Encontrar sentido en el trabajo: una guía para reencontrarse con la motivación

Encontrar sentido en el trabajo.
Encontrar sentido en el trabajo.Ronnakorn Triraganon

Durante décadas, el trabajo se explicó con una fórmula sencilla: salario a cambio de tiempo. Pero esa ecuación se ha ido quedando corta. La pandemia, el auge del teletrabajo y fenómenos como la “gran renuncia” pusieron en primer plano una pregunta incómoda: ¿para qué trabajo, además de para cobrar?

Hoy, el “propósito” —esa sensación de que lo que hacemos importa más allá del fin de mes— se perfila como uno de los factores más poderosos para sostener la motivación en un entorno laboral incierto.

Ganarse la vida ya no alcanza

Las encuestas internacionales sobre compromiso laboral muestran un patrón constante: solo una minoría de empleados se declara realmente implicada con su trabajo. La mayoría cumple, pero está desconectada emocionalmente.

Encontrar sentido en el trabajo.
Encontrar sentido en el trabajo.

El salario, las prestaciones o incluso la estabilidad ya no garantizan motivación duradera. Funcionan como “higiene”: su ausencia genera malestar, pero su presencia no asegura entusiasmo. Las personas buscan algo más difícil de ofrecer desde un manual de recursos humanos: conexión con un sentido.

Ese sentido no siempre tiene que ser grandilocuente. Para algunos será contribuir a la educación de niños, para otros mejorar la experiencia de un cliente o simplemente sostener económicamente a su familia. Lo decisivo es que el trabajador pueda enlazar tareas cotidianas con un “para qué” personal y comprensible.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

El escudo invisible contra el desgaste

La psicología del trabajo coincide en un punto: cuando una persona siente que su actividad tiene impacto, resiste mejor la presión y la rutina. La carga de trabajo sigue siendo la misma, pero cambia la lectura que hace de ella.

Encontrar sentido en el trabajo.
Encontrar sentido en el trabajo.

No es casual que muchas profesiones con alta exigencia emocional —sanidad, educación, acción social— combinen niveles preocupantes de desgaste con relatos potentes de vocación. Quienes logran preservar ese relato de sentido muestran mayor resiliencia frente al estrés y la frustración.

El propósito actúa como un filtro: transforma problemas en desafíos, errores en oportunidades de aprendizaje y tareas repetitivas en eslabones de algo mayor. En ausencia de ese filtro, cualquier contratiempo se experimenta como prueba de que “nada tiene sentido”, y la desmotivación se instala con rapidez.

Más que encontrar, construir

Hablar de “encontrar” el propósito puede ser engañoso: suena a epifanía, cuando en realidad suele ser un proceso de exploración y ajustes. Los especialistas apuntan tres preguntas clave que una persona puede hacerse sobre su trabajo actual:

  1. ¿A quién ayuda, directa o indirectamente, lo que hago?
  2. ¿Qué parte de mi trabajo me permite usar mis capacidades de forma distintiva?
  3. ¿Qué valores personales se ven reflejados —o chocan— con lo que hago cada día?

Las respuestas suelen revelar que existe ya un germen de sentido, aunque esté sepultado bajo correos, reuniones y plazos. A partir de ahí, el propósito se construye mediante pequeñas decisiones: elegir proyectos alineados con los propios valores, negociar responsabilidades, aprender habilidades que acerquen hacia la versión de trabajador que se desea ser.

El desafío para las empresas

La narrativa del propósito no puede ser solo un eslogan corporativo. Cuando las organizaciones declaran una misión inspiradora pero sostienen culturas internas basadas en el miedo, el control o la opacidad, el efecto es el contrario: cinismo y desconfianza.

Favorecer el sentido del trabajo implica al menos tres movimientos: explicar con claridad el impacto real de cada función, dar autonomía para decidir cómo se logra y reconocer contribuciones más allá de los resultados inmediatos. La coherencia entre lo que se dice y lo que se premia es la prueba decisiva.

Encontrar sentido en el trabajo.
Encontrar sentido en el trabajo.

Al final, el propósito no es un lujo para idealistas, sino un recurso práctico frente a la desmotivación crónica.

En un mercado laboral donde casi todo cambia rápido —tecnologías, modelos de negocio, lugares desde los que trabajamos—, la pregunta por el “para qué” se convierte en un ancla. No elimina los problemas, pero ofrece una razón poderosa para seguir intentándolo.