Cristian Pérez, herido aparatosamente, emerge de entre el viento y la mansedumbre

Imagen sin descripción

Madrid, 29 mar (EFE).- El diestro albaceteño Cristian Pérez, que confirmaba su alternativa, emergió hoy con oficio y pundonor en Las Ventas de entre el peligro que sumaron las fuertes rachas de viento y las complicaciones de la mansa corrida de Dolores Aguirre, cuyo sexto toro llegó a herirle grave y aparatosamente.

No pudo matar así a los dos de su lote el torero de Hellín, que con el de la ceremonia ya había mostrado una decidida solvencia desde que, entre un vendaval, se afanó en una trabajosa brega para conseguir que el reacio manso acudiera al caballo del picador, donde no se aplacaron sus reacias y descompuestas embestidas.

Pero Pérez tampoco cejó en su empeño de meterle después en la muleta, con el mando impuesto en los primeros doblones a sus secas y cortas arrancadas iniciales, a lo que el cornalón respondió rajándose y buscando las tablas de sol, donde continuó una faena en la que, con firmeza, el matador logró muletazos de mucho mérito, aguantando varias coladas, entre ellas la que le supuso ya la primera cogida de la tarde, aunque sin tantas consecuencias.

Por eso, sin mirarse, el confirmante volvió a la cara para seguir insistiendo y para acabar tumbando al manso de una estocada algo tendida, tras la que se desató una suficiente petición de oreja que la presidencia, falta de justicia y sensibilidad, no quiso otorgar.

Dispuesto a conseguir algo más que esa vuelta al ruedo en su primer toro, Cristian Pérez volvió a mostrar la misma determinación con el flaco y basto sexto, que respondió con bruscos cabezazos a los lances de capote y se arrancó al primer puyazo con una falsa alegría de bravucón, como confirmó después saliendo de najas y al galope del segundo puyazo.

De nuevo se dobló con eficacia de muleta el torero manchego y, en la primera serie con la mano derecha, aún aguantó con solidez para intentar gobernar las bruscas oleadas del de Aguirre, que ya no le perdonó tanta sinceridad en el inicio de la siguiente.

Fue entones, en un arreón descompuesto, como se fue directo al pecho del torero y, de un solo gañafón, le hizo girar hasta dos veces en el aire, para después encelarse furiosamente con él sobre la arena, prendiéndole por la chaquetilla y por el muslo, sin hacer caso a todos los capotes que acudieron al cite.

Tras unos horrendos e interminables instantes, sus compañeros llevaron a Pérez desmadejado a la enfermería, mientras en los antes ruidosos tendidos se extendía una desoladora sensación de tragedia que, afortunadamente, no se acabaría confirmando,

Ante las complicaciones de la dispar mansada de Dolores Aguirre, el veterano Antonio Ferrera hizo valer su experiencia y su sobrado oficio, no para sacar pases de donde no había más que descastamiento sino para llevar la lidia con inteligencia y precisión.

Siempre oportuno con el capote, incluso para ayudar a los compañeros, el maestro extremeño no perdió demasiado el tiempo con ninguno de sus mansos, que nunca quisieron tomar los engaños con un mínimo de entrega, por lo que sus faenas, en terrenos de la querencia, se limitaron a sendos macheteos sobre las piernas, como exigía la ocasión. En lo negativo, sólo unos justificados pero numerosos desaciertos con la espada.

El mexicano Isaac Fonseca no acabó de verlo claro con el tercero, que a pesar de pasar cuatro veces por el hierro de la puya, de las que tres salió huido, acabó frenándose, midiendo y rebrincándose. En cambio, se mostró generoso con el quinto, un basto toraco de 611 kilos al que citó a larga distancia en los medios para abrir la faena.

Sin romperse en varas, el toro conservaba a esas alturas ciertas energías que tradujo en la prontitud de sus arrancadas, alentado por la ligereza de unos pases en los que Fonseca, más que llevar la batuta, aprovechaba la inercia del animal, que pasó así por bravo de cara a cierta parte del tendido, aunque en realidad tuvo un claro peligro por el pitón izquierdo y un mal estilo que brotaba cuando se veía sometido.

Seis toros de Dolores Aguirre, de muy dispar presencia, algunos con volumen y aparatosas cabezas frente a otros terciados y sueltos de carnes. Aunque varios acudieron con prontitud al caballo, la mayoría acabaron volviendo grupas y mansearon o se rajaron en el último tercio, con arreones violentos y complicaciones defensivas,

Antonio Ferrera, de fucsia y oro con remates negros : media estocada delantera, media estocada desprendida, pinchazo hondo, bajonazo y descabello (silencio tras aviso); pinchazo, estocada caída atravesada y dos descabellos (silencio); media estocada baja (silencio), en el que mató por Pérez.

Isaac Fonseca, de azul turquesa y oro: estocada honda baja y delantera (silencio tras aviso); dos pinchazos, estocada caída y cuatro descabellos (silencio tras dos avisos).

Cristian Pérez, de blanco y plata, que confirmaba la alternativa: estocada trasera tendida (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso), en el único que mató.

Pérez confirmó su alternativa con el toro “Cantinillo”, número 49, negro salpicado, de 520 kilos.

Cogido por el sexto, fue intervenido en la enfermería de la plaza de “policontusiones con puntazos corridos en la cara anterior y posterior de tórax y abdomen” y de una “cornada en la cara interna del tercio medio de la pierna derecha, con una trayectoria hacia atrás y ascendente de 20 cms. que rodea la cara posterior de la tibia, contundiendo la arteria tibial y produciendo destrozos en la musculatura del compartimento posterior de la pierna”, de pronóstico grave, según el parte médico.

Entre las cuadrillas, destacaron picando Agustín Collado y Ney Zambrano; Ángel Otero saludó tras banderillear al segundo, e Iván García realizó una brega magistral en varios momentos de la lidia.

Segundo festejo de la temporada en Las Ventas, con algo más de un tercio de entrada (10.729 espectadores, según la empresa), en tarde muy desapacible, con frío y fuertes rachas de viento.