El machismo nuestro de cada día

Sutil, imperceptible, débil, disimulado. Así es el machismo cotidiano al que las mujeres se enfrentan rutinariamente. La sociedad aún no erradicó de su ordinario expresivo algunas frases de evidente prejuicio hacia las mujeres basados únicamente en su género.

Sutil, imperceptible, débil, disimulado. Así es el machismo cotidiano al que las mujeres se enfrentan rutinariamente.
Sutil, imperceptible, débil, disimulado. Así es el machismo cotidiano al que las mujeres se enfrentan rutinariamente.ABC Color

“Se lo buscó por andar vestida así”. “Fue un crimen pasional”. “Es celoso porque ella le da motivos”. El término micromachismo o machismo cotidiano lo acuñó el psicoterapeuta español Luis Bonino Méndez para nombrar las prácticas que otros profesionales definen como violencia blanda. Esto incluye ideas, gestos, actitudes y comportamientos cotidianos que están internalizados y naturalizados, y condicionan la vida rutinaria de las mujeres. En palabras sencillas, el micromachismo es la muestra de violencia en la vida cotidiana, tan sutil y naturalizada que pasa desapercibida. Esta refleja y perpetúa las actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres.

El “machismo” nuestro de cada día.

Según Bonino Méndez, se puede clasificar en dos tipos: los utilitarios, que afectan principalmente al ámbito doméstico, en todo lo referido a los cuidados a la familia y naturalizando este rol. También están los micromachismos encubiertos, que son sutiles y pretenden imponer verdades masculinas para doblegar a la mujer.

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Dentro de este tipo de violencia se debe incluir las que se dan en el ámbito laboral en el que las mujeres son constantemente discriminadas. Los hombres acceden a mejores sueldos, a cargos de poder y son considerados menos emocionales, capaces de afrontar con mejor visión ciertas situaciones. Estas ideas son casi reglas a seguir en algunos entornos laborales.

Gabriela Schvartzman Muñoz, politóloga feminista de la Red Agroecológica, mencionó algunos aspectos a tener en cuenta sobre el machismo cotidiano. Explicó que el sistema heteropatriarcal es el que busca jerarquizar los géneros, siendo lo masculino lo dominante y los femenino lo subordinado.

A consecuencia de ello, el hombre asume que tiene derecho sobre el cuerpo de la mujer, la atribución de expropiar el valor del trabajo femenino y mantener sus privilegios.

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El “machismo” nuestro de cada día.

“Los mujeres en el patriarcado somos socializadas de manera diferente, es decir, que desde que nacemos se nos asignan diversos roles, diferentes formas de ser y diferentes privilegios”, comentó.

Un ejemplo de las diferencias en la socialización de hombres y mujeres es que cuando un varón tiene varias parejas sentimentales o sexuales es visto por la sociedad como un triunfador mientras que a las mujeres se las considera “fáciles” y se las denigra, resaltó.

Según Schvartzman, esto es lo que se conoce como el “continuum de la violencia ”, que es la forma en la que se va manifestando de diferentes maneras la violencia hacia las mujeres, desde que nacen hasta que son adultas.

El machismo cotidiano es parte de esta cadena de violencia que las mujeres viven, donde son desvalorizadas, juzgadas por sus cuerpos, alienadas a siempre ser agradables y estar a disposición de los hombres. “En este sistema todo lo que es femenino es devaluado y ocupa una posición inferior”, describió.

En ciertos contextos, el machismo cotidiano es denominado “micromachismo” pero este término no guarda relación con el significado real del término ya que al calificarlo de “micro” tiende a entenderse como que es un machismo minimizado o de menor relevancia, cuando todo es parte del “gran machismo” y elementos que son parte de la violencia hacia las mujeres.

Existen situaciones en las que las expresiones machistas pasan inadvertidas porque están tan naturalizadas que pierden notoriedad. Esto se ve reflejado en el trato que reciben y en las “anécdotas” que día a día van sumando.

“No adelgaces tanto, a los hombres les gusta la carne” - Una evaluación de “peso”

Seis meses atrás Natalia (30) se enteró, en una consulta médica, de que tenía los trigliceridos altos. En pos de mejorar su salud se sometió a una readecuación alimentaria indicada por una nutricionista. Perdió 10 kilos.

Sus nuevos hábitos alimenticios contribuyeron a que su salud y estado de ánimo mejoraran. Todo este contexto poco importó a uno de sus compañeros de trabajo que con total naturalidad le dijo: “No adelgaces tanto, a los hombres les gusta la carne”, aludiendo a que si perdía más peso quedaría sin atributos para conseguir pretendientes.

“No seas nena” - Una charla de padre a hijo

Rodrigo (30) es papá de un nene de 10 años y una nena de 2. En sus intentos de dar una educación en valores y de respeto a los demás, tuvo una conversación con su hijo para explicarle que la frase “no seas nena” es inapropiada.

