Pero detrás de la celebración de este género hay una pregunta que no siempre resulta tan sencilla de responder: ¿qué hace que una polca sea paraguaya? Para el músico, director de orquesta, compositor y musicólogo paraguayo Luis Szarán, la historia comienza mucho antes de que la denominación terminara de asentarse y tiene que ver con un largo proceso de fusión cultural.
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“Según mis estudios ya hay señales en la época de la colonia. Tiene que ver mucho con la fusión de la música española que llegó, principalmente, donde ya hay señales de lo que sería el origen de nuestra polca paraguaya”, explica Szarán, en conversación con ABC Color.
A ese proceso se sumó, durante el siglo XIX, la llegada de la polca europea, una danza surgida en Bohemia, región de Europa central, que alcanzó una amplia difusión internacional. En Paraguay, su nombre terminó asociado a una música que adquirió características propias.
“El problema es que tiene ese nombre genérico europeo, no se adoptó un nuevo nombre”, señala Szarán. La denominación permaneció, pero el desarrollo musical tomó otro camino.

Una polca distinta
Una de las principales diferencias está en el ritmo. Mientras la polca europea se construye sobre una base binaria, la polca paraguaya combina ritmos binarios y ternarios, generando una particular complejidad rítmica.
“Hay una expresión que se usa que es el sincopado paraguayo, que es lo que le hace diferente de la zamba, de la cueca, de la chacarera y de otras”, explica Szarán.
El director describe esa característica como una combinación en la que “la polirritmia va en tres tiempos y la melodía claramente en dos”, a lo que se suman síncopas, anticipaciones y acentos particulares.
En sus apuntes para una nueva edición de su Diccionario de la música del Paraguay, Szarán desarrolla esta idea y señala que la superposición de un acompañamiento de carácter ternario y una melodía binaria produce una síncopa permanente. Es, para él, una de las marcas que permiten identificar musicalmente al género.
También encuentra particularidades en su construcción armónica. Según sus estudios, algunas progresiones y formas de acompañamiento presentan similitudes con prácticas musicales de las misiones jesuíticas y de la época colonial. No se trata, sin embargo, de reducir el origen de la polca a una sola tradición, sino de entenderla como resultado de distintas capas culturales.

Una polca de muchas formas
Esa riqueza rítmica también permite que la polca paraguaya se exprese de maneras diferentes. Szarán habla de “muchas variantes” y explica que algunas se distinguen especialmente por el ritmo y el carácter.
La polca kyre’ỹ, por ejemplo, tiene un carácter “alegre y animoso”, mientras que la polca syryry presenta un movimiento más moderado, aunque conserva su condición bailable. La polca popó es más ligera y graciosa, vinculada a los saltos que realizan los bailarines; la polca saraki suele ser rápida y principalmente instrumental, y la polca yekutu recibe su nombre de una forma de marcar el paso en el lugar, como si se clavaran los pies sobre el suelo.
Otra expresión es la galopa, asociada a una mayor intensidad rítmica y especialmente a la interpretación de bandas. “Cuando tiene más énfasis, se remarcan los bajos, las bordonas, por ejemplo, en el caso del arpa”, explica Szarán para referirse a cómo los diferentes acentos y formas de acompañamiento también contribuyen a generar estas variantes.
Con el paso del tiempo aparecieron además expresiones más cercanas a la música popular contemporánea. Szarán menciona la polca jahe’o, vinculada a textos y cantos sobre el desamor, el abandono, la tristeza y la nostalgia, y también la polca electrónica, emparentada con estilos de la música tropical que alcanzaron gran popularidad.
Dentro de ese universo, la polca canción ocupa un lugar particular. Se trata de una forma más lenta y próxima al canto, hasta el punto de que Szarán señala su cercanía con la guarania.
La transformación de la polca también tiene nombres propios. A lo largo del siglo XX, compositores como Herminio Giménez, Mauricio Cardozo Ocampo, Félix Pérez Cardozo, Agustín Barboza y Eladio Martínez, junto a poetas y autores como Emiliano R. Fernández, contribuyeron a ampliar el repertorio popular. La música paraguaya también encontró grandes intérpretes y difusores internacionales, entre ellos Luis Alberto del Paraná, cuya trayectoria con Los Paraguayos llevó estas canciones a escenarios de numerosos países.
La lengua y el mestizaje
Cuando se habla de la polca paraguaya, también aparece con frecuencia la idea de una supuesta raíz indígena. Szarán propone hacer una distinción.
“Hay una de las confusiones con respecto a la polca, que es sobre su supuesto origen indígena”, sostiene. Según explica, las expresiones musicales indígenas de la región presentan, en general, estructuras diferentes a las de la polca paraguaya, por lo que considera más apropiado hablar de una fuerte presencia del idioma guaraní y de la cultura que de una influencia musical indígena directa sobre su estructura.
La lengua, además, tuvo que adaptarse a las formas de la poesía de tradición española. “En el caso de la polca se tuvo que someter la expresión gráfica guaraní a la dictadura de las formas clásicas de la poesía, de la métrica de la poesía española”, apunta Szarán.
Todo esto forma parte, para el musicólogo, de un proceso más amplio de mestizaje. “La fusión de las culturas entre los europeos y los nativos” se manifestó también en la cocina, la forma de vestir, las costumbres y las expresiones artísticas. La música fue parte de esa misma transformación.
Szarán recuerda además la explicación del musicólogo Juan Max Boettner sobre el proceso de apropiación de las danzas europeas. Según ese relato, mientras las clases populares observaban desde las ventanas las contradanzas, mazurcas y otros bailes de salón introducidos por los europeos, luego llevaban esas formas a las plazas y las reproducían “a su manera”, incorporándoles su propia sensibilidad, movimientos y formas de bailar. “Se fusionan los ritmos de las danzas vecinas”, resume Szarán.

Así, la polca paraguaya fue tomando una identidad propia a partir de múltiples elementos. Un nombre europeo quedó asociado a una música que encontró en Paraguay otras formas de ritmo, de canto, de poesía y de baile.
Más de un siglo después de aquellas primeras referencias a la polca en el país, el género continúa presente en la música popular paraguaya, con variantes que van desde las formas tradicionales hasta expresiones contemporáneas. Su historia no responde a un único momento de nacimiento ni a una única influencia, sino a un proceso en el que distintas músicas y culturas fueron encontrando una forma propia de sonar en Paraguay.
