“El misterio de Soho”

Lo nuevo del siempre intrigante cineasta británico Edgar Wright es una amarga decepción, un thriller de suspenso con gran presentación visual y excelentes actuaciones que se pierde en una recta final insoportablemente repetitiva y un giro tramposo.

Anya Taylor-Joy en "El misterio de Soho", en cartelera en cines de Paraguay.
Anya Taylor-Joy en "El misterio de Soho", en cartelera en cines de Paraguay.Universal Pictures

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Tras darse a conocer con algunas de las comedias más detallistas, visualmente creativas e hilarantes de la década del 2000 – en especial Hot Fuzz que es un filme prácticamente perfecto –, el cineasta británico Edgar Wright ha querido diversificar su filmografía, evidentemente queriendo evitar encasillarse.

Habiendo demostrado gran talento para el cine de acción en Hot Fuzz, Scott Pilgrim vs The World y The World’s End, Wright estrenó en 2017 el filme de acción Baby, el aprendiz del crimen, con impresionantes persecuciones y tiroteos editados al ritmo de la música de la banda sonora pero con una historia mediocre que no estaba a la altura. Un experimento decente pero fácilmente lo más débil de su filmografía... hasta ahora.

El misterio de Soho, el intento de Wright de hacer su propio thriller de suspenso y terror al estilo de los que Roman Polanski o los maestros del cine “giallo” como Mario Bava o Dario Argento sacaban en los ‘60 o 70, es un inesperado y doloroso tropiezo en el que uno de los directores más precisos y puntillosos de la actualidad pierde completamente el control de su película por primera vez.

La historia sigue a Ellie (Thomasin McKenzie), una joven mujer que se muda a Londres para estudiar diseño de modas. Al mudarse a un hospedaje manejado por una anciana mujer de apellido Collins (Diana Rigg), Ellie comienza a tener visiones que la transportan al Londres de la década de 1960, y la ponen en la piel de Sandie (Anya Taylor-Joy), una deslumbrante aspirante a cantante.

Hay mucho qué aplaudir en la película: las actuaciones en general, por ejemplo, son muy buenas, con una Thomasin McKenzie que por segunda vez en el año - luego de su buen manejo de un rol bastante complicado en Viejos de M. Night Shyamalan – se erige como revelación, y una Anya Taylor-Joy que bien podría haber sido genéticamente diseñada para interpretar el rol de una “femme fatale” de los ‘60; ambas componen un dúo protagónico extraordinario.

Y en el elenco secundario brilla la gran Diana Rigg, en su actuación final, como la férrea pero cálidad y ligeramente enigmática señora Collins. Más allá de la calidad del resto del filme, su actuación es una digna despedida para una leyenda.

Además, la banda sonora cargada de grandes clásicos británicos de los ‘60 - canciones vibrantes y cálidas que Wright a veces contrapone de forma interesante con escenas de intenso terror – es un goce, y en lo técnico y visual la película es intachable.

El filme está lleno de pequeños y grandes momentos de magia cinematográfica como la primera vez que Ellie “cruza” a los ‘60 y sigue a Sandie cuando entra a un lujoso club nocturno lleno de espejos, y Ellie y Sandie cambian constantemente de lugar a uno y otro lado del espejo entre tomas y movimientos de cámara, en un despliegue genuinamente asombroso de edición, coreografía de actores y cámara, y presumiblemente efectos digitales muy sutiles.

Soho es también la primera película original de Wright con protagonistas mujeres y su primera historia con una perspectiva femenina – la película fue co-escrita por Wright y Krysty Wilson-Cairns, la guionista de la aclamada 1917 –, y si hay algo que la película hace bien es transmitir la ansiedad de sus protagonistas en un mundo que les es arbitrariamente hostil por su género, y tomar esa ansiedad y darle formas terroríficas, sean sobrenaturales o mundanas.

Durante su primera mitad, El misterio de Soho se perfila como una entrada imperfecta pero decente en la filmografía de su director... y luego algo extraño pasa: cuando la película entra en su recta final y el mundo de Ellie comienza a desdibujarse en constantes visiones del traumático pasado de Sandie, a Wright parecen acabársele por completo las ideas, y cae en un ciclo repetitivo, convirtiendo a la película en una larga secuencia de escenas en las que Ellie corre de fantasmas por las calles o edificios de Soho.

Los espectros que comienzan a acechar a Ellie son una interesante y visualmente impresionante manifestación de las injusticias a las que Sandie es sometida en los ‘60, pero luego de su primera aparición Wright no parece tener idea de cómo darles un uso más interesante, así que hunde a la película en un ciclo tedioso: una Ellie cada vez más mentalmente deteriorada está haciendo algo, comienza a ver fantasmas, grita y huye, y la película repite esos pasos una y otra vez hasta el punto que todas las imágenes impresionantes y la buena actuación de Thomasin McKenzie pierden impacto.

Por un largo trecho la película parece menos un homenaje a los clásicos del cine “Giallo” y una versión un poco más trabajada y elegante de las películas del universo de El conjuro – las malas, que no están dirigidas por James Wan –, terror carente de ideas e impacto.

Y en su giro sorpresa final, la película directamente hace trampa.

Normalmente en las películas que tienen un giro al final – fijémonos en uno de los ejemplos más famosos, El sexto sentido –, la gracia está en que están escritas y dirigidas de una forma que va sembrando pistas que aluden a ese giro a lo largo del filme, pistas que al igual que un espectador mentalmente agudo podría teóricamente encontrar y descifrar si la película no fuera tan buena a la hora de esconder su mano, y que en futuras visitas a la película saltan a la vista.

Lo mejor de ver una película como El sexto sentido por primera vez es la sorpresa del giro, y lo mejor de verla por segunda, tercera o vigésimo cuarta vez es ver todas las formas en que la película estaba insinuando ese giro desde el principio, poniendo todas las pistas en pantalla sin que el espectador se de cuenta la primera vez.

El misterio de Soho, por otro lado, hace trampa mostrando una cosa y luego diciendo que eso no pasó, e inventándose excusas francamente irritantes al mismo tiempo que convierte a varias escenas en una pérdida de tiempo sin sentido ni propósito.

Es difícil recordar una película reciente que empiece con tanta promesa como El misterio de Soho y se desmorone de forma tan aparatosa en su tramo final. Es una película decepcionante y frustrante por todo lo que hace bien y la forma en que lo acaba desperdiciando.

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EL MISTERIO DE SOHO (Last Night in Soho)

Dirigida por Edgar Wright

Escrita por Edgar Wright y Krysty Wilson-Cairns

Producida por Edgar Wright, Tim Bevan, Eric Fellner y Nira Park

Edición por Paul Machliss

Dirección de fotografía por Chung Chung-hoon

Banda sonora compuesta por Steven Price

Elenco: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Diana Rigg, Michael Ajao, Terence Stamp, Sam Claflin, Rita Tushingham, Synnøve Karlsen, Jessie Mei Li, Margaret Nolan

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