Una “generala” y corrupción en las Fuerzas Armadas

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Detrás del planillerismo en que se vio envuelta Lucía Duarte de Garcete, esposa del excomandante de las Fuerzas Militares Luis Gonzaga Garcete, conocida como la “generala”, salieron a la luz una serie de hechos de corrupción que desmoralizaron las Fuerzas Armadas de la Nación.

La “generala” manejaba la fundación privada Nuestra Señora de la Asunción (Funsa), dentro de las Fuerzas Militares, y alardeaba de las ayudas sociales que realizaba utilizando infraestructura de las Fuerzas Armadas, es decir, dinero público. Tenía a disposición tenientes y coroneles que le hacían de secretarios, chofer, telefonistas, locutores y se privilegiaban con jugosos sobre sueldos, mientras que los militares de las fronteras prestan servicios en condiciones miserables.

Protegido por el presidente Horacio Cartes, Gonzaga Garcete se retiró sin rendir cuentas a la justicia. Despilfarró G. 30.000 millones, dinero del Fonacide. Tenía que construir armerías y polvorines, pero no hizo ninguna de estas obras y usó esos fondos para arreglar cuestiones privadas de los jefes, compró alfombras, etc. Saltaron sobrefacturaciones, como las jaboneras a G. 246.000, lavarropas a G. 100 millones cada una, juegos de baño a G. 19 millones. Compra de bóxer, perfumes, labiales y hasta prendas íntimas con viáticos de la institución, así como el despliegue secreto de la inteligencia militar para espiar misa de Caacupé, marchas estudiantiles fueron algunos hechos por los que Gonzaga Garcete fue calificado como el pero comandante de las Fuerzas Militares.