Proteger a los niños de contenidos violentos

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La violencia humana en sus más variadas formas está al acceso de los menores en cualquier momento, gracias al avance de las tecnologías portátiles y el internet. Ahora buscan crear un mecanismo para evitar que queden expuestos a contenidos nocivos.

Es bastante común que niños en edad escolar utilicen teléfonos celulares como una persona adulta, y hasta los lleven a las escuelas o colegios, convirtiéndose así en un gran distractor a la hora de aprender.

Sin embargo, la presión social ha ido empujando a los niños y adolescentes a acceder a tecnología de gama media y alta, lo que trae consigo un acceso prácticamente ilimitado a contenidos disponibles en internet que no son adecuados para los menores.

Un intendente manteniendo relaciones sexuales con una adolescente en su propio despacho, sicarios que eliminan a tiros a personas, linchamientos prolongados y sangrientos, son guiones de los videos que a diario vemos; y cada vez nos sorprende menos ver la naturaleza humana en su comportamiento más hostil.

Esta preocupación motivó que el diputado Eber Ovelar (ANR Caaguazú) presentase recientemente un proyecto de ley que busca proteger a los menores de contenidos nocivos, sobre todo teniendo en cuenta los abusos que se realizan a través de las redes sociales, que van desde el ciberbullying y acceso a pornografía, hasta la trata de personas.

¿Cómo lo lograrán? Bernardo Villalba, presidente del Comité de Legislación y Codificación de la Cámara Baja, explicó que la propuesta es bloquear el acceso de los menores a conexiones públicas de internet por wifi que existen por lo general en plazas, ya que, según argumenta, en estos casos se encuentran sin control alguno a diferencia de los hogares cuya atención queda en manos de sus padres.

Esta legislación va más allá, apuntando a las compañías telefónicas, con el fin de restringir este tipo de “libertad” desde el principio, en el caso de que se cuente con esa tecnología. Sobre esto, Villalba expuso que se plantea que desde el mismo momento en que los padres habilitan un teléfono para sus hijos, deberán declarar que estará en poder de un menor de edad, con el fin de que el dispositivo cuente con un sistema de bloqueo que podrá ser levantado recién cuando cumpla la mayoría de edad.

Por su parte la Lic. Natalia Anahí Báez, profesora de psicología y profesional del Centro de Psicomotricidad y Apoyo Integral, sostuvo que la sociedad actual exige saber dónde están los hijos, “desde el punto de vista que tienen tantas actividades, al igual que los padres, lo que hace que una relación no se establezca adecuadamente pese a que exista un buen diálogo en familia”.

Sostuvo que pese a ello, lo recomendable - desde su punto de vista - es que recién a los 17 años los adolescentes puedan acceder a teléfonos de gran tecnología, es decir en el umbral de la mayoría de edad, teniendo en cuenta la enorme facilidad y rapidez con que se comparten contenidos nocivos que en corto tiempo se convierten en virales.

Reconoció que el acceso temprano a ciertas tecnologías como el teléfono celular y las tabletas, también traen consigo beneficios, “como en chicos con dificultad de aprendizaje, porque aprenden rápido a leer, identificar las letras, los números, les motiva para aprender más rápido, pero también desfavorece, la desventaja es que pierden esas ganas de investigar, de explorar utilizando todos los sentidos, dejan de jugar, pierden esas ganas de experimentar corporalmente lo que se refiere a juegos, experiencias sensoriales, todo eso se perdió con la tecnología”.

Como llamada de atención, relata que en su experiencia le tocó conocer casos de chicos de entre cuatro y cinco años que ingresan a las escuelas (jardín o preescolar) y no saben cómo jugar, “perdieron esa creatividad , ellos solo sacan el teléfono de la mamá o del papá y están con los jueguitos, y les sorprende que sepan usar las aplicaciones, pero qué pasa si le das juguetes no estructurados, como cubos o bloques, no saben ni que crear, ni que color pintar, inclusive la parte gráfica para llegar a la escritura les dificulta”, por lo que como balance entre pros y contras, refiere que un acceso prematuro a estas tecnologías termina siendo perjudicial.

A diario recorren la red, sobre todo a través de aplicaciones de mensajería instantánea, como el Whatsapp o Telegram, incontables cantidades de fotografías y videos de los más variados contenidos, que van desde los cómicos “memes” o chistes gráficos, hasta videos pornográficos explícitos, que inclusive involucran a menores de edad, o que muestran salvajes escenas de homicidios, que muchas veces los padres ignoran, o creen que sus hijos menores no están expuestos a ellos.

Al respecto, la profesional refiere que estos contenidos nocivos pueden causar mucho daño, sobre todo en el ámbito de las relaciones interpersonales. “Al chico lo que le llama la atención es lo que capta y tiene esas ganas de ver más”. Agrega que atiende niños que demuestran una alta agresividad acumulada, también por acceder a juegos para dispositivos móviles que no son adecuados para sus edades.

“Yo trabajo a nivel de terapias grupales a través del dibujo, y es muy diferente un grupo donde no hay chicos que usan teléfono con aquellos que sí lo usan”, expone.

La Lic. Báez es clara: “Toda la culpa es de los padres. Te diría que los únicos responsables son los padres. Si lo quiero es comunicarme con mi hijo o hija y mi intención es solo hablar con ellos, entonces le daría un teléfono sin acceso a internet”.

“No podemos decir tampoco que un adolescente está listo para recibir ese tipo de contenidos (violencia o sexo) ni un adulto lo está a veces, porque hoy en día el desequilibrio emocional que existe hace que una persona varíe su estado de ánimo, y mira que te de ideas ver materiales de esa naturaleza”, expone.

A su criterio, visualizar escenas de extrema violencia real que se distribuyen en videos, ya sea en internet o por mensajes multimedia, puede causar que muchos experimenten una especie de diversión viendo esto, y al ser de fácil acceso, crece la necesidad de  materiales de contenido más fuerte. “Conozco chicos de entre 18 y 19 años que les encanta este tipo de contenidos pero puede repercutir en cualquier área de su vida, no precisamente matar”, apuntó.

Finalmente reflexiona que esta situación puede afectar la vida sexual de los jóvenes, e incluso impedir que puedan tener una relación normal y hasta una familia “porque están siempre con ese comportamiento (violento) y siempre están buscando más”.