Por eso, los juegos cooperativos —donde ganamos juntos— se han vuelto aliados para los niños y las niñas. Y si además sumamos adivinanzas, acertijos y trabalenguas, la diversión también ayuda a hablar, pensar y recordar.
Jugar sin competir: todos ganamos
En un juego cooperativo no hay «perdedores». Nos ayudamos para lograr una meta.
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Por ejemplo: armamos una torre entre todos, llevamos pelotas a una caja sin que se caigan, o hacemos un «tren» y llegamos juntos a la estación. Estos juegos enseñan a compartir, a pedir ayuda con calma y a celebrar el esfuerzo de cada uno.
Adivinanzas y acertijos: pensar con palabras
Las adivinanzas son preguntas en forma de rima. Escuchamos, pensamos y respondemos.
Son cortitas y divertidas, perfectas para jugar en ronda, como estos ejemplos:
-«Blanca por dentro, verde por fuera. Si quieres que te lo diga, espera». (La pera)
-«Tiene dientes y no muerde, abre y cierra y no se pierde». (El cierre de las ropas)
Los acertijos piden pensar un poquito más. Probamos con algunas ideas y no pasa nada si nos equivocamos: volvemos a intentar.
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Trabalenguas: lengua lista, risa segura
Los trabalenguas son frases difíciles de decir rápido. Ayudan a hablar más claro. Decimos despacio, luego un poco más rápido, y nos reímos si nos sale enredado.
Ejemplos:
-«Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal».
-«Pablito clavó un clavito».
Un juego que cabe en cualquier lugar
No hace falta mucho: solo tiempo, ganas y un grupo.
Nos sentamos en círculo, elegimos una adivinanza, luego un trabalenguas y terminamos con un juego cooperativo. Así, la voz, la mente y el corazón juegan juntos.
