¿Qué pasó con el Soldadito?

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Retirado de la práctica profesional, alejado del ruido mediático y del bullicio capitalino, el recordado jugador del Olimpia Juan Carlos “Soldadito” Benítez disfruta de las tardes de piki vóley y forma a jugadores en su natal Liberación.

Rápido, encarador, desequilibrante y caradura. Son las palabras que se repiten entre quienes lo vieron jugar en sus mejores años, entre la segunda mitad de la década de los ’90 y los primeros años del 2000. Juan Carlos “Soldadito” Benítez era de esos jugadores que no le tenía miedo a nada cuando la pelota llegaba a sus pies y el equipo en el que jugaba necesitaba de alguna genialidad para solucionar los problemas candentes. A pesar de su pequeña estatura, aparecía en medio de los rivales saltando por encima de todos para conectar algún cabezazo y anotar un gol, o quizás lo hacía arrancando desde atrás y dejando a varios por el camino.

Y en las celebraciones, las piruetas.

El 28 de noviembre de 1976 don Simeón Benítez y doña Victoria Sánchez, una pareja de Liberación, un distrito del departamento de San Pedro ubicado a 215 kilómetros de Asunción, recibían en el mundo a un hijo varón, al que decidieron poner el nombre de Juan Carlos. Poco se imaginarían que acababa de nacer un hombre que sería recordado con el paso de los años y que daría grandes alegrías a miles de fanáticos de uno de los clubes más grandes del Paraguay.

Casi cuatro décadas después, Juan Carlos atiende el teléfono mientras se retira de la práctica de la escuela de fútbol que dirige. Siempre de perfil humilde, conversa sin tapujos sobre los años de su carrera. “Yo soy nacido en Liberación, pero malcriado ovetense”, relata.

El romance con el balón comenzó temprano, recuerda "Soldadito" en conversación con ABC Color. Como generalmente ocurre con los niños, apenas dio sus primeros pasos ya comenzó a perseguir una pelota de fútbol. Mientras iba creciendo, los amigos del barrio, los compañeros de escuela y los eventuales compañeros de juego en Coronel Oviedo se convirtieron en sus primeros compañeros de equipo. Ya en aquel entonces su juego resaltaba.

Pero para poder cumplir con el sueño de ser jugador, había que dar los primeros pasos y esos los dio en la escuela de fútbol “Cicloncito” del barrio Azucena de la capital del quinto departamento. Vaya ironía de la vida, los inicios de un fanático hincha e ídolo del Olimpia en una escuela con el nombre del apodo de su tradicional rival.

Con apenas 9 años, poco después de iniciar en la escuela de fútbol, tuvo la posibilidad de viajar a Brasil con el equipo para participar de un torneo de la General Motors. El equipo salió campeón y Benítez fue el goleador de la competencia. Dos años después, volverían a viajar a tierras brasileñas y volvió a deslumbrar hasta el punto que le ofrecieron una beca para quedarse a estudiar en Sao Paulo por tres años.

Volvió al país con 14 años y decidió ir a cumplir con el Servicio Militar casi al mismo tiempo que comenzó a jugar en el 15 de Mayo de Coronel Oviedo, pero con tan corta edad lo hacía ya con el equipo de Primera División. De ahí pasó al Pirayú Sports, con el que se consagró campeón. En una de esas tardes de fútbol, un tal Alicio Solalinde lo vio y pidió enseguida que lo llevaran a las divisiones formativas del Olimpia, lo que en aquel entonces recibía el nombre de “Cadete”.

El club de sus amores lo estaba llamando.

“Pero esperá ¿y el apodo de donde viene?”, se corta la conversación con la pregunta. “Lo que pasa es que yo iba en colectivo y uno de mis superiores me daba para mi pasaje, entonces yo me iba con mi uniforme a la práctica para no pagar el pasaje y guardaba ese dinerito”, cuenta entre risas. Todavía adolescente, pequeño, uniformado y con el tradicional recorte “cadete”, el apodo era casi lógico: “Soldadito”.

