Líderes en inversiones

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IBM es, desde hace 19 años, la empresa que genera mayor número de patentes. Durante 2011, su ejército de científicos e investigadores registró nada menos que 6.180 innovaciones. Es el indiscutido líder mundial en inventos.

Campeona indiscutida en el “mundial” de inventos, IBM les ha sacado una ventaja prácticamente imposible de descontar a las grandes compañías tecnológicas del planeta. Muchas de las ideas y proyectos que desarrolla, ya sea en forma individual o en sociedad con entidades científicas de primer nivel, conmoverán al mundo de los negocios y a la comunidad.

Dos décadas después de decidir reconvertirse y apostar fuertemente a la investigación y el desarrollo, IBM ha superado cómodamente el umbral de las 6.000 patentes anuales. La suma de los inventos patentados por Microsoft, Sony, Xerox y Apple no alcanza esa cifra.

Este liderazgo se explica cuando se comprueba que la compañía con sede en Nueva York destinó en 2011 la suma de US$ 6.258 millones para soportar el trabajo de I&D de más de 8.000 investigadores en 36 países.

Hace ocho años que International Business Machines Inc. no fabrica computadoras personales. Tampoco figura entre sus objetivos actuales crear el teléfono que reemplace al iPhone o la tableta que compita con la iPad.

La visión de la compañía va más allá; tiene que ver con la inteligencia artificial; es decir, con el futuro y el bienestar de las próximas generaciones. Sus desarrollos son la razón por la cual su valor de mercado superaba, en abril de 2012, los US$ 230.000 millones.

Uno de los principales artífices del éxito de la división I&D es Bernard Meyerson, mente brillante en tecnología y quien, como vicepresidente de Innovación y líder de la función global Relaciones con las Universidades, tiene a su cargo al grupo de científicos e investigadores más productivo del sector empresarial.

Meyerson ha sido responsable de la Academia de Tecnología de IBM, una organización autogestionada compuesta por ejecutivos y técnicos senior de toda la compañía, y miembro del equipo Integración y Valores de Sam Palmisano —el CEO hasta enero de este año, cuando lo reemplazó Virginia Marie “Ginni” Rometty—, junto a otros altos ejecutivos de las distintas organizaciones de la corporación.

Con una trayectoria de 32 años en IBM, tiene en su cuenta personal de logros la creación de más de 40 patentes. A finales de la década de los ’90 fue reconocido como “Inventor del Año” por la legislatura del Estado de Nueva York, y como “inventor distinguido” por la Asociación Americana de Leyes sobre Propiedad Intelectual. Graduado y doctorado en física en la Universidad de Nueva York, Meyerson ingresó a IBM Research en 1980 para encargarse del desarrollo de silicio-germano y otras tecnologías de alto desempeño. En 1992 fue designado “Fellow” de IBM por el presidente del directorio de la compañía, el más alto honor para un técnico de la empresa.

Nueve años más tarde fue nombrado jefe del Grupo de Tecnología de la compañía, y en 2003 asumió la responsabilidad operacional de los esfuerzos globales de investigación y desarrollo de semiconductores. Desde esa posición lideró el consorcio de desarrollo de semiconductores más grande del mundo, integrado por IBM, Sony, Toshiba, AMD, Samsung, Chartered Semiconductor Manufacturing e Infineon.

Meyerson esboza una sonrisa cuando se le pide una definición de innovación. El tema le apasiona y la sencillez de su respuesta es una prueba de que lo domina: “Pienso que es la oportunidad que tenemos de crear un mundo mejor al hacer tangibles las ideas que pasan por nuestra mente”.

Líder de proyectos destinados a empresas, ciudades y universidades, también conduce uno vinculado con Watson, la supercomputadora que es la joya tecnológica de la compañía y que esperan se convierta en propulsora de la nueva era de las aplicaciones de la inteligencia artificial.

