“El escuadrón suicida”

Emotiva, irreverente, divertida y cómicamente violenta, la nueva versión del “Escuadrón Suicida” de DC Comics en el cine es otra prueba irrefutable que de James Gunn es uno de los mejores directores trabajando en películas de superhéroes en la actualidad.

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Warner Bros. Pictures

(Disponible en cines)

James Gunn hizo dos de las mejores películas del “Universo Cinematográfico Marvel”. Sus dos Guardianes de la Galaxia, junto con el Thor: Ragnarok de Taika Waititi y el Pantera Negra de Ryan Coogler son las películas dentro de ese canon que más se sienten como películas individuales con voces propias además de encajar sin problemas dentro de la narrativa general de ese universo interconectado de películas.

La decisión de los rivales de Marvel en el cine de superhéroes, Warner Bros. y DC Comics, de ficharlo para una nueva versión de Escuadrón Suicida inmediatamente luego de que Marvel lo echara de la tercera Guardianes por una controversia realmente tonta (una decisión sabiamente revertida luego) fue absolutamente inspirada.

A través de una trayectoria que nació en el seno del “cine chatarra” de bajo presupuesto de la factoría Troma de Lloyd Kaufman y se robusteció en provocadores e irreverentes filmes independientes de terror y violencia antes de hacer su salto al mundo de las superproducciones, Gunn se especializó en contar con tono picaresco y juguetón historias que bajo sus chistes inmaduros y ocasionales despliegues de chocante violencia ocultan una fascinación y afecto por las vidas de los fenómenos, los parias de la sociedad, por dinámicas de familia atípicas, por relaciones complicadas entre padres e hijos.

Y si bien El escuadrón suicida no llega a tener la elegancia o el impacto de los puntos altos de emoción de Guardianes de la Galaxia Vol. 2, sí es un gran ejemplo de todas las virtudes de Gunn como guionista y un notable salto en su calidad como director de acción.

Esta nueva película tiene casi cero conexiones con el Escuadrón Suicida de 2016, más allá del regreso de algunos personajes como Harley Quinn (Margot Robbie), Rick Flag (Joel Kinnaman), Capitán Búmeran (Jai Courtney) o Amanda Waller (Viola Davis), básicamente los únicos elementos salvables de aquella catástrofe cinematográfica.

En esta nueva historia, Amanda Waller junta un nuevo equipo de supervillanos entre los que están el letal sicario Bloodsport (Idris Elba), el soldado ultrapatriota Peacemaker (John Cena), la “flautista de Hamelin” Ratcatcher 2 (Daniela Melchior), el gigantesco hombre tiburón Nanaue (Sylvester Stallone) y el trastornado Polka Dot Man (David Dastmalchian), para enviarlos a Corto Maltese, una nación isleña en Sudamérica bajo el control de un dictador, para sabotear una investigación de naturaleza extraterrestre que podría suponer una amenaza para todo el mundo.

Resulta obvio que al traerlo a su equipo, Warner le dio a Gunn control total del filme, para bien y para mal (pero principalmente para bien).

Libre de las limitaciones inherentes de tener que hacer películas que encajen dentro del universo Marvel, y despojado de las ataduras de una calificación PG-13 (para todo público pero recomendada para mayores de 13 años según el ránking estadounidense), Gunn se da el gusto de escribir diálogos cargados de palabrotas y escenas de acción por momentos sorprendentemente gráficas en su brutalidad, aunque todo dentro de un tono bien caricaturesco que recuerda más a una compilación de “fatalities” de Mortal Kombat que ejemplos creíbles de violencia.

Pero la principal diferencia en lo técnico entre El escuadrón suicida y las películas espaciales de Gunn para Marvel es que en esta película el director logra escapar de la dimensión de las pantallas verdes y puede filmar en locaciones reales para variar, y eso le permite demostrar lo mucho que ha crecido como director de acción en sus últimas películas.

Su cámara es ágil, sus tomas son largas y claras y complementan de forma perfecta la coreografía marcial, brillando de forma especial en una excelente secuencia en la que Harley Quinn escapa de un centro de detención militar, en lo que parece una combinación entre los dos muy distintos pero finalmente compatibles estilos de coreografía de actores y cámaras de un musical de baile y un filme de acción a lo Hong Kong.

