Las tres preguntas

Una clave desde mi perspectiva para construir con los demás relaciones sociales saludables y con una cultura del cuidado mutuo es –ante determinadas circunstancias- hacernos esta pregunta: hasta dónde es suficiente esta relación.

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Y puede resultar apabullante semejante cuestionamiento si asumimos que las relaciones (especialmente aquellas donde circula el amor) no deberían estar destinadas a romperse como suele ocurrir de una manera menos dramática y frecuente con los vínculos laborales.

Como exploramos la semana anterior una relación es como un organismo vivo que nace, se desarrolla y muere. Y que tenga una vida nutritiva y saludable depende en gran medida de las contribuciones que hagamos quienes participamos en la misma. Aun así no tenemos ningún control sobre el resultado final y puede que de pronto nos encontremos ante la duda existencial de si quedarnos o irnos de allí. Si “aguantar” o no. Si tratar de cambiar las cosas o dejar que las cosas nos cambien a nosotros. Si resignarnos o mantenernos con la esperanza de que en algún momento todo sea distinto.

Cuando surgen en mis clientes estas situaciones suelo mostrarles como coach que existen al menos tres posibilidades para evaluar lo que están viviendo.

Primero les invito a responder esta pregunta: ¿No te dejan ir?

A veces –las menos- nos quedamos porque estamos atrapados por la palabra que alguna vez empeñamos, por la lealtad hacia alguien a quien no le queremos fallar, por el qué dirán, porque otros dependen exclusivamente de nosotros en alguna necesidad básica.

Después mi pregunta es: ¿No te gusta y elegís quedarte?

A veces no estando cómodos o conformes la opción es quedarnos igual. Hay muchas situaciones en donde a pesar de no “hallarnos” lo mismo nos quedamos porque entendemos que esa sensación de desagrado es parte del paquete de estar o pertenecer o participar. A veces sabemos que el malestar o el día nublado pasarán porque son transitorios y entonces nos quedamos. A veces evaluamos que ganamos más quedándonos y es inteligente aprenderé a convivir con lo que no nos gusta como parte del pack.

La tercera pregunta –entonces- es la siguiente: ¿No te gusta y elegís irte?

Y aquí mi cliente puede mirar si el quedarse y aguantar ya rebasó el límite de su suficiencia. Aquí evalúa los riesgos del permanecer en función de su dignidad, de la integridad de sus valores, de su salud, de su bien-estar. Y puede que elija salir, marcharse, declarar ¡Basta!…porque sencillamente ni su corazón ni su cuerpo ni su mente ya se hallan en esa situación.

¿No me dejan ir?

¿No me gusta y aún así pago el precio porque elijo quedarme?

¿No me gusta y entonces elijo irme, salir de aquí, recuperar mi libertad para elegir estar en otros sitios, en otra relación, en otras posibilidades?