La infancia abarca desde el nacimiento hasta aproximadamente los ocho años de edad y comprende diversas etapas de desarrollo. El desarrollo humano comienza antes del nacimiento, en el período intrauterino o prenatal, que se extiende desde la concepción hasta el nacimiento. En esta fase se producen cambios esenciales para la vida: tras la fecundación se forma el cigoto, que se divide y se implanta en el útero, dando origen al embrión y la placenta. Posteriormente, se forman las estructuras básicas del cuerpo y los principales órganos y sistemas. Esta etapa es especialmente sensible a factores externos como la nutrición, las enfermedades y la exposición a sustancias nocivas, que pueden influir de manera duradera en el bienestar físico y mental del niño.
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Luego del nacimiento comienza el período neonatal, que comprende las primeras cuatro semanas de vida. Es una etapa de adaptación al medio extrauterino, en la que el recién nacido realiza importantes ajustes fisiológicos. Los pulmones inician su funcionamiento independiente, la circulación sanguínea se reorganiza y el organismo comienza a regular la temperatura corporal. El sistema digestivo se activa con la alimentación y el sistema inmunológico recibe una protección inicial a través de los anticuerpos maternos. Aunque el sistema nervioso aún es inmaduro, el neonato responde a estímulos sensoriales y presenta reflejos esenciales para la supervivencia. El vínculo afectivo con los cuidadores resulta clave para el desarrollo emocional.
El período posneonatal o de lactancia se extiende desde el primer mes hasta los dos años de vida y se caracteriza por un crecimiento acelerado y la adquisición de múltiples habilidades. El niño comienza a explorar activamente su entorno, a reconocer personas y objetos y a comprender relaciones simples de causa y efecto. El lenguaje evoluciona desde el balbuceo hasta la emisión de palabras, mientras que el desarrollo social y emocional se fortalece a través del apego y la expresión de emociones.
Entre los dos y ocho años se producen avances significativos en la autonomía, la comunicación y la socialización. En la etapa preescolar se desarrollan el lenguaje, el juego simbólico y las habilidades motoras, mientras que en la edad escolar temprana, de los cinco a los ocho años, se inicia la educación formal. En este período se amplían las capacidades cognitivas, con el aprendizaje de la lectura, la escritura y las nociones matemáticas básicas, junto con un importante desarrollo socioemocional.
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Fuentes: - EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
