno recoge las hojas del suelo sin arrancarlas de los árboles. Luego empezamos el trabajo de «detectives del otoño»: ponerlas en montones para clasificarlas.
Los colores del otoño
Miramos los colores (amarillas, naranjas, rojas, marrones), comparamos sus tamaños (grandes como una mano, pequeñas como una moneda) y también observamos las formas (puntiagudas, redondas, con muchos «dientitos»).
Ordenar ayuda a practicar la organización y a hacernos responsables de guardar el material y compartirlo.
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Después llega el momento de «Nuestros colores favoritos del otoño». Cada niño elige su hoja preferida y cuenta qué le hace sentir: el amarillo como el sol, el naranja como energía, el marrón como calma.
Con lápices y pinturas, inventamos dibujos y nuevas combinaciones, usando nuestra imaginación.
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Para cerrar, nace «El árbol del grupo»: un gran mural en la pared. Uno por uno, pegamos nuestra hoja en las ramas dibujadas. El resultado será un árbol lleno de aportes distintos, donde se ve algo importante: cuando todos colaboramos, el otoño se vuelve una obra hecha entre amigos.
