Por qué el azúcar cambia la textura
En pastelería, el azúcar no solo endulza: también “desordena” el agua. Al disolverse, reduce el punto de congelación y dificulta que el agua forme cristales grandes.

En un semifreddo, donde no hay mantequera que rompa cristales como en el helado, esa función se vuelve decisiva. Menos cristales y más pequeños se traducen en una boca más suave.
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No es solo cantidad: importa el tipo
Los chefs suelen combinar sacarosa (azúcar común) con otros azúcares que retienen mejor la humedad.

La glucosa, el jarabe de maíz o el azúcar invertido aportan “anticongelante” natural: por su estructura, limitan la cristalización y mantienen el postre cremoso durante más tiempo.
La miel también puede ayudar, aunque su sabor marca más el perfil final.
Equilibrio con aire y grasa
El azúcar trabaja en equipo. Un semifreddo estable se apoya en aire incorporado (merengue italiano o crema semi montada) y en grasa (nata, yemas, mascarpone), que recubre parte del agua e interrumpe la formación de hielo.

Si se reduce el azúcar por “aligerar” la receta, suele ser necesario compensar con más sólidos (chocolate, frutos secos, purés densos) para no perder cuerpo.
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Congelado y servicio: el último detalle
Incluso con buena formulación, el congelador doméstico suele estar más frío de lo ideal.

Guardar el semifreddo bien envuelto y pasarlo a la heladera 15–20 minutos antes de servir ayuda a recuperar su textura característica.
Si al corte cruje, no es falta de batido: casi siempre es falta de azúcar —o de la mezcla correcta de azúcares—.