“No seas nena”, “no llores como nena” entre otras expresiones se suelen utilizar como sinónimos de debilidad y cobardía. Rodrigo lo hacía y esta frase quedó marcada en la memoria de su hijo. Tuvo que dedicar tiempo y esmero para hacerle entender lo inadecuado de la expresión. El desafío actualmente es erradicarla totalmente.

¿Para quién tan linda? - Porque no existe el amor propio

“En ninguna ocasión puede pasar desapercibido que una mujer se peine, maquille o arregle de forma diferente. Lo peor del caso es que la sociedad asume que estas acciones siempre van relacionadas con la intención de lucir especial para alguien, por lo general un hombre”, comenta Marcela.

¡Ya no tenés edad para eso! - El edadismo y las minifaldas

Para su 40° cumpleaños Lucía decidió comprarse una minifalda negra. Su fiesta se haría en un bar céntrico y quería usar algo diferente, porque a trabajar siempre va en pantalones.

Cuando sus amigas pasaron a buscarla una de ellas le cuestionó:¿vas a ir con esa mini? ¡Ya no tenés edad para eso!

Las valoraciones machistas también pueden ser una constante entre las mujeres, puesto que se trata de una construcción social incorporada por ambos géneros.

El machismo nuestro de cada día.

¡El fútbol es cosa de hombres! - De cómo las mujeres “no entienden” el 4-4-2 (o la alineación de preferencia)

Sofía trabaja para un medio de comunicación en la sección deportiva. Sus jefes nunca la dejaron escribir sobre el popular balompié. “El fútbol es el más simple de los deportes pero nunca faltó el jefe o compañero que me tomaba como alguien que solo podía escribir sobre cualquier otro deporte”, contó.

¿Para cuándo los confites? - Casarse como propósito único y soberano

Las reuniones familiares, encuentros con amigos, salidas con los compañeros de trabajo o cualquier evento social al que una mujer acude en pareja se convierte en un coro de reiterados intervalos de la misma estrofa: ¿para cuándo los confites? (variación coloquial: ¿para cuando la sopa?). La pregunta suena una y otra vez como una sinfonía de reproches que exige que haya boda.

¡Qué bueno que tu esposo ayude en la casa! - Ser ama de casa es inherente a ser mujer

Las familias tienden a asumir que las tareas de la casa son responsabilidad de la mujer. Cocinar, limpiar, lavar, ordenar o hacer las compras del supermercado siempre recaen sobre la mamá, esposa o novia. Cuando el hombre realiza alguna de estas acciones se celebra el hecho de que “ayuda” en casa, deslindándolo de la responsabilidad.

¡Tenés que tener ya hijos, el tiempo no espera! - La maternidad imperativa

Si bien es un hecho que las mujeres tienen biológicamente un tiempo limitado de fertilidad , las indagaciones sobre cuándo quedará en cinta son constantes. Estas preguntas nunca se hacen a los hombres. “Tengo 35 y el ginecólogo me dijo que tengo que concebir ya o voy a tener un embarazo geriátrico”, contó Susana.

“Ella es Sara, la esposa de Ángel” - La mujer “es” por la pareja que tiene

Una costumbre muy arraigada en nuestra cultura es presentar a una mujer mencionando como referencia el nombre de su pareja con la posición, cargo o profesión del mismo. Esta práctica pone a la mujer en una situación en la que carece de identidad fuera de la pareja.

Otros ejemplos de micromachismos naturalizados en nuestra cultura son los cambiadores para bebés ubicados solo en los baños de damas, que los mozos le entreguen la cuenta directamente al hombre, que sea mal visto que una o dos chicas salgan solas de noche o que viajen sin la compañía de un varón, que resulte incómodo contratar a una mujer para hacer trabajos que usualmente son de “hombres” como carpintería, herrería, electricidad, albañilería y otros.

Víctimas del mansplaining

Los anglosajones acuñaron el término “mansplaining” conformado por las palabras man (hombre) y explaining (explicar) que define a la acción de un hombre que explica algo a una mujer de forma condescendiente. En español es conocido como machoexplicación.

A esta definición se puede incorporar las situaciones en las que los hombres asumen que las mujeres no están familiarizadas con ciertas actividades que históricamente fueron destinadas a los hombres como reparar una máquina, operar vehículos de gran porte, etc.

Un ejemplo: duró 12 minutos la exposición de Jorge para explicarle a Elena que se malentiende que la menstruación llega cada mes porque en realidad el ciclo dura 28 días, más o menos, dependiendo del organismo de cada mujer. “Lo único que le faltó fue decirme como usar un tampón”, contó.

El “machismo” nuestro de cada día.

Tampoco podemos olvidar la existencia de lo conocido como gaslighting, que consiste en hacerle creer a una mujer - de forma muy sutil - que está loca. La expresión hace referencia a la obra teatral titulada Gaslight o Luz que agoniza, escrita por Patrick Hamilton, que trata sobre una pareja de recién casados en la que el esposo intenta convencer a la mujer de su locura.

