Dermatólogos y nutricionistas explican que el problema no suele ser la cantidad de líquido, sino cómo, cuándo y con qué lo tomamos. Estos son los cinco errores más comunes.
Error 1: beber solo cuando se tiene sed
La sed es una señal tardía: indica que el cuerpo ya empieza a deshidratarse. En días de mucho calor o humedad alta, esperar a tener sed afecta a órganos internos… y también a la piel.

Los especialistas recomiendan pequeños sorbos de agua de forma regular, a lo largo del día, en lugar de dos o tres grandes vasos de golpe.
Un truco sencillo: usar la alarma del celular cada hora para recordar algunos tragos, sobre todo si se trabaja en interiores con aire acondicionado.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Error 2: confiar en gaseosas, alcohol o exceso de café
Gaseosas azucaradas, bebidas energéticas y jugos envasados producen una falsa sensación de hidratación. El alto contenido en azúcar y algunos aditivos pueden favorecer la inflamación y empeorar problemas como el acné o la rosácea.

El alcohol y el exceso de café también juegan en contra: son diuréticos, es decir, aumentan la pérdida de agua por orina. El resultado es una piel más seca y apagada.

La recomendación: que el agua sea siempre la bebida principal. El resto, mejor como algo puntual.
Error 3: olvidar la sal… y los electrolitos
En verano sudamos más y perdemos no solo agua, sino también sales minerales como sodio, potasio y magnesio. Si se repone solo agua, el equilibrio se desajusta. Esto puede causar cansancio, calambres y también influir en el estado de la piel.
No hace falta recurrir siempre a bebidas deportivas. En la mayoría de personas sanas basta con:
- añadir una pizca de sal a las comidas,
- incluir frutos secos sin sal, banana, tomate, pepino o agua de coco,
- tomar caldos suaves o gazpachos con poca sal.
En situaciones de calor extremo, actividad física intensa o enfermedades previas, conviene consultar al médico.
Error 4: descuidar la hidratación “desde fuera”
La piel es la última en recibir el agua que bebemos. Si además la maltratamos desde fuera, la sequedad se dispara.

Tres gestos muy frecuentes en verano dañan la barrera protectora de la piel:
- Duchas muy calientes o muy largas, que eliminan los aceites naturales.
- Jabones agresivos o exfoliantes diarios, que afinan en exceso la capa externa.
- No usar crema hidratante después de sol, cloro o mar.
Los dermatólogos aconsejan duchas templadas, limpiezas suaves y crema hidratante justo después de secarse con la toalla, cuando la piel aún está algo húmeda.
Error 5: pensar que hidratar es solo “beber agua”
El agua es básica, pero no es lo único. Para mantener una piel flexible, el cuerpo necesita también grasas saludables y antioxidantes.
Incluir en la dieta:
- aceite de oliva virgen extra,
- pescado azul (como sardina o salmón),
- frutos secos,
- frutas y verduras ricas en agua (sandía, melón, naranja, zucchini, tomate),
ayuda a reforzar la barrera de la piel y a retener mejor la hidratación.
Con pequeños cambios en la forma de hidratarte, no solo pasarás mejor el calor: tu piel también lo notará.
