La OSCA emociona con obras cautivantes

La Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA) entregó el jueves último una inspirada presentación como parte de su Ciclo de Abono, en el Teatro Municipal. Bajo la batuta del suizo Thomas Herzog, el grupo estrenó en Paraguay atrapantes obras de Alexander Glazunov y Volkmar Andreae. En la última se destacó el oboísta uruguayo Federico Curti.

El oboísta uruguayo Federico Curti junto a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción, bajo la dirección de Thomas Herzog.
El oboísta uruguayo Federico Curti junto a la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción, bajo la dirección de Thomas Herzog.Gentileza

El concierto abrió con las Dos melodías elegíacas, del noruego Edvard Grieg, en un concierto que estaría muy marcado por el romanticismo. Dulces y apacibles pero también grandiosas a la vez, estas melodías sacaron así, al inicio, lo más profundo de las cuerdas que sonaron muy inspiradas, bajo la acertada dirección de Herzog.

Seguidamente fue el momento de presentar al solista invitado de este concierto, el oboísta uruguayo Federico Curti, quien acompañó a la OSCA para el Concertino para oboe y orquesta, del compositor y director de orquesta suizo Volkmar Andreae. Este fue así el estreno en Paraguay de esta obra muy poco tocada, de un creador del que muy poco se conoce.

Dividida en tres movimientos, esta obra encantadora fluye armoniosa haciendo que el oboe emane toda su expresividad. Curti tiene un sensacional dominio técnico del instrumento, pero es a la vez muy carismático en su desenvolvimiento escénico. Son así las palpables emociones que logra generar con su oboe lo que hacen de él un músico singular.

En toda la obra el instrumento solista casi no descansa, lo que permite notar que es todo un reto para el artista. Pero en su paseo virtuoso por cada movimiento, el oboe de Curti se enlazaba, por partes, con los demás sonidos, como el del violín o la flauta traversa, lo que hace a la composición efectiva, emocionante y sorprendentemente atractiva. El público entregó largos y cálidos aplausos, ante tamaña interpretación.

La gala culminó con otra obra que tampoco se toca mucho, de otro compositor tampoco muy interpretado: la Sinfonía Nº 5 de Alexander Glazunov, llamada también “Heroica”, que constituyó también otro estreno en el país. La orquesta a pleno irradió con energía los cuatro movimientos escritos por este creador ruso.

Tras una introducción pausada, el primer movimiento va ganando cuerpo, extendiéndose así una melodía grandiosa y amplia, con la que Glazunov presenta su obra. En el scherzo, segundo movimiento, ya se siente impregnada la esencia rusa.

Con sensibilidad, la obra pasa por un andante donde la orquesta suena exuberante, para culminar aún más vigorosa, intensa y chispeante con el allegro maestoso, que corona esta pieza que gracias a la OSCA se tuvo el placer de conocer, así como la de Andreae. Obras que Herzog supo también guiar con maestría y plena entrega.

victoria.martinez@abc.com.py