Narciso: Un espejo que atraviesa el tiempo

El elenco, producción y dirección de Narciso conversó con ABC Revista.
El elenco, producción y dirección de Narciso conversó con ABC Revista.

El estreno de una película en Paraguay es siempre una celebración doble. Por un lado, representa la culminación de una proeza colectiva; por otro, se constituye como un nuevo punto de archivo para nuestra memoria histórica. Bajo esa premisa, el desembarco de “Narciso” en las pantallas nacionales representa un ejercicio de resistencia cultural que busca iluminar las sombras de 1959 para entender las grietas de nuestro presente. En esta conversación coral, el elenco y la producción desglosan las capas de una obra que, antes que respuestas, nos devuelve preguntas incómodas pero necesarias sobre nuestra propia libertad.

Actualmente en las salas de cine de Paraguay, Narciso (2026) llega precedida por un importante recorrido internacional, habiendo sido galardonada con el prestigioso premio FIPRESCI de la crítica internacional en el Festival de Cine de Berlín (Berlinale).

Bajo la dirección de Marcelo Martinessi, la película se sumerge en la Asunción de fines de la década del 50 para narrar la historia de Narciso Arévalos, un joven cuya vitalidad y conexión con el rock and roll se ven truncadas por una muerte rodeada de silencios.

Basada en la novela homónima de Guido Rodríguez Alcalá, inspirada a su vez en el asesinato del locutor Bernardo Aranda, ocurrido en 1959, la cinta utiliza este caso para explorar las tensiones de una sociedad bajo el inicio de la dictadura de Stroessner, convirtiendo un episodio real en una reflexión universal sobre la represión y el deseo.

Diro Romero, quien interpreta a Narciso, junto a Marcelo Martinessi, director de la película.
Diro Romero, quien interpreta a Narciso, junto a Marcelo Martinessi, director de la película.

La piel de la memoria

Para el equipo actoral, participar en Narciso supuso un viaje de ida y vuelta entre la ficción y la realidad paraguaya. El hilo conductor de sus testimonios deja en claro que la película es necesaria porque el pasado no ha terminado de pasar.

Las actrices Natalia Cálcena y Belén Vierci coinciden en que la rigurosidad estética es el primer puente hacia esa memoria. “Es un ambiente exacto de cómo se vivía; hubo casi cuatro años de investigación”, señala Cálcena, destacando la labor de dirección de arte de Carlo Spatuzza. Para Vierci, esa precisión permite comparar comportamientos sociales: “Aunque cambió la forma, se mantienen conductas como la falta de libertad. El núcleo de la película es mostrar mundos que se conocen poco, como el del radioteatro, vital para la sociedad de entonces”.

Ese reconocimiento del presente en el espejo de 1959 es una constante. Aníbal Ortiz observa con preocupación que muchas de las cosas que pasan en la película “siguen reflejadas hoy en día”. Para Ortiz, la película es un aporte urgente a la educación: “La cultura es evolución, y en Paraguay todavía nos falta mucho camino”. Maca Candia amplía esta visión hacia una escala regional: “Es importante preguntarnos cómo estamos hoy. Latinoamérica entera se va a sentir identificada porque estos ciclos se repiten”.

Florencia Boccia, Macarena Candia, Margarita Irún, Natalia Cálcena y Belén Vierci.
Florencia Boccia, Macarena Candia, Margarita Irún, Natalia Cálcena y Belén Vierci.

Desde la perspectiva de las nuevas generaciones, Florencia Boccia destaca el papel de la empatía. “Para los más jóvenes, que solo escuchamos estas historias por la familia, la película es un ejercicio de memoria a través de la empatía con personajes que buscan su libertad”, explica.

Finalmente, Diro Romero, quien encarna al carismático Narciso, resume el dilema ético que la película plantea al espectador: “¿Dónde estamos posicionados nosotros? ¿Somos Narciso buscando libertad? ¿Somos Goya queriendo mantener el orden? ¿O somos Lulú, viviendo una vida falsa por presión social?”. Para Romero, el ejercicio que propone el filme es el de la identificación: “Todos tenemos algo de Narciso: todos queremos ser quienes somos”.

Aníbal Ortiz, Arturo Fleitas, Diro Romero, Marcelo Martinessi, Sebastián Peña y Manuel Cuenca.
Aníbal Ortiz, Arturo Fleitas, Diro Romero, Marcelo Martinessi, Sebastián Peña y Manuel Cuenca.

