“En un mundo desgarrado por conflictos, que absorben enormes recursos económicos, tecnológicos y organizativos para producir armas y otros dispositivos bélicos, es más importante que nunca dedicar tiempo, energía y experiencia a proteger la vida y la salud”, afirmó el pontífice estadounidense.
Al respecto también destacó: “Hoy no podemos pasar por alto las guerras, que afectan a estructuras civiles, incluidos los hospitales, y constituyen el atentado más absurdo que la mano del hombre dirige contra la vida y la salud pública”.
Enormes desigualdades
En su discurso, Robert Prevost también lamentó que “en diferentes países y grupos sociales, descubrimos enormes desigualdades” en el acceso a la sanidad.
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“Estas desigualdades dependen de variables como los niveles salariales, la formación académica y el vecindario (incluso dentro de la misma ciudad). Y, lamentablemente, hoy no podemos ignorar las guerras, que involucran estructuras civiles, incluidos los hospitales, y constituyen el ataque más absurdo que el hombre dirige contra la vida y la salud pública”, subrayó.
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Y denunció: “A pesar de las declaraciones y proclamaciones, en realidad no todas las vidas son igualmente respetadas, y la salud no se protege ni se promueve para todos de la misma manera”.