Esta forma de machismo está tan internalizada en nuestra sociedad, que es normal que cuando una mujer expresa sus opiniones o sentimientos de forma efusiva o no reacciona ante una situación como se espera dentro del estereotipo, tanto mujeres como hombres la cataloguen de “loca”.

El machismo en la pareja

El “machismo” nuestro de cada día.

El psiquiatra y psicoterapeuta Luis Bonino Méndez, en su artículo titulado “Micromachismos: La violencia invisible en la pareja“, expresa que los micromachismos se manifiestan como formas de presión de baja intensidad más o menos sutil, con las que los varones intentan -en todos o en algunos ámbitos de la relación - imponer y mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer. Con esto, a criterio del especialistas, el hombre busca reafirmar o recuperar el dominio ante la mujer que se “rebela” de “su” lugar en el vínculo. Los casos se refuerzan cuando el hombre se resiste al aumento de poder personal o interpersonal de la mujer con la que se relaciona, o cuando busca aprovecharse del “trabajo cuidador” de la mujer.

Citamos algunas situaciones en las que el machismo cotidiano se da en la vida de pareja:

Aunque ambos trabajan, el hombre expresa que “está muy cansado” para hacer las tareas domésticas.

Espera reconocimiento por alguna tarea que ha hecho.

Insinúa que su tiempo y atención valen más que el de la mujer.

Asume que siempre la mujer estará 100% disponible para él.

Deja en manos de la mujer la responsabilidad de usar protección en las relaciones sexuales.

Cuestiona que la mujer gaste su dinero fuera de las necesidades de la casa.

No le gusta que salga con sus amigas.

No la deja tener amigos hombres.

Se refiere a su relación de pareja aludiendo a una atadura o una obligación.

El feminicidio entendido por machistas

El “machismo” nuestro de cada día.

Uno de las formas más notorias y violentas del machismo cotidiano toman protagonismo cuando se dan a conocer feminicidios. Son infaltables los comentarios acerca de que la víctima “se buscó su propia muerte” debido a que se relacionó con el hombre equivocado.

A continuación algunos comentarios expresados en las redes sociales y en los medios de comunicación sobre un reciente caso de feminicidio, que se mediatizó debido a la gran violencia que marcaron los hechos.

"Hay que ser crudos y preguntarse si los hombres matan a las mujeres o las mujeres se hacen matar"

“Las mujeres muchas veces por comodidad son sumisas”

“Para eso andaba con un hombre mayor”

“Le pasa por ser la concubina”

“Tan chiquilina y ya viviendo con el tipo”

“Los celos son propios de una relación de pareja”

¿Qué hacía una hermosa jovencita con un tarado cuarentón?

A entender de las activistas feministas, las publicaciones sobre feminicidios presentan al agresor como un monstruo malvado pero a la vez poderoso, que finalmente es una imagen atractiva desde el machismo, ya que con esto reafirma su masculinidad y potencia el arquetipo cazador que deviene del guerrero.

Es decir, el planteamiento con el que se mencionan los feminicidios a través de los medios, contribuyen a que el autor se siente protagonista de la historia, ya que está en una posición en la que solo ve cosas positivas en la violencia, ejerciendo un liderazgo negativo que otros hombres en situaciones similares lo ven como un espectáculo.

La recomendación es hablar del crimen -ya que es necesaria para la visualización- pero sin otorgarle protagonismo al agresor, sin juzgar o criticar las circunstancias en las que se dio el feminicidio y - obviamente- sin culpar a la víctima.

¿Cómo dejar de reproducir el machismo cotidiano?

Gabriela Schvartzman Muñoz indicó que para romper con este ciclo de machismo y evitar que se naturalice es importante que se establezcan formas de crianza compartida por los padres y una crianza colectiva, donde tanto nenes como nenas se sientan en igualdad, derribando las creencias de que existen juguetes, indumentaria o acciones propias de niños o niñas. “Desde el principio se debe desactivar el machismo en esas cosas que parecen pequeñas pero son parte de la violencia que luego traspola a la vida cotidiana”, mencionó.

Romper con los estereotipos de género es fundamental en la educación de los niños.

Igualmente resaltó que es imperante hablar con los adolescentes para que desarrollen un pensamiento reflexivo y crítico para romper con los estereotipos de género.

Con relación a las enseñanzas que se debería dar a las chicas, enfatizó que es primordial empoderarlas y motivarlas a realizar sus propias metas más allá de las estereotipadas por la sociedad, que muchas veces las encaminan a buscar el amor romántico o la realización a través de una relación de pareja.

Para los hombres que ya han sido formados por el sistema patriarcal, queda que se interpelen y que por propia decisión empiecen a cuestionar sus privilegios y determinen cómo y dónde reproducen el machismo, a fin de que tomen conciencia.

Las mujeres también deben buscar la forma de reconstruir sus conceptos y valores para comprender las situaciones en las que se ven afectadas por el micromachismo. Además, deben buscar la solidaridad de sus congéneres para afrontar los constantes hechos de discriminación en los contextos sociales.

El “machismo” nuestro de cada día.
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