El andamiaje del sueño

Detrás de la potencia emocional de las actuaciones, se encuentra una estructura de producción que desafía los límites del mercado local. Sebastián Peña, productor general, define el cine paraguayo como una gesta de “caraduras”.

“Si esperáramos a que se den las condiciones, nunca se haría nada”, afirma Peña. Narciso es una coproducción de siete países, una arquitectura administrativa incluso más compleja que la de Las Herederas. Según el productor, esta internacionalización no es solo financiera, sino creativa: “Cada país aporta profesionales que suman capas narrativas y operacionales, logrando un proyecto sólido que pudo desembarcar con fuerza en la Berlinale y ahora en Paraguay”.

Sin embargo, Peña nota un cambio de paradigma en las políticas públicas y el sector privado. “Hoy tenemos un Instituto Nacional de Cine por el cual peleamos décadas”. Entonces para él el mensaje para el sector empresarial es muy claro: el cine no es solo cultura sino una inversión de posicionamiento nacional. “El cine tiene un retorno enorme para el país, ubicándonos en escenarios internacionales sumamente exigentes”, concluye.

Sebastián Peña, Marcelo Martinessi y Belén Vierci.
Sebastián Peña, Marcelo Martinessi y Belén Vierci.

El cine como territorio de memoria

Para cerrar este recorrido, es fundamental acudir a la visión de quien orquestó este universo de sombras y luces. Marcelo Martinessi, quien más que dirigir una película, con ella propone una reflexión sobre cómo habitamos nuestra propia historia. Al consultarle sobre esa dualidad tan palpable en el filme, donde la aparición del rock and roll choca contra la asfixia dictatorial, el director explica que esa fricción ya latía en la novela de Guido Rodríguez Alcalá:

“Por un lado, un orden que comenzaba a endurecerse, a organizarlo todo desde la vigilancia y el control; por otro, un pulso nuevo, una forma distinta de moverse, de desear, de estar en el mundo. Belleza y violencia comparten atmósfera, y más que el encuadre en sí, se disputan todo el campo sensorial. La película nace en esa disputa”.

Martinessi remarca que la llegada del rock and roll en la cinta no es una irrupción ruidosa, sino un proceso más sutil: “(El rock and roll) no irrumpe como una explosión, sino como un temblor. Es algo incipiente, que encuentra pequeñas grietas para manifestarse. Un gesto que no logra desplegarse del todo, porque hay algo alrededor que lo contiene, que lo observa”.

Marcelo Martinessi.
Marcelo Martinessi.

El espejo y la huella

La Asunción de finales de los 50 que retrata Narciso se siente, para muchos, como un reflejo inquietante de la actualidad. Sobre esta conexión entre épocas, Martinessi reflexiona que no buscaba simplemente reconstruir un pasado cerrado, sino rastrear sus huellas:

“Hay algo de ese momento —en apariencia lejano— que sigue vibrando en el presente, como si ciertas formas de poder, de miedo o de silencio no hubieran desaparecido del todo, sino que simplemente hubieran tomado otra forma. [...] La historia del Paraguay nos expone al riesgo de naturalizar formas autoritarias de relacionamiento que se mantienen hasta hoy en los gestos más pequeños, en los vínculos, incluso en las miradas. Y frente a eso, persiste también esa otra fuerza: la necesidad de encontrar espacios de fuga, aunque sean mínimos, aunque sean frágiles. Tal vez por eso la película puede sentirse como ese ‘espejo deformado’ que no nos devuelve una imagen exacta del presente, sino una resonancia. Algo que nos obliga a preguntarnos cuánto de aquello sigue habitándonos, y de qué maneras seguimos negociando —individual y colectivamente— con esas mismas tensiones”.

Película Narciso
Belén Vierci, Marisa Cubero, Arturo Fleitas, Alberto Sánchez y Natalia Cálcena.

La construcción del sujeto: vulnerabilidad y silencio

A la hora de trabajar con el elenco y construir la fragilidad que exudan sus protagonistas, el director enfatiza la importancia de proteger lo que cada actor trae consigo.

