Air Supply en Paraguay: la vigencia de la sensibilidad

Músicos de Air Supply en el escenario, vestidos con trajes brillantes, interactuando bajo luces coloridas durante un concierto.
Graham Russell y Russell Hitchcock en un momento del show, el pasado jueves en el SND Arena.Pedro Gonzalez

Air Supply llenó el SND Arena de Paraguay con algo que hoy parece cada vez más raro: canciones capaces de detener el tiempo. Entre baladas inmortales, armonías intactas y hasta un inesperado momento de poesía, el dúo australiano recordó por qué ciertas músicas sobreviven a todas las épocas.

Hay algo sumamente conmovedor en ver un estadio lleno para escuchar baladas. No canciones pensadas para acompañar un video de quince segundos ni para sonar de fondo en un algoritmo apurado. Baladas. Canciones que hablan de amor, de pérdida, de espera, de soledad. Canciones donde alguien todavía se toma el tiempo de decirle algo importante a otro ser humano. Eso ocurrió el jueves pasado en el SND Arena de Paraguay, durante el concierto de Air Supply.

El recinto estaba lleno. No desbordado, no convertido en una estampida nostálgica, sino lleno de personas que decidieron reunirse alrededor de canciones que siguen respirando décadas después de haber sido escritas. Y ahí aparece algo interesante: reducir un fenómeno así a la nostalgia sería injusto. La nostalgia sola no llena un estadio. Lo que llena un estadio es el significado.

Había gente cantando a los gritos. Personas con los ojos vidriosos. Algunas secándose lágrimas mientras seguían cada palabra como si las canciones todavía les pertenecieran íntimamente. Y quizá así sea. La música tiene ese poder extraño: guardar historias ajenas hasta que terminan convirtiéndose en propias.

Banda en el escenario durante el concierto, con guitarrista principal iluminado y público disfrutando con teléfonos móviles.
La banda Air Supply llevó a cabo un emocionante concierto en SND Arena, cautivando a los asistentes.

Air Supply apareció sobre el escenario como si el tiempo hubiese decidido hacer una excepción con ellos. Las voces de Russell Hitchcock y Graham Russell permanecen intactas, milagrosamente claras, sostenidas por armonías que todavía suenan enormes. Detrás, una banda impecable, elegante, incluso acompañada por cuerdas, le daba a cada canción un peso emocional todavía mayor. No había cinismo ni distancia irónica. Había entrega absoluta a la melodía.

Y entonces uno entiende que el verdadero poder de las baladas nunca estuvo en la cursilería de sus detractores, sino en su honestidad. En la capacidad de decir sentimientos enormes sin esconderse detrás del sarcasmo.

La lista de canciones terminó funcionando como una especie de defensa de la sensibilidad. Porque Air Supply nunca tuvo miedo de escribir sobre la fragilidad humana, sobre la necesidad de otro, sobre el amor como refugio. Ahí estaban “Sweet Dreams” y “Goodbye”, hablando de despedidas inevitables, de esos vínculos que incluso cuando terminan siguen dejando habitaciones encendidas dentro de uno. Y poco después “Even the Nights Are Better” parecía responderle a esa tristeza con otra idea igual de simple y poderosa: que a veces la sola presencia de alguien puede volver soportable la oscuridad.

Cantante principal de Air Supply en traje brillante, rodeado de banda, actuando ante una multitud con teléfonos en mano.

En varios momentos el concierto pareció insistir en algo casi “fuera de época”: la importancia de mostrarse vulnerable. “Just as I Am” proponía justamente eso, ser querido sin máscaras, mientras “Here I Am” ofrecía la otra cara de la misma moneda: estar ahí para alguien cuando todo alrededor se desmorona. Y en canciones como “Chances” o “The One That You Love” aparecía esa incertidumbre emocional tan humana, esa necesidad desesperada de saber si el amor que uno entrega realmente encuentra respuesta.

Lo más impresionante es que ninguna de estas canciones suena vieja o pasada de moda. Porque justamente las buenas baladas no dependen de modas; dependen de emociones reconocibles. Por eso “Two Less Lonely People in the World” todavía puede conmover a un estadio entero: porque sigue hablando de algo esencial, de la esperanza de encontrar a alguien que vuelva el mundo un poco menos hostil. Lo mismo ocurrió con “Lost in Love” e “I Can Wait Forever”, canciones atravesadas por la entrega total, por esa forma casi dolorosa de permanecer emocionalmente disponible incluso cuando no hay garantías de nada.

Y entonces llegó uno de los momentos más extraños y hermosos de la noche. Los músicos abandonaron el escenario y Graham Russell quedó solo para compartir poesía. Poesía. En medio de un mundo acelerado, hiperestimulado, donde todo parece diseñado para impedir el silencio, un concierto multitudinario se permitió una pausa para escuchar palabras, sin apuro ni golpes de efecto, solo la voz y el tiempo.

Una mujer en vestimenta negra toca un violonchelo eléctrico, junto a un hombre con guitarra azul y chaqueta brillante, en un escenario iluminado.
Graham Russel, guitarra y vocalista.

El tramo final terminó de confirmar el poder intacto de esas canciones. “Making Love Out of Nothing at All” apareció enorme, teatral, intensa, llevando el dramatismo romántico hasta un punto casi épico. Después llegó “Without You”, probablemente una de las baladas definitivas sobre la ausencia, y finalmente “All Out of Love”, convertida ya no solo en canción sino en himno colectivo. Miles de personas cantándola como si todavía encontraran algo suyo ahí dentro.

Y finalmente, dentro de todo eso, se puede entender el “fenómeno”, que Air Supply no sigue llenando recintos porque el público quiera revivir el pasado; sigue llenándolos porque hay canciones que todavía saben acompañar la vida de las personas.

Porque quizás algunas melodías envejecen, pero otras, definitivamente permanecen. Y eso fue exactamente lo que ocurrió el pasado jueves en el SND Arena. Y al final, eso también es el poder de la música: conservar emociones intactas mientras todo lo demás cambia.

Vocalistas de Air Supply en el escenario, uno con guitarra eléctrica y otro en atuendo brillante, mientras el público graba el evento con teléfonos.