Fantasía en la “profundidad de las alturas”

Si la magia existe, se materializó y nos envolvió de la mano del Trío Blue y sus invitados, en su debut en el Bosque de los Artistas. El grupo de música instrumental tocó hasta las fibras más íntimas de nuestras almas cual cajas de resonancia, sumergiéndonos en las entrañas de su arte.

Mar, Paula, Miguel Ángel, Nelson y Ale en un momento del concierto en el Bosque de los Artistas.
Mar, Paula, Miguel Ángel, Nelson y Ale en un momento del concierto en el Bosque de los Artistas.Archivo, ABC Color

Ladridos de perros. Bocinas de autos que suenan como estando más lejos de lo que están. Las luces del cielo y las luces del alumbrado público. La luna. La emoción por compartir por primera vez en vivo obras que suenan a paisajes de la naturaleza. Y el paisaje propio del Trío Blue fue ese, un debut entre los árboles, son- risas y el arte del que nace el Bosque de los Artistas.

Mar Pérez (trompeta - teclados), Miguel Ángel Santacruz (piano - teclados) y Ale Leju (viola - violín) son la génesis de este proyecto cuyo primer álbum “Microfantasías” encierra nostalgia, ensoñación, infancia, y amor, atravesado por el factor acuático como un torrente determinante. Así como el agua se lleva cosas a su paso, en el recorrido ellos recogieron en sus olas a otros navegantes de la música como Paula Rodríguez (contrabajo), Nelson Sosa (flauta traversa - guitarra) y Arturo Benítez (corno), quienes como invitados sumaron su magia en una noche ya de por sí llena de hechizos.

Sumergidos en los sonidos, el tiempo afuera del Bosque se detuvo, y las horas pasaron a apropiarse de la emoción como unidad de medida. El repertorio incluyó sus “Microfantasías” como la Suite “Minimal”, “Gigi”, “May y sus luces” y “Piscis Mood”, donde es evidente la influencia del universo Ghibli. Pero aprovecharon la ocasión para estrenar obras que formarán parte de futuros álbumes. En ese sentido el próximo tendrá nuevamente ese componente acuático e introspectivo con obras como “Il pesce melancólico” (que nos paseó por “El secreto del arrecife de coral”, de Jacques-Yves Cousteau, en Super-8, gracias a Amancay Stumpfs de Espectro Laboratorio); “La marea” o “Fragmentos”. Esta última compuesta por piezas inspiradas en la pintora española surrealista Remedios Varo, cuyas pinturas apreciamos en pantalla.

Pero emergiendo de las profundidades del agua, el trayecto que proyecta el Trío Blue para un futuro tercer álbum nos eleva al inmenso espacio con “Reverie des étoiles” o “5:37”, donde indagan en lo intergaláctico y la ensoñación sobre las estrellas y planetas.

Cada obra del Trío Blue es así un vehículo que nos lleva a viajar a diferentes historias, a mundos imaginarios de infinitos colores que cobran vida de la mano de sus instrumentos que plasman sus sentires. Así como los seres humanos nos relacionamos, también sus instrumentos dialogan parados desde diferentes lugares anímicos y emocionales.

Este proyecto sin dudas evoca imágenes y propone caminos a los que nos llevan con seguridad, respeto y sensibilidad. Así imagino estar en la película “The Life Aquatic with Steve Zissou”, de Wes Anderson, o adentrarme en las maravillas de “Veinte mil leguas de viaje submarino”, libro de Julio Verne. Al transportarnos al espacio voy desde “Le Voyage dans la Lune”, de George Méliès, hasta el silencio que reina en el extenso manto que es el espacio exterior. Eso generan ellos y nos llenan de luces cual atmósferas inundadas de cuerpos celestes.

Trío Blue es todo lo que uno quiere que sea personalmente. Si bien los integrantes tienen su propio bagaje sonoro y emocional, su música deja de ser suya en el momento en que nosotros entramos en comunión con ellos. La unión en común. Así ese día actuaron ante un público que, protocolos mediante, llenó el lugar a tope de la capacidad permitida para eventos culturales. Con mucha concentración, atención y respecto, el silencio reinó entre la audiencia, que se mostró también en ese estado de conmoción, alegría, paz y efervescencia cada vez que culminaba una obra y los aplausos se elevaban hasta el escenario que se encuentra ubicado en un piso superior.

El agua limpia todo y la vía láctea nos arrulla en su inmensidad, así como el Trío Blue que con su música lava nuestras heridas infligidas por una vida a veces atribulada y caótica. Con su música, que es también lo cotidiano, ellos nos mecen y nos recuerdan que ese arte es parte de las cosas sin las cuales no podemos vivir.

La devoción que vuelcan en su fluir nos recuerda que para crear no hay límites, y que si hay fronteras son solo las del ser, las que nos autoimponemos como humanos. El Trío Blue nos recuerda sobre todo el amor a la libertad, a la vida. La belleza que significa vivir abrazando los claroscuros del alma.

victoria.martinez@abc.com.py

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