Respecto a la construcción de los personajes y su labor con Diro Romero, el director expresó: “Para mi trabajo es fundamental cuidar y proteger la fuerza o la vulnerabilidad irrepetible que un actor trae consigo al set. Hay en cada uno de ellos algo orgánico, profundamente personal — tal vez como una memoria — que no se puede fabricar y que es, en definitiva, lo que completa la vida de un personaje, lo que le da una marca de identidad. En ese sentido, preciso estar muy atento a lo que surja de cada intercambio entre actor y director, en ese espacio donde lo escrito (guion, diálogos) se tensa, se desnuda o incluso se contradice. La forma final del personaje siempre está atravesada por las experiencias y las intuiciones de quien lo encarna”.

Asimismo, explicó que no busca “fijar” completamente a los actores, sino “permitir que algo de su incertidumbre permanezca vivo durante el rodaje”. “Porque, en el fondo, esa fragilidad es una forma de estar en el mundo en ese momento. Con Narciso (el personaje) se sumó la complejidad de ser alguien que se va construyendo a partir de las miradas e impresiones de los demás. Creo que para Diro ha sido esencial buscar una forma de habitar esa ‘exposición’ al público, sin perder sus propias inseguridades. Y confiar en que en esa búsqueda —a veces contradictoria— podía aparecer algo muy verdadero, más cercano a la experiencia de alguien que está, justamente, empezando a volverse quien es”, indicó.

Película Narciso
Margarita Irún, Mona Martínez, Natalia Cálcena y Manuel Cuenca.

La poética de los márgenes: el cine de lo no dicho

A lo largo de su filmografía, desde sus primeros cortometrajes hasta el impacto global de Las Herederas, la cámara de Martinessi parece haber desarrollado una obsesión por lo que queda fuera del encuadre, por los silencios y por aquellas historias que habitan los márgenes de los relatos oficiales.

Al consultarle sobre si su mirada mutó al enfrentarse a una herida tan real de nuestra memoria histórica como la de Narciso, el director ofrece una reflexión que vincula su pasado con este presente:

“A pesar de haber trabajado mayormente en el territorio de la ficción, siempre hay algo documental –visible o no– como punto de partida de cada corto o largometraje que hice (Karai Norte, La Voz Perdida, Las Herederas, entre otros). Y siempre hay una tensión que provoca aquello que los personajes no consiguen expresar. En ese sentido, Narciso no es una excepción, sino una continuidad. No sé si mi mirada mutó tanto como se fue complejizando en el diálogo con otros”.

Martinessi enfatiza que este proceso no es solitario, sino una construcción colectiva donde la sensibilidad de sus colaboradores históricos ha sido determinante para dar forma a la Asunción de 1959, una ciudad de la que existe muy poco registro visual:

“Vengo trabajando desde hace más de dos décadas con el director de arte Carlo Spatuzza y con el director de fotografía Luis Arteaga, y siento que en esta película el aporte de ellos dos ha sido determinante. Había un desafío claro: construir la vida cotidiana de Asunción de finales de los 50. Entonces, abandonamos la ilusión de poder representarla por completo, aceptamos sus vacíos. La película se mueve en ese territorio ambiguo, donde conviven elementos muy materiales, con una dimensión imaginada”.

Carlo Spatuzza.
Carlo Spatuzza.

El regreso a casa

Estrenar en Paraguay otorga a la obra una dimensión distinta, una suerte de “devolución” al lugar donde la historia siempre estuvo latente. Al preguntarle qué desearía que despierte la película en el espectador, Marcelo Martinessi se aleja de las imposiciones y apuesta por el poder de la penumbra:

“Es difícil decirlo, porque una reflexión profunda es siempre un acto muy personal. Y el cine abre camino para pensarnos. Somos testigos de una época saturada de imágenes, donde todo parece estar dicho, mostrado, iluminado hasta el exceso. Yo creo -cada vez más- en una narrativa cinematográfica donde lo que no se ve termina teniendo tanto peso como lo visible. En Narciso hay una obsesión con la oscuridad, entendida como un espacio donde aparecen los miedos (los monstruos) y los deseos de cada personaje, tal vez también los de cada espectador. La oscuridad es, además, en Paraguay, el territorio de la memoria. Narciso es una película que no se impone, sino que se ofrece como una suma de fragmentos de lo real y de lo imaginado”.

Pelicula Narciso, Diro Romero
El personaje principal de Narciso es Diro Romero.

Fotos de sesión: Contentlab | Periferia - Dirección: Richard Figueredo - Fotografía: José María Riveros - Asistencia: Aldo Lezcano, Agustín Fernández.