El lema de la división Research es “No sólo inventamos, innovamos”. Meyerson entiende que la innovación es algo esencial en el competitivo ambiente actual, y cita un proverbio árabe: “Hay cuatro cosas de las que no se puede volver atrás: un disparo efectuado, una palabra pronunciada, el tiempo pasado y una ocasión desaprovechada”.

La compañía en la que trabaja Meyerson se ha caracterizado por no desperdiciar la oportunidad de tomar decisiones en los momentos clave. En 2004, en el punto más alto del mercado de las PC, IBM vendió a la empresa china Lenovo su división de computadoras personales. La firma asiática pagó algo más de US$ 650 millones en efectivo y US$ 600 millones en acciones propias (IBM se quedó con cerca del 20 por ciento del paquete de Lenovo).

Hoy, con el auge de los teléfonos inteligentes, el mercado de las computadoras personales se ha devaluado. De hecho, según la firma especializada IDC, el último trimestre de 2010 resultó un punto de inflexión, ya que por primera vez se vendieron más smartphones que computadoras.

Esto significa que la compañía conocida como “Big Blue” (por el uniforme que usaban sus empleados: un traje azul con camisa blanca y corbata oscura) vendió gran parte de su negocio en el mejor momento para hacerlo. Y desde entonces se ha transformado. Optaron por no encasillarse como empresa de hardware o de software, sino orientarse a las soluciones tecnológicas.

Meyerson, testigo calificado de esta transformación, asegura que la filosofía de la compañía la impulsa a propiciar la innovación en todo momento. “Para ser exitosos en el mundo de los negocios es necesario ver más allá que nuestros competidores, ser más disruptivos, y no sólo sumarnos o adecuarnos a las tendencias del mercado, sino crear nuevas tendencias, lo cual seguramente lleva tiempo pero, a la larga, depara mayores beneficios”, destaca.

La percepción general es que Apple es mucho más innovadora que IBM. Sin embargo, la Big Blue registró en 2011 nueve veces más inventos que la firma de la manzana.

La abrumadora cifra de patentes de IBM refleja la silenciosa y sorprendente actividad de sus centros y sedes de investigación, localizados en cinco continentes. Veamos algunos de los proyectos en los que trabaja cada uno. Por ejemplo, en Almaden, en el Silicon Valley, están desarrollando un sistema de apoyo para la toma de decisiones en cardiología; en Melbourne, Australia, tienen proyectos vinculados con las ciencias de la vida y el planeta inteligente; en Austin, Texas, trabajan en microprocesadores de alta velocidad; en Brasil, en temas de sustentabilidad; en China, en cloud computing; en Israel crean herramientas analíticas y de verificación; en Irlanda tienen un centro de tecnología para ciudades inteligentes; en la India desarrollan servicios de entrega de próxima generación y tecnologías de lenguaje humano; en Japón investigan en el campo de los micro-dispositivos y la interacción humano-máquina; en Suiza hacen investigación exploratoria en nanotecnología, y en el Watson Research Center (Nueva York y Massachusetts) trabajan en dispositivos ultra-rápidos e interactivos y en el Proyecto Genográfico (con la National Geographic Society) de localización de ancestros para graficar patrones de migración. Pocos saben que los códigos de barras, de amplia utilización en el comercio minorista, salieron de los centros de investigación de la compañía.

“En IBM nos hemos dado cuenta de que podemos innovar de muchas maneras”, dice Meyerson, e informa sobre otro desarrollo, en este caso en sociedad con el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center (MSKCC). Es un proyecto que combina la enorme capacidad de procesamiento de datos de la supercomputadora Watson con el vasto archivo de conocimientos, datos genéricos y moleculares e historiales médicos del MSKCC, orientado a crear un sistema de toma de decisiones diagnósticas e indicación de tratamientos para pacientes de todo el mundo. Se espera que el programa piloto entre en ejecución a finales de 2013.

Los inventos de IBM también le resultan útiles a Facebook, la red social que supera los 800 millones de usuarios. Recientemente, la compañía de Mark Zuckerberg adquirió más de 750 patentes de la firma neoyorquina, relacionadas con temas que van desde materiales y software hasta servicios de búsqueda.

