La llamada globalización del aprendizaje describe la forma natural en que el niño percibe la realidad: primero como un todo y luego en partes. Este conocimiento inicial es global, incompleto y progresivamente se vuelve más analítico y organizado.
Lea más: Enseñar con sentido: principios metodológicos para un aula paraguaya activa y significativa
En el contexto escolar paraguayo, la educación inicial debe sostener un enfoque globalizador continuo, ajustado al desarrollo evolutivo del niño, permitiéndole comprender su entorno cercano (la familia, la escuela y la comunidad) de forma integrada.
El enfoque globalizador, desarrollado por Ovide Decroly, se organiza en tres etapas:
- Observación. El aprendizaje parte de situaciones reales y cercanas al niño. A partir de experiencias comunes del aula o del entorno, se construyen temas de interés colectivo que motivan la participación.
- Asociación. Las distintas áreas del conocimiento se relacionan entre sí. El niño vincula lo observado con saberes previos, ampliando su comprensión del mundo.
- Expresión. El estudiante comunica lo aprendido mediante el lenguaje, el arte o la acción. No se prioriza la cantidad de contenidos, sino la capacidad de expresar lo comprendido según su nivel.
El principio de actividad sostiene que el niño aprende haciendo. Ya no se lo considera un receptor pasivo, sino un sujeto activo que aprende mediante la exploración. En el aula, el docente orienta y propone experiencias, mientras el estudiante construye su aprendizaje a partir de la acción, el interés y la motivación.
El principio vivencial, inspirado en Célestin Freinet, afirma que el aprendizaje surge de las experiencias reales. El niño aprende mejor cuando participa en situaciones significativas, dialoga, comparte y reflexiona sobre lo vivido dentro de su entorno cotidiano.
El principio lúdico reconoce el juego como herramienta central del aprendizaje. Lejos de ser un simple entretenimiento, el juego permite desarrollar la creatividad, la atención, la memoria y las habilidades sociales. En la escuela, especialmente en contextos paraguayos donde el aprendizaje debe ser cercano y significativo, el juego se integra como estrategia didáctica permanente.
El principio de creatividad impulsa al niño a producir ideas nuevas, explorar soluciones distintas y expresar su pensamiento sin rigidez.
El principio de individualización reconoce que cada niño aprende de manera distinta. La enseñanza debe ser flexible y responder a la diversidad real de los estudiantes.
El principio de socialización y trabajo en equipo entiende la escuela como un espacio de convivencia. El aprendizaje se fortalece en interacción con otros, promoviendo el respeto, la comunicación y el trabajo colaborativo.
Finalmente, el principio de personalización y normalización busca el desarrollo integral del estudiante como persona autónoma, responsable y socialmente adaptada, favoreciendo hábitos de convivencia y conducta responsable dentro y fuera del aula.
Fuentes: - EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.
- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.
