Los feminicidios y la psicología del agresor

El 2017 fue un año de lucha contra el feminicidio por parte de organizaciones sociales; sin embargo, se registró una alarmante cifra de 53 asesinatos con esta carátula. El trasfondo no solo señala a personas aisladas sino a una estructura social cómplice.

Los crímenes a mujeres se configuran bajo el término de feminicidio cuando estos se realizan a causa de la condición sexual de la víctima, es decir, por ser mujer. El lema “Ni una menos” ha tomado fuerza y notoriedad en los últimos tiempos como un gran intento de concienciar a hombres y mujeres para dar fin a la violencia de género y, por ende, de los asesinatos que se deben a esta causa.

En ese sentido, se han realizado múltiples convocatorias alrededor del país en una señal de solidaridad hacia las personas que sufren de violencia doméstica o otros tipos como las laborales. 

Muchas veces el miedo o la falta de educación o conciencia sobre lo que está bien o mal permite otros tipos de violencia, que se registran también en gran cantidad. Este año, según Observa Violencia, fueron reportados 59 maltratos, 27 intentos de asesinato, 7 casos de intentos de violación, 59 de maltrato, 7 raptos, 112 violaciones, 14 denuncias por acoso sexual, 7 hechos de abandono y 2 de explotación sexual comercial.

Esto sin tener en cuenta los cientos de casos que no son denunciados en ninguna instancia por miedo o muchos otros factores. En cuanto a los rangos de edad de las víctimas, el mayor porcentaje de maltratos y abusos se encuentra entre los 0 a 10 años de edad.

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Entre los feminicidios, la mayoría de los victimarios son las parejas o ex parejas de las víctimas, que no quieren aceptar el término de una relación. También hubo hechos en que la muerte de la mujer se produjo luego de una violación.

Este miércoles se cumplió un año de la promulgación de la Ley de Protección Integral a las Mujeres contra toda forma de violencia en nuestro país y en lo que va de este año –hasta el 25 de diciembre– la organización Observa Violencia del Centro de Documentación y Estudios (CDE) reporta 53 casos de feminicidios en el territorio nacional, además de seis paraguayas en el exterior.

 

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Sin embargo, hay un sector de la sociedad que no comprende esta lucha y expresa que el pedido de respeto debe ser para “todos”. El punto reside en que la violencia a las mujeres es producto de una construcción social que erige al hombre por encima de ella como el sexo fuerte, algo así como la discriminación racial o religiosa, cada una con su gran cuota de violencia y extremas consecuencias.

Lo grave del caso es que hay personas que no distinguen el machismo como una conducta negativa, debido a que está muy inmerso en los paraguayos, entonces para muchos ese hábito de menospreciar a la mujer, de señalar que no tiene aptitud para manejar un vehículo, gobernar o liderar grandes emprendimientos es algo “normal”.

En esa misma línea se encuentra ese pensamiento de que las mujeres se visten en consecuencia al deseo de los hombres, que si lucen sexy es porque “ellas luego están buscando”, que las mujeres son las que provocan a los hombres y siempre las causantes de la ruptura de un matrimonio o relación, como si el hombre no tuviera educación, límites, moral y capacidad para cumplir con sus compromisos.

De esta manera, el inconveniente se da cuando tanto hombres y mujeres crecen y se desarrollan en un ambiente de fuerte machismo y no logran detectarlo como un problema. En ese sentido, los especialistas señalan con frecuencia que el primer paso para superar un inconveniente es detectarlo, reconocerlo y luego acceder a buscar soluciones.

No se trata de un odio entre sexos, porque ambos se complementan y está claro que existen características biológicas diferentes; el objetivo de las organizaciones feministas -o al menos de la mayoría- es buscar el equilibrio, la igualdad de derechos, la visión de respeto hacia las mujeres como a los hombres y el fin del abuso que existe por parte de la estructura machista.

Lamentablemente existen casos de denuncias que no derivan acción alguna por parte de las autoridades en tiempo y forma, como el reciente caso de una mujer que fue acuchillada por su esposo en un intento de asesinato. Emilia Samaniego -luego de tal hecho- teme por su vida, teniendo en cuenta que su marido, Justo Ramón Figueredo Ovelar, fue beneficiado con prisión domiciliaria. Ella ya lo había denunciado en el 2012 por violencia doméstica.