La acción viene en una variedad de sabores, desde lo oscuramente cómico en una escena en la que Bloodsport y Peacemaker compiten por ver quién es el mejor asesino, hasta lo dramáticamente brutal en un duelo mano a mano que Gunn filma parcialmente desde el punto de vista del reflejo en un casco de metal cromado.

Incluso en las escenas más cargadas de efectos digitales hacia el final de la película, momentos en los que la coherencia en la acción en las películas de este género se suele diluir, Gunn se las arregla para mantener la acción clara e impactante.

En sus personajes la película vuelve a recorrer terreno temático similar al de Guardianes de la Galaxia Vol. 2, centrándose en la relación entre padres y sus hijos al darles el “protagonismo emocional” de la película a Bloodsport, que aceptó la misión solo para salvar de la cárcel a su hija a quien apenas conoce; y Ratcatcher 2, que heredó el nombre y el artilugio de control de ratas de su padre fallecido, y ambos acaban teniendo un profundo efecto en el otro.

Sin embargo, hay tantas otras cosas en la película, tantos elementos y personajes, que lo de Bloodsport y Ratcatcher 2 no puede tener el mismo protagonismo central que la relación entre Quill, Ego y Yondu en Guardianes 2.

Aunque ese enfoque más disperso a los personajes podría considerarse un defecto, y es cierto que por momentos la película se podría haber beneficiado de algún productor más estricto que desafiara un poco a Gunn y lo obligara a cortar ciertas ideas o momentos, la verdad es que el tono distendido, informal y divagante de la película es parte de su encanto; hay un momento hacia el final que prácticamente frena todo el impulso de la película para darle a Nanaue – que a efectos prácticos es el Groot del grupo, con un gran trabajo de voz de Sylvester Stallone – un momento solitario, que no suma absolutamente nada, pero tampoco resta más que un par de minutos y la distracción bien vale la pena.

Después de todo, una de las influencias más obvias de la película son filmes bélicos clásicos como Los doce del patíbulo, y aquellos filmes también desarrollaban sus personajes por medio de la acción y las circunstancias tanto como por diálogos.

Y vale resaltar que resulta interesante ver un filme de esta magnitud, de un perfil tan alto, dispuesto a tomar una postura tan crítica contra la historia de la influencia política de los Estados Unidos en Latinoamérica.

La hilarante introducción al filme se desarrolla como una especie de tragicómica recreación de la invasión fallida a Cuba en Bahía de Cochinos, y el trasfondo de la ficticia Corto Maltese como una dictadura abiertamente violadora de derechos humanos que solo se volvió repentinamente intolerable para los Estados Unidos cuando el dictador pro-americano fue derrocado por uno hostil a EE.UU. debería resultar familiar a cualquiera que sepa un poco de la historia de Sudamérica durante los años de la Guerra Fría, cuando EE.UU. toleraba brutales dictaduras - incluída la de Stroessner en Paraguay – siempre que estas estuvieran de su lado en la guerra ideológica contra la Unión Soviética.

No será particularmente elocuente y elegante en su análisis político, pero no deja de ser destacable porque simplemete no es un tema que uno esté acostumbrado a ver en una película de este género, en particular con la virulencia y crudeza con la que la película hace sus críticas políticas hacia el final cuando la verdadera naturaleza de lo que ocurre en Corto Maltese se va revelando.

Con todo lo que tiene a su favor, con la calidad de su acción, lo divertido de sus personajes, la astronómica calidad de sus actuaciones y lo interesante de los temas que corren bajo la superficie de sus explosiones, desmembramientos y apocalípticos enfrentamientos, resulta difícil imaginar que para fin de año no se esté hablando de El escuadrón suicida como una de las mejores (si no la mejor) película basada en cómics del año.

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EL ESCUADRÓN SUICIDA (The Suicide Squad)

Dirigida por James Gunn

Escrita por James Gunn (basada en cómics creados por John Ostrander)

Producida por Charles Roven y Peter Safran

Edición por Fred Raskin y Christian Wagner

Dirección de fotografía por Henry Braham

Banda sonora compuesta por John Murphy

Elenco: Idris Elba, Daniela Melchior, Margot Robbie, Joel Kinnaman, John Cena, David Dastmalchian, Sylvester Stallone, Viola Davis, Peter Capaldi, Joaquín Cosío, Juan Diego Botto, Alice Braga, Jai Courtney, Michael Rooker, Nathan Fillion, Pete Davidson, Sean Gunn, Flula Borg, Mayling Ng, Steve Agee

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