Su debut con la Franja Negra no tardó demasiado. Fue durante un partido contra el 12 de Octubre en Itauguá, en el que participó la Sub 20 dirigida por Guillermo “Topo” Giménez a quien Gustavo Benítez le dio ese trabajo pues el equipo principal estaba concentrado en su participación en la Copa Libertadores. “Soldadito” ingresó en el segundo tiempo.

La suerte no acompañó al “Yiyo” y tiempo después era destituido de la dirección técnica franjeada y regresaba una vez más Luis Cubilla, el de las glorias y el que tomaba el timonel en los momentos más complicados.

Fue Cubilla quien decidió darle la confianza necesaria al “Soldadito” y hacerlo debutar en primera. Era un partido contra el Sportivo San Lorenzo, en cancha del Rayadito, entró y le tocó hacer el gol. Cuando recuerda el día, la emoción lo sigue embargando y parece tener presente hasta el más mínimo detalle de la jornada.

Y su primer partido en Para Uno fue nada más y nada menos que un partido ante el tradicional rival, Cerro Porteño. “Soldadito” se encargó de anotar dos goles en un partido que terminó empatado 2-2. “Hacer un gol para el tu club es una sensación única, la adrenalina que te entra por las venas es impresionante. Nemopirimba, te dan ganas y fuerza”, asegura.

Uno de los goles que convirtió en aquella tarde en el Bosque, el segundo que llegó en el inicio de la complementaria, fue durante mucho tiempo el gol más rápido de la historia del fútbol paraguayo.

¿Tu mejor momento? “Creo que fue en el ‘98”, responde enseguida. “Porque ese año fui campeón y hasta me convocaron a la selección. Me parece que jugué 15 minutos contra Uruguay y un partido contra Ecuador”, agrega.

El “Soldadito” era junto a Stanislao Struway el bromista del plantel albirrojo. Durante una concentración en Bolivia, se animó a gastarle a una broma al capitán de la selección, José Luis Chilavert. El histórico arquero estaba de cumpleaños y uno de los mozos que atendía al equipo era muy parecido a Benítez. “Era negrito y petisito como yo”, afirma entre risas.

Atendiendo a que el “Chila” le había dado 100 dólares en propina al mozo, entonces “Soldadito” decidió vestirse como uno y se encargó de llevarle el champagne al capitán albirrojo. “Gracias”, le dijo el portero que no lo reconoció sino hasta que todos estallaron entre risas. “¿Vos que hacés vestido así?”, le preguntó.

Las bromas a sus compañeros eran, además del buen dominio del balón, otras de sus especialidades. En otra oportunidad llevó a un travesti para que esperara al lateral Néstor Isasi fuera de la Villa Olimpia, para que le reclamara la supuesta deuda de tres meses de alquiler de un departamento.

“En aquella época los muchachos se ponían de todo en la botinera”, relata. En más de una ocasión algún jugador llegó a su casa y su esposa o novia se encontraba con alguna ropa interior femenina entre las pertenencias de su pareja. En otras ocasiones, tomaban lápiz labial y manchaban el cuello de las mejores camisas de los compañeros. “Esas eran las cosas que le hacían grande al grupo. Había unidad, había joda”, asegura.

Para Benítez no cabe duda de que el mejor compañero que tuvo fue Ariel Castillo, un mediocampista al que Carlos Humberto Paredes le terminó ganando la titularidad. “Es mi mejor amigo”, asegura.

Si bien sus mayores alegrías se dieron con la Franjeada, “Soldadito” tuvo también sus pasos por otros clubes locales como el Sportivo Luqueño, 12 de Octubre y Rubio Ñu; y otros como Universidad San Martín de Porres de Perú y Portuguesa y Aragua de Venezuela.

Con apenas 32 años decidió dejar la práctica profesional hace ya casi una década, algo que asegura fue por decisión propia. “La verdad tener mucha plata complica mucho hoy en día, porque tenés que tener seguridad, guardaespalda y es medio incómodo. Estar en la clase media es muy bueno. Yo estaba estable económicamente y decía que iba a poder sobrellevar, hacer un negocio”, manifiesta.

