Para Kelly ou moi, la música nunca apareció como una revelación repentina ni como una decisión consciente. Estuvo presente desde siempre, integrada a la vida cotidiana de una casa donde las canciones formaban parte del ambiente natural.
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Creció en Agen, una ciudad del suroeste francés, rodeada de guitarras, voces y ensayos permanentes, en gran parte gracias a su madre, también cantante. Antes de pensar en escenarios o discos, la música ya era una forma de convivencia y de comunicación familiar. Entre las primeras influencias que recuerda aparece Serge Gainsbourg, una de las figuras más emblemáticas de la “chanson française”, aunque una parte importante de su sensibilidad artística nació más adelante, cuando su familia se mudó temporalmente a Córcega.
La experiencia en la isla mediterránea terminó marcando su manera de entender el canto. Allí descubrió la tradición polifónica corsa, construida a partir de varias voces que se entrelazan y generan armonías cargadas de intensidad emocional.
Kelly recuerda aquellos años como un período de aprendizaje intuitivo, en el que comenzó a cantar canciones en corso y a percibir la música no solamente como melodías, sino también como un espacio colectivo donde las voces dialogan entre sí. Más adelante regresó y empezó a integrarse en bandas adolescentes, hasta que poco a poco encontró un camino propio como solista, tocando guitarra y cantando en bares, restaurantes y también en las calles.

Fue justamente durante esa etapa más independiente cuando apareció una invitación inesperada para participar en The Voice Francia. Su primera reacción fue rechazar la propuesta. La televisión, admite hoy, le parecía un espacio demasiado superficial y alejado de la relación auténtica que ella buscaba construir con la música. Sin embargo, terminó aceptando cuando sintió que ya tenía algo personal para mostrar: canciones propias, una identidad artística en formación y una necesidad genuina de compartir lo que escribía.
La experiencia terminó llevándola hasta las instancias finales del programa entre más de 10.000 participantes, aunque también le dejó una sensación ambigua respecto a la exposición mediática y a la imagen que veía de sí misma en pantalla. “Era muy joven todavía”, recordó durante la charla. “No era la imagen que me gustaba de mí misma”.
Lejos de intentar prolongar el perfil televisivo que había ganado notoriedad, Kelly decidió tomar distancia y reconstruir su camino artístico desde un lugar mucho más íntimo y personal. Así nació “Première Plume”, su primer álbum, cuyo título hace referencia a las primeras letras y composiciones que escribió.
El disco funciona como una especie de autorretrato emocional, atravesado por historias personales y vínculos familiares. Entre las canciones hay incluso una dedicada a su tío, quien quedó tetrapléjico a los 14 años tras un accidente. Para ella, escribir canciones nunca tuvo que ver con construir una figura de celebridad, sino con encontrar una forma honesta de transmitir experiencias humanas.
“No hago música para brillar o simplemente para ser cantante”, explicó. “Lo importante es transmitir mensajes”. Esa idea atraviesa también el significado de su propio nombre artístico. Kelly ou moi (Kelly o yo) funciona como un juego abierto que puede interpretarse de distintas maneras: como un diálogo interno, como distintas facetas de una misma persona o incluso como la posibilidad de que cualquiera pueda verse reflejado en sus canciones, según lo explica ella. Más que una identidad cerrada, el nombre parece resumir la manera en que entiende la música: un espacio compartido donde las experiencias personales se vuelven universales.
Con el paso de los años, esa búsqueda dejó de limitarse a Francia. La artista tomó su guitarra y comenzó a viajar por distintos países, transformando los recorridos en una parte esencial de su proceso creativo.
Nepal, India, Indonesia, Colombia, Ecuador, Brasil, Argentina y ahora Paraguay forman parte de una experiencia donde la música funciona sobre todo como puente entre culturas. Más que el turismo tradicional, Kelly busca convivir con las personas, cocinar junto a ellas, compartir historias y descubrir formas diferentes de relacionarse con el mundo. Según cuenta, muchas de las cosas que más la inspiran no nacen necesariamente de las palabras, sino de gestos pequeños: una sonrisa, una mirada o un momento compartido con alguien desconocido.

Esas experiencias ya están dando forma al próximo álbum que planea lanzar. A diferencia de Première Plume, que tenía un carácter mucho más autobiográfico e introspectivo, el nuevo material estará atravesado por los sonidos y encuentros recogidos durante sus viajes. La artista adelantó que el disco incorporará instrumentos tradicionales de India, influencias latinoamericanas y colaboraciones surgidas en distintos países. Más que apropiarse de otras culturas, su intención es construir una obra atravesada por los intercambios humanos que fue viviendo durante estos años.
Durante la conversación, Kelly también reflexionó sobre cómo viajar transformó su manera de percibir a las personas y las dinámicas sociales. En tono distendido, comentó que muchas veces siente que en Francia la gente “grita mucho”, mientras que en lugares como Paraguay o India encontró una relación más tranquila, curiosa y abierta hacia el otro. Esa capacidad de escuchar y compartir es precisamente lo que hoy más valora tanto en la vida cotidiana como en la música.
Tal vez por eso los espacios íntimos terminaron siendo mucho más importantes para ella que las grandes plataformas de exposición. Aunque reconoce la utilidad de programas como The Voice para alcanzar visibilidad, siente que existe una diferencia enorme entre cantar frente a cámaras y hacerlo en un lugar pequeño donde puede mirar directamente a las personas. Para Kelly, la música pierde parte de su sentido cuando se vuelve distante. “En la televisión no ves nada. Es muy lejano”, afirmó. “En los lugares pequeños puedes mirar a la gente a los ojos”.
Ese espíritu será justamente el que buscará trasladar al concierto que ofrecerá este martes en la Mediateca de la Alianza Francesa de Asunción, donde estará acompañada del músico paraguayo Dominique Bernal. En un formato reducido y cercano, interpretará canciones propias, clásicos franceses, boleros y algunas piezas en español, idioma que también intenta incorporar en cada lugar que visita como una forma de acercarse culturalmente al público. Incluso dejó abierta la posibilidad de animarse a cantar algunas palabras en guaraní.
Más que un recital convencional, Kelly ou moi imagina el encuentro como una experiencia de intercambio. Una invitación mutua entre personas que quizás no compartan el mismo idioma, pero sí la posibilidad de entenderse a través de la música. “Que la gente sea curiosa”, dijo al pensar en el público paraguayo. “La música es un medio universal para comunicar”.
El concierto será específicamente en la Mediateca de la Alianza Francesa de Asunción (Mcal. Estigarribia 1039) y el acceso será libre y gratuito.