“Las empresas deben entender que su finalidad no es sólo venderle algo a alguien, sino también ayudar a resolver los problemas de sus clientes”, afirma Meyerson. “Hay que lograr que los consumidores no compren únicamente productos, sino conceptos singulares, necesarios e insustituibles”, agrega.

Este hombre clave de IBM tiene una forma peculiar de referirse a los científicos responsables de la generación de un número tan elevado de patentes. Dice que se trata de “innovadores expertos con un gen de la invención híper-desarrollado”.

La compañía orienta sus búsquedas a este nivel de innovadores. Muchos de ellos son investigadores independientes que manejaban proyectos interesantes en otras instituciones y que, al incorporarse a IBM, se los dota del equipo necesario para potenciar al máximo sus conocimientos. Otras veces es la empresa la que desarrolla desde sus comienzos a los futuros innovadores de alto impacto.

“Me ha tocado ver casos en los que ingresan jóvenes recién salidos de la universidad y, al cabo de seis años, se convierten en ‘hardcore innovators’: personas que generan gran valor para la organización”, relata Meyerson.

En 2011, la revista Fortune consideró por segundo año consecutivo a IBM la mejor compañía del mundo en desarrollo de líderes. “Así sean personas que acaban de incorporarse a la empresa o individuos que atesoran una gran experiencia en ella, siempre hay que tratarlos como a líderes y ayudarlos a desarrollarse personal y profesionalmente”, apunta el vicepresidente de Innovación.

Uno de los grandes semilleros de talentos senior de la compañía es la Academia de Tecnología, conformada por cerca de 1.000 líderes técnicos de primerísimo nivel, elegidos por sus aptitudes y contribuciones. A estos miembros se les suman en calidad de “afiliados” otros 7.000 técnicos y científicos promisorios, provenientes de distintas áreas de la compañía. En conjunto, se los organiza en 44 grupos técnicos o regionales.

Desarrollar talentos en equipos de investigación no es sencillo, apunta Meyerson, debido a que requiere entender las complejas personalidades de sus integrantes. Desde hace un par de años, la nueva generación de científicos de la compañía no se limita a las tareas tradicionales de estudiar, investigar y comprobar. Ahora también elaboran planes de negocios, concurren a reuniones ejecutivas y realizan presentaciones ante directivos y clientes.

Los nuevos científicos “han aprendido a colaborar”, subraya. “Hoy tenemos una especie de red social interna, a través de la cual acceden a expertos que trabajan dentro y fuera de IBM y les pueden aportar el mayor conocimiento posible en sus respectivos campos de investigación”. Al destacar la autonomía de la que gozan los investigadores, Meyerson dispara la siguiente definición: “El mejor manager no es el que indica cómo hacer el proyecto, sino el que desafía a su gente, la pone a prueba y, sobre todo, confía en ella”.

Lo curioso es que Meyerson considera que, si bien hay firmas como IBM que se anticipan a las necesidades que se plantearán en el futuro, son los pequeños emprendimientos los que irán determinando el rumbo de la sociedad. “Hace una o dos décadas, Google, Facebook y LinkedIn no existían, y hoy han cambiado la forma en que trabajamos, lo cual pone de manifiesto que para innovar no se requieren grandes presupuestos sino grandes ideas”, señala.

Y añade que con los años ha comprendido la enorme importancia que reviste promover el desarrollo de expertos; es decir, de personas que sepan manejar la información de modo de crear nuevo conocimiento para la sociedad.

El más eficiente de los equipos de investigadores del mundo de los negocios tiene por delante diversos retos, todos ellos alineados con los desafíos que enfrenta la sociedad en temas estratégicos, tales como las aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial.

Mientras IBM se esfuerza por desarrollar soluciones para los problemas que se avizoran en el futuro, Meyerson sostiene que otras personas descubren diariamente la posibilidad de innovar, tanto en su trabajo como en la calle y en el hogar. Porque “ser innovador se ha convertido en un estilo de vida”, concluye.