Según la psicóloga Susana Espínola, una persona agresiva y violenta convive en una zona como de confort con alguien que soporta su desprecio y abuso, ya sea porque no tiene más remedio, por falta de independencia económica o temores porque de lo contrario saldría corriendo, olvidando la pesadilla que deja atrás.

Señala que el origen de esta agresividad puede ser biológico o social, factores que determinan el comportamiento y también las que sufren un trastorno psicológico como trastorno de personalidad antisocial, ideas paranoides –que siempre piensan que los otros van a hacerle daño–, trastornos de personalidad tanto el límite, como el narcisista, que son muy dañinos y dificultan la convivencia.

“Muchas personas con trastorno de personalidad disfrutan con el sufrimiento ajeno, lo cual las estimula a cruzar los límites. Los impulsivos, los que no saben esperar, planificar, lo quieren todo, y todo es ‘ya’, no importando el grandísimo coste emocional que tenga la otra parte”, explica.

También aclara que aquellos que tienen pensamientos paranoides, anticipan que otros tienen siempre intención de hacerles daño, esperan del que está al lado acciones negativas; son muy suspicaces.

“Muchas de estas personas están clasificadas en el DSM, Manual de los Trastornos Mentales, y muestran agresividad planificada o preparatoria, se preparan y meditan para hacer daño, osea que el daño es intencionado, no fruto de un acaloramiento, responde a una percepción de amenaza y tiene otras motivaciones detrás: conquistar poder, retener, poseer lo que desea y no responde a sus expectativas; aquí entran los dictadores, líderes religiosos, maltratadores, abusadores sexuales, dogmaticos y crueles. El hacer daño les excita y les atrae”, detalla.

También señala que hay personas que aprendieron el comportamiento violento para obtener poder: son irritables, explotan fácilmente, rumian y en lugar de trivializar lo que acontece alrededor, convierten el momento en algo catastrófico. “Les cuesta mucho controlarse; aunque saben que su comportamiento no es el adecuado, es muy difícil que de sus labios salga la palabra perdón”, puntualiza.

Este tipo de individuo -cuenta la especialista- responde según sus emociones y las que pueden llevarles a dispararse son ira, agresividad, la ansiedad, frustración, celos o envidia, todo lo que sea mal sentimiento vive en ellos. “Pero nos queda un recurso: educar para no ser violentos”, agrega.

Continúa relatando que el violento autoritario tiene mucho refuerzo con su forma de comportarse, ya que enseguida obtiene obediencia, pero olvida que el miedo que ocasiona es tremendo y seguramente para toda la vida.

La psicología de los seres humanos es compleja y si bien en cada asesinato el victimario ofrece un argumento del cometido, el caso más llamativo en los últimos tiempos en nuestro país fue el denominado crimen por placer, evidenciado a través de mensajes del WhatsApp.

El crudo chat filtrado recientemente reveló que la pareja conformada por Gissella Milea Otto e Isaías Torres mataron a Agustín Emmanuel Bogado –el 8 de febrero de 2014– por el goce que les producía el sufrimiento de la víctima. Luego, ambos fueron condenados a 40 años de prisión.

La psicóloga Susana señala que estas personas sufren del trastorno antisocial de la personalidad no sienten culpa y lo padecen a menudo los abusadores y asesinos múltiples.

"Los antisociales carecen de empatía y no tienen sentimiento de culpa y remordimiento cuando infringen dolor. Otros tienen rasgos sádicos, fríos, calculadores, insensibles, abusan del otro y no por ello se sienten mal", enfatiza.

Según el médico forense José Vera, psiquiatra forense del Ministerio Público, saben que lo que llevan a cabo está mal, pero eso no los detiene; además hasta el momento no existe un tratamiento para este trastorno.

El número 137 está habilitada bajo la denominación S.O.S. Mujer para estos casos, la llamada a este número se puede realizar las 24 horas de lunes a domingo desde cualquier teléfono, ya sea línea baja o celular.

Además el comandante de la Policía Nacional recordó este miércoles, 27 de diciembre, que las mujeres deben realizar su denuncia en la comisaría más cercana, cuya obligación es labrar acta y derivar el caso a la Fiscalía. De lo contrario “también se encuentra el 911, donde las llamadas se quedan registradas y pueden ser auditadas en caso de que no se tome parte”, puntualizó.

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