El aula también enseña: el entorno como tercer maestro

El aula también enseña: el entorno como tercer maestro
El aula también enseña: el entorno como tercer maestroArchivo, ABC Color

Cuando pensamos en educación, solemos imaginar al docente, a los estudiantes, los contenidos y las actividades. Sin embargo, hay otro protagonista: el entorno. Los espacios donde los niños aprenden influyen en su bienestar, sus relaciones y su manera de descubrir, crear y participar.

El ambiente físico es fundamental. Las aulas, las bibliotecas, los laboratorios y las áreas de juego deben ser seguros, limpios, accesibles y agradables. La inclusión debe permitir que todos puedan participar y aprender con autonomía.

Pero el entorno no se limita a las paredes. El clima escolar, las relaciones y la cultura institucional también importan. Un ambiente basado en respeto, colaboración e inclusión favorece el bienestar emocional y el desempeño académico.

Las normas, las formas de evaluar y las decisiones pedagógicas construyen ambiente. Las políticas inclusivas y las prácticas equitativas ayudan a crear espacios donde cada estudiante pueda desarrollarse.

Crear para aprender: la mirada Reggio Emilia

La propuesta Reggio Emilia, nacida en Italia, considera el entorno como un «tercer maestro». El espacio no es un simple escenario, sino un elemento activo que comunica, provoca preguntas y despierta el deseo de investigar.

Los ambientes buscan ser estéticos, acogedores, estimulantes. La luz natural, los colores suaves y la disposición accesible de muebles y materiales invitan a participar. Se valoran materiales naturales y reciclados, como madera, telas, piedras o conchas, porque ofrecen posibilidades para explorar, combinar y crear.

La flexibilidad es clave. Los ambientes cambian según los intereses de los niños. Mover muebles, reorganizar materiales o transformar un rincón permite que el espacio acompañe el aprendizaje.

Naturaleza que inspira

La conexión con la naturaleza ocupa un lugar central. Plantas, agua, madera, piedras y otros elementos naturales enriquecen las experiencias sensoriales y permiten observar, comparar y experimentar. Jardines, patios y espacios exteriores hacen que el aprendizaje trascienda el aula.

Esta relación favorece una conciencia ecológica desde edades tempranas. Al conocer y disfrutar la naturaleza, los estudiantes comprenden la importancia de cuidarla.

El maestro: diseñador, guía e investigador

En Reggio Emilia, el docente no es únicamente quien transmite conocimientos. Es un coaprendiz que descubre junto a los niños y un facilitador que observa sus intereses para proponer experiencias que despierten curiosidad y autonomía.

También es creador de ambientes: selecciona materiales, organiza espacios y realiza cambios para mantener nuevos desafíos. A la vez, documenta los procesos mediante notas, fotografías y registros que ayudan a comprender cómo aprenden los niños y a planificar futuras propuestas.

El maestro trabaja con las familias y la comunidad y se convierte en investigador de su propia práctica: observa, reflexiona, revisa y busca nuevas maneras de mejorar.

Educar también es diseñar posibilidades

Pensar el entorno desde esta perspectiva invita a mirar la escuela con otros ojos. Cada rincón, material, relación y decisión puede favorecer o limitar el aprendizaje. Un espacio cuidado, flexible, inclusivo y conectado con la naturaleza no reemplaza al docente, pero potencia su tarea.

Cuando el ambiente invita a explorar, crear y expresarse, los niños se convierten en protagonistas. Por eso, además de preguntarnos qué enseñar, conviene preguntar: ¿qué está diciendo nuestro espacio? Y, sobre todo, ¿qué posibilidades de aprender ofrece?

Fuentes:

- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.

- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.