Supuesta conspiración política y muerte de un cadete

Durante 35 años de la dictadura impuesta por Alfredo Stroessner en el Paraguay hubo constantes cambios en el sistema político de dominación contra los derechos humanos.

Una de las primeras fue la persecución a militares no leales a su poder en 1962. Un grupo de capitanes fue la víctima, y principalmente el Cap. de Caballería Napoleón Ortigoza quien fue recluido por más de 25 años por supuesto homicidio a un cadete con fines político subversivo contra el Gobierno.

Todo comenzó cuando en 1963, el Gobierno paraguayo informó acerca del descubrimiento de una supuesta conspiración para derrocar al Gobierno y asesinar a varios funcionarios públicos.

La conspiración, de acuerdo con la información oficial, tenía sus ramificaciones en el Ejército, siendo principal conspirador el capitán de Caballería Modesto Napoleón Ortigoza, y contaba con el apoyo del líder colorado en el exilio, Epifanio Méndez Fleitas, del líder liberal en el exilio Carlos Pastore, y del comunismo internacional.

Parte de la conspiración fue el asesinato de un cadete del Liceo Militar Acosta Ñu, Alberto Anastacio Benítez, supuestamente ultimado por Ortigoza en 1962 para ocultar el complot. Esta versión oficial figura en el Archivo del Terror, ubicado en el 8 piso del Palacio de Justicia.

Ortigoza, según el ministro del interior de aquel entonces, Edgar L. Insfrán, había sido enviado a la justicia para ser juzgado por asesinato, juntamente con otras dos personas: Domingo Regalado Brítez y Escolástico Guillermo Ovando. Además, se había formado proceso a un número de oficiales y civiles relacionados, de una manera u otra, con la conspiración.

Con las declaraciones del ministro del Interior, el Gobierno comenzó una intensa campaña de propaganda que se proponía convecer a la opinión pública de la culpabilidad de Ortigoza, Ovando y Brítez, los acusados más publicitados.

La prensa sensacionalista y favorable al Gobierno se adhirió: la revista Ñandé publicó una foto de una carta enviada por los conspiradores (nunca presentada en el proceso); Radio Comuneros lanzó una radionovela: “Curuzú Cadete” que alcanzó gran audiencia.

Estos y otros elementos de propaganda, convirtieron al oratorio de cadete Benítez en un lugar de devoción. El culto al cadete continúa hasta la actualidad en la capilla de la calle Molas López (Villa Guaraní), donde la gente va a rezar y a beber el “agua milagrosa”.

El recuerdo del sangriento final del cadete motivó un culto popular donde fue encontrado su cadáver (supuestamente colgado de un árbol con la corbata). Allí según la creencia, donde rozaron sus pies, mientras su cuerpo pendulaba, colgado de una rama, brotó un manantial de aguas milagrosas en que el pueblo cree profundamente.

(Entrevista inédita realizada en noviembre de 2001, al Cap. Napoleón Ortigoza fallecido en enero de 2006).

NAPOLEON ORTIGOZA, CONSIDERADO EL PRESO POLITICO MAS ANTIGUO DEL CONTINENTE

Estuvo muerto en vida más de 25 años en un calabozo por un crímen que no cometió

“Estuve muerto en vida más de 25 años en el calabozo por un crimen que no cometí durante la dictadura de Stroessner. Por eso el Estado paraguayo debe indeminizarme con G. 8 mil millones”. Así explica el Cap. de Caballería Napoléon Ortigoza de 68 años de edad, considerado el preso político más antiguo del continente. No solo él sino también su familia fueron víctimas de la persecusión gubernamental. Los años de la prisión del capitán fueron para su familia años de vejámenes, de ostracismo y de penuria económica por lo que anhela que ningún país caiga en dictadura ¡ nunca más!

Muy emocionado y con lágrimas en los ojos, con expresiones vehementes, Napoleón Ortigoza nos permitió bucear en su mundo interior, charlando con él, a más de 10 años de recobrar su libertad, luego de haber estado injustamente preso, más de 25 largos años, por un crimen que no cometió.

“Casi la mitad de mi vida fui privado de mi libertad, pero nunca me acostumbré a esa vida. Perdí lo más valioso que tenía: mi familia. Mis dos hijas y nietas nunca recibieron mis orientaciones, ni mi cariño. Ahora que ya son grandes soy como un extraño a quien llaman “papá o abuelo””, afirma Napoleón Ortigoza.

Cuando le preguntamos por qué prefirió charlar con nosotros en la sala de Redacción de ABC Color, antes que en la intimidad de su humilde residencia ubicada en la calle Tarumá y Guaraníes (barrio Tembetary) dijo que odia las cuatro paredes de una casa pequeña, porque le recuerda los años de encierro en el calabozo.

- Tiene el fallo favorable del Tribunal de Apelación después de tres años de litigio, por el cual recibirá 8 mil millones de guaraníes de indemnización ¿Qué representa para usted la sentencia?

- Es un caso judicial sin precedentes en el Paraguay, que sentará jurisprudencia. El fallo es inapelable, aunque el tribunal de apelación redujo un tanto la cifra del juez de primera instancia, que era más de G. 8 mil millones.

- ¿Será el pueblo que pague su indemnización ¿le parece un hecho justo?
- No debe ser el pueblo que pague mi indemnización. El Estado tiene la obligación de buscar los mecanismos legales para sacar los bienes malhabidos de Stroessner que tiene estancias con miles de cabeza de ganados, dinero en bancos internacionales y varias propiedades.