De hecho, antes de dejar la práctica consiguió montar un negocio que quedó a cargo de su esposa, compró una propiedad en Coronel Oviedo y un campo en la zona de su natal Liberación. Aunque después, el negocio tuvo problemas como consecuencia de cuestiones maritales. “Se fue todo al carajo, yo fallé con mi señora”, se sincera, con un tono apesadumbrado.

Pero todavía tiene algunas de las propiedades a su nombre. “No soy de esos jugadores tontos que se quedan en la calle. Hay muchos jugadores que dejan todo a nombre de su señora”, puntualiza.

¿Y tu vida ahora?, le preguntamos. “Estoy bien, nadie me molesta. Cuando vos sos muy famoso no te podés ir a la pizzería y la gente de lo único que quieren hablar es de fútbol y muchas veces vos querés descansar”, relata. Claro que no falta quienes lo vieron jugar y al reconocerle se le acercan, pero ya no es como los días en los que vestía la camiseta franjeada.

Los años de carrera también tuvieron sus momentos difíciles y el más complicado fue cuando estaba todavía en la juvenil del Olimpia y en una final contra Nacional eludió a cuatro rivales y un quinto contrario le llegó fuerte desde atrás, al intentar hacer uno de sus saltos para caer de espalda, su brazo cayó en un hoyo del campo de juego y se rompió la clavícula. “Llegué a pensar que no iba a jugar más”, cuenta.

“Yo soy olimpero a muerte”, se define Benítez quien recuerda que con el mítico Osvaldo Domínguez Dibb tenía contrato firmado, aunque los mayores acuerdos eran todos de palabra. En medio de las dificultades económicas que afrontó el Decano, al “Soldadito” también le deben dinero. “Me deben US$ 80.000, pero yo no le voy a demandar nunca al Olimpia. Gracias al Olimpia tengo todo lo que tengo o lo que tuve”, afirma.

“Me gusta más ser humilde que tener mucha plata, prefiero vivir tranquilamente”, agrega.

Con ODD, la relación era muy buena y de hecho “Soldadito” era uno de los hijos mimados del “Tigre”. “Me daba todo lo que pedía o lo que me faltaba. Por cada gol que hacía en el clásico me daba G. 2.000.000 de premio y por partido normal era G. 1.000.000 que para entonces era mucha plata”, relata.

De Cubilla también guarda muy gratos recuerdos. “Él era calidad, educado, pero muy exigente”, manifiesta. “El Negro” llegó a obligarlos a practicar a las 05:00 porque no habían cumplido con lo que había proyectado. “Practicábamos en silencio y ahí aprendimos a trabajar callados, concentrados”, agrega.

Cubilla solía darles permiso después de un partido a tomar un poco de vino o cerveza, pero en la mesa después de la cena, “Cuando te levantabas para orinar, entonces ya te ibas a acostar. Los excesos eran medidos con él”, afirma.

Alejado de todo el ruido, actualmente disfruta de las tardes de piki vóley en su casa en el distrito de Liberación, donde armó una cancha para poder compartir con sus amigos. Además, trabaja en una escuela de fútbol en la que están 150 jugadores cuyas edades oscilan entre los 7 y los 16 años. “Yo estoy enseñando jugadores para el futuro. Estamos formando jugadores porque el club quiere entrar en primera”, relata.

Es imposible evitar las comparaciones de sus días con la actualidad del Franjeado. “Las cosas en el fútbol son diferente ahora. Hoy Olimpia no es ni un cuarto de lo que éramos nosotros. Anteriormente tenías que correr, poner huevo y no dar nada por perdido. Ahora es más técnico, más táctico. Es diferente porque la mentalidad de “Chiqui” Arce es diferente a lo que era Cubilla por ejemplo”, finaliza.

juan.lezcano@abc.com.py - @juankilezcano