El pasado fin de semana, una fiesta se convirtió en tragedia en Brasil, cuando el incendio de una discoteca en la ciudad de Santa María acabó con las vidas de unas 235 personas, entre ellas un estudiante de nacionalidad paraguaya.
En Paraguay enlutó a una familia, en Argentina trajo recuerdos dolorosos de un similar incidente ocurrido en 2004, en el sonado caso de la discoteca República de Cromañón, un siniestro que costó la vida de casi 200 personas, y en el resto del mundo causó conmoción.
Lastimosamente, el incendio de la discoteca Kiss es sólo el más reciente capítulo en una larga y muy costosa historia de lamentables accidentes combinados con negligencia a la hora de tomar precauciones e incontables otros factores que transformaron clubes nocturnos y discotecas en infiernos. Lo que sigue es un recuento de los incendios de esta clase más mortales jamás ocurridos.
El segundo incendio más costoso en cuanto a vidas en la historia de los Estados Unidos fue el ocurrido en un club nocturno, todavía el más letal de la Historia. Se trata del ocurrido en el Cocoanut Grove, en 1942.
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El Cocoanut Grove era uno de los más importantes clubes nocturnos de Boston (estado de Massachussets) durante la década de 1930 y principios de la siguiente, durante la era de la Prohibición en el país norteamericano. Con una ambientación “tropical” -que incluía versiones artificiales de palmeras, bambúes y pesadas cortinas- y un techo retráctil que podía retirarse para fiestas al aire libre en verano, se rumoreaba que era frecuentado por mafiosos, además de por las más importantes personalidades de la ciudad.
En la noche del 28 de noviembre de 1942, el club se hallaba repleto de clientes, en gran parte soldados de baja con sus parejas. Si bien se desconoce la cantidad exacta de personas esa noche, se estima que superaba los 1.000 clientes; el Cocoanut Grove sólo tenía capacidad para 450.
Se estima que el fuego comenzó alrededor de las 22:15. No se conoce la causa exacta del hecho, aunque hubo versiones que indicaban que todo había partido del hecho de que un joven camarero había encendido un fósforo para buscar algo que había caído al piso. Lo cierto es que el fuego se extendió con rapidez por las plantas artificiales, demás decoraciones y muebles, todos hechos de materiales inflamables.
Los intentos de los camareros por controlar las llamas arrojándoles agua fueron infructuosos, y pronto las llamas habían trascendido el pequeño e íntimo salón donde habían comenzado y se extendieron al resto del edificio de dos niveles.
Lógicamente, la mayor parte de la clientela intentó abandonar el recinto a través de la entrada principal, pero esta consistía en una sola puerta giratoria. Con gente intentando salir desesperada y luego desplomándose sofocada, pronto la puerta quedó totalmente bloqueada hasta tal punto que, posteriormente, los bomberos tuvieron que desmantelarla para poder ingresar.
En cuanto a las otras vías de acceso laterales, muchas de ellas estaban selladas para evitar que los clientes se marcharan sin pagar, y las que no lo estaban se abrían para adentro, resultando totalmente ineficientes en un caso de pánico. Para mayor dificultad, se trataba de una noche de invierno en Boston, con temperaturas tan bajas que el agua se congelaba en las mangueras de los bomberos.
En ciertas zonas, el incendio golpeó tan rápido que los clientes ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar. Muchos cuerpos fueron hallados aún sentados en sus mesas, con copas de bebida en sus manos. En total, 491 personas perecieron esa noche en Boston.
El segundo incendio de este tipo más letal de la historia –o al menos lo era hasta el pasado fin de semana, cuando ocurrió el siniestro en Brasil- ocurrió en el mismo país y en la misma década, aunque con unos años de anticipación.
En la localidad de Natchez , estado de Mississippi, el 23 de abril de 1940 tuvo lugar un incendio en el club nocturno Rhythm, de clientela mayormente afroamericana. Se trataba de un edificio de un solo nivel en el que se había colocado líquen a modo de decoración, y para asegurar que el mismo no se llenara de insectos, se roció con un líquido insecticida a base de petróleo y, por lo tanto, bastante inflamable.
