La revolución musical de Mangoré resuena en jóvenes compositoras

Mangoré fue un adelantado de su tiempo. Incomprendido en su país por muchos y hoy reconocido como uno de los más grandes creadores. Inspiradas en su emblemática “La Catedral”, tres compositoras estrenaron piezas desde una visión personal, en el primer concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional.

La “Libertad inquietante”, de Fátima Abramo, fue representada por ensamble y tenor.
La “Libertad inquietante”, de Fátima Abramo, fue representada por ensamble y tenor.Archivo, ABC Color

En un escenario muy diferente al que albergó el estreno de “La Catedral” hace 100 años (16 de abril de 1921 en Montevideo) como también en un contexto único, se dio el estreno de las obras de Mar Pérez, Fátima Abramo y María Eugenia Benítez.

El Teatro Municipal “Ignacio A. Pane” recibió así a un público reducido, a causa de las restricciones sanitarias, pero amplio a la hora de celebrar estas creaciones que vieron la luz en el concierto denominado “Los ecos de La Catedral”. Ello surgió tras la apuesta de la OSIC, mediante su director Diego Sánchez Haase, de dar alas a la vena compositora de algunos de sus integrantes.

En formato camarístico, la trompetista Mar Pérez presentó “El Mangoré de mi tiempo” dando vuelo libre a una creatividad que brilló en los vientos de Germán Recalde (corno), Óscar Martínez (trombón bajo), y en la destreza de Fabio Adorno en timbales y percusión. Embebidos en un temple entre juguetón y hasta frenético, pintaron imágenes sonoras que coqueteaban con lo performático y cinematográfico. Si Mangoré fuera el protagonista de un filme de acción neo-noir, esta sería su banda sonora.

Con el público sumergido en ese cuadro cinematográfico, luego llegó “Sanapmac” (revés de “campanas”), de María Eugenia Benítez. Fue interpretado por Alicia Aquino (violín), Édgar Santander (oboe) y Alejandro Ríos (contrabajo), quienes desplegaron la intimidad de una pieza marcada por un sentir reflexivo e intenso. Lo entrañable de las notas largas y profundas podrían ser una propuesta a un viaje al interior de uno mismo.

Tras estar flotando en las cuerdas y la dulzura del oboe, irrumpió después “Libertad inquietante”, de Fátima Abramo, basada en el poema “El Bohemio”, escrito por el propio Barrios. Esto fue retratado por un ensamble integrado por Rocío Cáceres (flauta y piccolo), Fany Gamarra (oboe y corno inglés), Leticia Rodríguez (violín), Alexander Da Silva (arpa paraguaya y arpa clásica) y Raquel Matiauda (contrabajo). A ellos sumó su voz el tenor José Mongelós. “El arte va alumbrando mi camino”, sentencia la poesía cantada en una electrizante propuesta que estaba imbuida de una personalidad que rozaba la ópera rock, aunada en las mieles del 6x8.

Tres proposiciones musicales que dan una amplia paleta de cómo la composición transita distintos senderos, así como lo hizo Mangoré con su inventiva.

Además, el concierto incluyó la obra que no podía faltar: “La Catedral”, en arreglo para guitarra y orquesta de cuerdas, de José Bragato. El guitarrista Javier Acosta Giangreco honró esta composición con una ejecución pulcra, y en la que no faltó una emoción que abrazó a la platea. Asimismo, la OSIC envolvió con seguridad a las seis cuerdas, bajo la dirección de Sánchez Haase.

Mientras afuera el cielo desataba un bálsamo de agua, adentro la paz llegaba con el Concierto de Brandemburgo Nº 4 BWV 1049, de J. S. Bach con Patricia Barrios (violín), Maximiliano Martínez, (flauta de pico 1) y Luis Vera Resquín (flauta de pico 2) como solistas, quienes se deslizaron de manera sensible por los apacibles senderos de Bach. Si bien también afuera el mundo, el país, son lugares hostiles, siempre habrá música de ayer y hoy para sostenernos, y para trazar sonoramente las inquietudes, vivencias y sentires de quienes la crean.