Para empezar, no se necesita mucho: una palangana, agua tibia, una toalla limpia, piedra pómez o lima para pies, un cortacutículas (si se usa con cuidado), crema hidratante, aceite (puede ser de almendras, coco u oliva), esmalte, base y top coat o sellador.

“Lo más importante es la higiene y no compartir elementos cortantes”, explica una podóloga consultada. “Si tenés diabetes, mala circulación o uñas encarnadas frecuentes, siempre es mejor ir a un profesional”, advierte.
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Paso 1: remojo que relaja y ablanda
Llená una palangana con agua tibia y agregá un puñado de sal gruesa o una cucharada de bicarbonato. Si tenés, unas gotas de aceite esencial (como lavanda o menta) suman perfume y sensación de spa.
Sumergí los pies entre 10 y 15 minutos. El agua ablanda la piel dura y las cutículas, y ayuda a relajar después de un día largo. Secá bien, sobre todo entre los dedos, para evitar hongos.
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Paso 2: suavizar talones y durezas
Con la piel todavía blanda, usá una piedra pómez o lima para pies en talones y zonas con durezas, siempre con movimientos suaves y en una sola dirección. No hace falta “borrar” todo en un día: limar demasiado puede irritar y generar más piel gruesa después.
Si hay grietas profundas o dolor, conviene no insistir y consultar a un especialista. “Las fisuras en talones pueden infectarse si se lastiman demasiado durante un pedicure casero”, advierte la podóloga.
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Paso 3: uñas prolijas, sin exagerar
El siguiente paso es recortar las uñas. Lo ideal es cortar recto, sin redondear demasiado las esquinas, para evitar que se encarnen. Usá un alicate o cortaúñas limpio y desinfectado con alcohol.
Las cutículas protegen la uña, así que no es necesario cortarlas en profundidad. Alcanzan un palito y un poco de crema o aceite para empujarlas con cuidado. Si decidís usar cortacutículas, hacelo con mano muy suave, sin tirar ni arrancar.
Un truco: antes de esmaltar, pasá un algodón con quitaesmalte o alcohol sobre la superficie de la uña. Esto elimina restos de crema y ayuda a que el color dure más.
Paso 4: exfoliación y masaje, el toque de spa
La exfoliación deja la piel más luminosa y suave. Podés usar un exfoliante ya preparado o hacer uno casero mezclando azúcar o sal fina con un poco de aceite. Aplicalo con movimientos circulares desde los dedos hasta el tobillo.
Enjuagá y secá bien. Luego, aplicá una crema espesa o manteca corporal y dedicá unos minutos a masajear planta, empeine y tobillos. Además de hidratar, mejora la circulación y deshincha.
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Para un efecto de “tratamiento profesional”, muchos expertos recomiendan envolver los pies en film o en una toalla tibia durante 10 minutos después de la crema. La humedad y el calor ayudan a que penetre mejor.
Paso 5: esmalte como en el salón
Antes de pintar, colocá separadores de dedos (se pueden improvisar con algodón). Empezá con una capa fina de base: esto protege la uña y evita que se manche, sobre todo con colores oscuros o rojos.

Luego, aplicá dos capas del esmalte elegido, dejando secar unos minutos entre una y otra. Terminá con un sellador transparente para un acabado con brillo.
Para un resultado más prolijo, limpiá los bordes con un hisopo mojado en quitaesmalte. Y paciencia: dejá secar bien al menos 20 minutos antes de ponerte las sandalias.
Cómo mantener los resultados toda la semana
Un buen pedicure casero puede durar varios días si se sostiene con pequeños gestos:
- Usar crema todas las noches, insistiendo en talones.
- Secar bien los pies después de la ducha.
- Evitar calzado demasiado ajustado que lastime uñas o piel.
- Retocar el sellador a los dos o tres días para alargar el esmalte.
La podóloga resume: “La clave no es solo dejar los pies lindos para la foto, sino sanos. La belleza siempre va de la mano del cuidado”.

Este verano, convertir el baño en un mini spa puede ser un plan simple, económico y efectivo. Un rato de dedicación, música tranquila y algunos productos básicos alcanzan para que los pies se sientan (y se vean) listos para cualquier sandalia.
