“Por esa foto lo mataron”

Una foto, un simple papel impreso, le habría costado la vida al periodista Santiago Leguizamón. No hablamos de cualquier material. Este mostraba al expresidente Andrés Rodríguez, junto con los narcos Pablo Escobar, de Colombia, y Fahd Yamil, de Brasil.

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Así lo afirman los amigos más cercanos del periodista asesinado, al igual que su familia. Todos ellos acordaron hablar del que sería el motivo específico del asesinato, recién dos décadas después. Consideraron que el peligro para ellos sería menor en esta época, ya que muchos de los que estarían detrás ya se encontrarían en una situación diferente, quizá muertos, quizá con menos poder.

“Fue por eso. Por esa foto lo mataron”, afirmó tajantemente Vicente Brunetti, comunicador y amigo de juventud de Santiago Leguizamón. Él vio la polémica imagen que estuvo en poder del periodista asesinado, que confirma la relación de grandes nombres del narcotráfico de la región, y además, la relación entre el poder político y esta ilegal práctica.

El mitificado Pablo Escobar, líder del cartel de Medellín, el entonces presidente Andrés Rodríguez, relacionado toda su vida con actividades ilícitas como el tráfico de drogas y otros productos y el capomafioso brasileño Fahd Yamil formaban parte de esta instantánea, que habría sido destruida por los sicarios de este último, tras el asesinato de Santiago.

Brunetti recuerda esa semana, y se emociona cada vez que cuenta lo que sucedió. Era la semana del periodista hace 24 años. Era lunes cuando habló con Santiago, quien pidió que lo reciba en su casa en Asunción para entregarle la fotografía, además de otros documentos relacionados al narcotráfico de la zona y pruebas que vinculaban al Gobierno. Semanas antes, también en la capital, en un encuentro fugaz, Santiago mostró la imagen a Vicente.

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“Reconocí a Pablo Escobar, a Rodríguez y a Fahd Yamil. Había un cuarto hombre, le pregunté a Santiago quién era, y me dijo que era alguien de la DEA”, comentó Brunetti. Santiago no quería destruir todos los documentos que tenía en su poder, entonces, considerando que su amigo iba a Europa en esos días, consideró que era mejor que lleve todo con él. “Él ya estaba amenazado pero no quería destruir la foto. Era la salida fácil”, dijo Vicente.

Pero ese segundo encuentro nunca llegó a concretarse. El viernes 26 de abril unos sicarios asesinaron a Santiago Leguizamón a metros de la radio Mburucuyá, en Pedro Juan Caballero. Años después, dos sujetos llamados José Aparecido de Lima y José Francisco Araulho, sindicados como autores materiales de la muerte de Santiago, confesaron en sede policial que fue por encargo de Daniel Álvares Georges y Luis Enrique Rodrigues Georges, hijo y sobrino de Fahd Yamil, entonces padrino de la frontera.

Los asesinos desbarataron las oficinas de la radio, desde donde Santiago hacía fuertes denuncias sobre narcotráfico, tráfico de armas, contrabando de cigarrillos y quienes estaban detrás. Los temas que trataban era llamativos para una sociedad que recién se recuperaba de la dictadura, con un Gobierno “democrático” conformado por los escombros del régimen.

“Pero quedó impune”, lamentó Brunetti. Nunca se pudo castigar a los responsables del hecho, mucho menos se detuvo a los autores morales. La explicación “técnica” que encontramos en los archivos es que esto nunca se dio porque los órganos de investigación criminal de aquel entonces como la Policía de la Capital y la departamental no presentaron ningún informe conclusivo del caso.

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Para Brunetti, la explicación de por qué Santiago no tuvo justicia no se reduce a los procesos “legales”. “Si vas al Poder Judicial, y ves los expedientes de caso, vas a ver que no se movió un dedo. (…) Creo que la herencia más feroz de la dictadura de (Alfredo) Stroessner fue haber desconectado el cerebro de las personas de la realidad. Hay una extremada confusión, mucho desorden. No solo económico, político, sino también moral que afecta a toda la estructura”, reflexionó. “La mafia goza hoy de su mejor salud”, concluyó.

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