- ¿Eras realmente un sublevado militar contra Stroessner como se pensaba a nivel oficial?
- Soy inocente de todos los cargos que se me imputó, ya lo demostré judicialmente. Altas autoridades e integrantes de los tres poderes del Estado estaban involucrados en intentos para derribar a Stroessner en los primeros años del poder, pero el llamado “Golpe de Capitales” no fue mencionado en ningún informe policial. Todo fue inventado.

- ¿Y el cadete Anastacio Benítez, cómo entró en el tema?
- Todo fue inventado. El mismo jefe de Policía de entonces, Ramón Duarte Vera, el ministro del Interior, Edgar L. Insfrán (fallecido) y el director del Liceo Militar Acosta Ñu, Sindulfo Pérez Moreno (fallecido) confirmaron que el cadete se suicidó y fue encontrado en su cama. Pero Stroessner dijo: “esto es un asesinato” e impuso mi reclusión. Estuve preso en la Policía Central 18 años y de ahí nuevamente fui llevado a la Guardia de Seguridad 7 años, por un crímen que no cometí.

- En 1990 usted encontró en el Registro Civil que el Cadete Benítez murió de sobredosis de droga.
- Sí, cuando vine de España, 30 años después de la muerte del cadete (ocurrida en 1962) encontré en las actas del Registro Civil el verdadero certificado de defunción. Este hecho contreaba las afirmaciones de Stroessner y de la Policía, porque expresaba como causa del fallecimiento del cadete Alberto Anastacio Benítez por efectos adversos de drogas en su uso médico. El certificado fue expedido por Bioestadística del Ministerio de Salud Pública. También, visitando el Cementerio de la Recoleta (Asunción) la tumba del Cadete Benítez, urgué el Libro de Actas de Defunsiones donde consta con la misma causa de fallecimiento que figura en el Registro Civil. Así comprobé mi inocencia.

- El ex comandante de la Policía de la Capital en la época de la dictadura, Ramón Duarte Vera, condenado a 13 años por torturas, pide su libertad porque ya tiene 80 años ¿qué opina al respecto?
- Estoy impulsando un juicio en su contra. Muchas personas me dijeron: por qué vas a querellar a un anciano”. Y les contesto que en la época de la dictadura, cuando me ataron las manos detrás de la espalda y las dos piernas y me ahogaban en la pileta de agua, era un anciano de 100 años que ni siquiera podía respirar. Estaba en coma bajo agua y allí me hacían decir cosas que no son ciertas. Y era Duarte Vera el que dirigía la tortura que recibí al igual que de miles de paraguayos inocentes. Sufrí todo tipo de torturas. La pileteada, con las manos y los pies atados atrás, boca arriba casi me ahogaban y luego me sacaban para golpearme en el estómago y vuelta a sumergirme a la pileta, para tragar el agua y sentir la sensación de muerte por ahogo. Muchos morían porque no aguantaban. El sargento Regalado Brítez era uno de los que no aguantó las torturas recibidas y murió según dicen por cáncer en los pulmones.

- Y usted, ¿cómo aguantó tanto?
- Gracias a Dios era sano. Yo fui atleta en mi juventud. Participaba de concursos de carrera, equitación y natación.

¿Cómo era un día contidiano en un calabozo?- No sabés qué hacer. Te dormís si los dolores, el frío, el calor o el hambre te permiten. Al principio, para saber los días marcaba la pared, pero después, perdés las ganas, principalmente cuando venís de ser torturado.

- ¿Qué no puede olvidar de su reclusión?
- La total indefensión del ciudadano preso, olvidado de todo el mundo. Ahora que estoy libre personalmente tramito mi caso judicial y disfruto mucho del aire libre.

- ¿Qué siente al recordar la época de la dictadura?
- Que estuve muerto en vida por más de 25 años en un calabozo de un metro de frente por dos de ancho de la Central de Policía, por capricho del dictador Alfredo Stroessner. Y ojalá que ningún país caiga en dictadura ¡nunca más!

- Recibió ayuda del Gobierno de los Estados Unidos durante su reclusión ¿cómo se dio este apoyo?
- Porque nací un 12 de febrero, en coincidencia con la fecha de cumpleaños de Abrahan Lincol, el fundador del Partido Republicano de los Estados Unidos. Por eso simpatizaban conmigo y ese hecho, me salvó de la desaparición forzoza, en la época de la dictadura.

- Muchas personas desilucionadas de la situación social, política y económica del Paraguay afirman que se vivía mejor en la época de la dictadura ¿qué piensa usted?
- Las que piensan así, con seguridad deben ser personas que se beneficiaban del régimen, porque las víctimas de la dictadura sabemos en carne propia lo que significó el régimen de Stroessner.

- ¿Qué opina del retorno de varios stronistas al poder?
- No está bien. Necesitamos gente honesta, nueva que piense en función al país. En la época de la dictadura robaba un equipo reducido de personas y ahora en casi generalizado el robo al pueblo.

- Si tuviese oportunidad de cambiar algo en el Paraguay ¿qué es lo primero que haría?
- Enfatizaría la educación ciudadana para que se haga realidad el voto consciente. Solo así se podrá tener buenos gobernantes que busquen el bienestar del pueblo. Hace falta también consolidar los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y unificar las elecciones para trabajar más por el país y gastar menos. Hay que privatizar las empresas del Estado, intensificar la seguridad ciudadana en el país para captar más inversiones extranjeras para darle más trabajo a los compatriotas.
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