La atmósfera seca del lugar generó gas metano que produjo una reacción que dio lugar al fuego. Las ventanas habían sido selladas para evitar que las personas fuera del edificio pudieran ver los shows musicales, así que las 300 personas allí no tuvieron opción más que intentar salir por la entrada principal o la trasera. Algunos lograron escapar por la entrada frontal, pero la gran mayoría de los presentes fueron a buscar la puerta trasera, que había sido cerrada con llave.
Cegados y desorientados por el humo y el calor, 209 de los presentes murieron entre las llamas.
En 1977, de nuevo en los Estados Unidos, tuvo lugar el que ahora se ubica como el quinto incendio de local bailable más letal, por detrás del de la discoteca República de Cromañón, que tuvo lugar en 2004 en Argentina.
El 28 de mayo de ese año, el Beverly Hills Supper Club de Southgate, Kentucky estaba rebosante de gente. Era una de las principales atracciones de la localidad, un enorme edificio dividido en varias áreas o salones que albergaba recepciones de bodas, espectáculos musicales o de ilusionistas y muchas otras actividades. Se cree que esa noche en el edificio había cerca de 3.000 personas, sin contar los casi 200 empleados del club.
Alrededor de las 20:30, varias personas que habían estado en una fiesta de bodas en uno de los salones se quejaron de un calor excesivo, aunque no había humo ni otras señales de un posible siniestro. A esa hora, las puertas del salón se cerraron, habiendo concluido la recepción, y un fuego que nadie notó siguió ardiendo.
Poco antes de las 21:00, dos camareras ingresaron y vieron humo en el techo del salón. Minutos después se realizó una llamada al 911 desde el club, con la llegada del primer camión de bomberos sólo tres minutos después de la llamada. Sin embargo, era demasiado tarde, ya no se podía contener el fuego en la sala.
Lo que siguió fue una desafortunada combinación de factores entre los que se hallan la enorme cantidad de gente en el edificio, una disposición inadecuada de las salidas de emergencia –muchos murieron tras haberse perdido intentando encontrar la salida-; deficiencias en la construcción del edificio –en especial en los materiales utilizados en los techos-; falta de un sistema anti-incendios y varios otros factores que resultaron en la muerte de 165 personas.
Siete años antes, en Francia, otro letal incendio en un club nocturno se cobraría las vidas de casi 150 personas.
El día 1 de noviembre de ese año tuvo lugar un siniestro en el Club Cinq-Sept del pueblo de Saint-Laurent-du-Pont, en el departamento de Isére. Se trataba de un lugar popular para los jóvenes de la región, y era regularmente visitado por personas de Saint-Laurent y muchos poblados adyacentes.
En la noche del 30 de octubre, una gran multitud se reunió en el club para ver actuar en vivo a una popular banda de rock de París. Se estima que casi 200 personas se hallaban aún en el edificio cuando el fuego comenzó, hacia la 01:40. Alguien desechó un fósforo no del todo apagado que acabó encendiendo la almohadilla de un asiento y luego se expandió por los altamente combustibles elementos de decoración y muebles.
Las personas que se hallaban en el nivel superior, al que se accedía por medio de una escalera en espiral, se agolparon a la escalera intentando escapar mientras el techo se cubría de llamas. Una treintena de personas en el área inferior lograron escapar con rapidez antes de que el fuego se expanda por todo el lugar.
El club, ubicado en las afueras del pueblo, no tenía teléfono, por lo que una persona tuvo que ir hasta el centro de la ciudad para poder pedir auxilio. Para cuando los bomberos llegaron, el edificio había sido casi completamente destruido, junto con sus ocupantes. Ninguna de las salidas de emergencia alternas a la entrada principal estaba señalizada, y ambas estaban bloqueadas.
El techo había sido tan dañado que acabó colapsando. Unas 140 personas murieron en el sitio, siendo halladas en tan mal estado que era imposible identificarlas, y otras seis fallecieron a causa de sus heridas horas y días después.
Esos son sólo algunos de numerosos incendios que han convertido celebraciones en tragedia y la música en gritos, sucesos que se repitieron el pasado fin de semana en Santa María y ojalá no vuelvan a repetirse.
