“México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente ‘el territorio de la Mancha’”, afirmó en una ceremonia celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).
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El escritor y director de la Academia Mexicana de la Lengua recordó que, tras la independencia, su país quiso articular una literatura propia en una lengua que “inopinadamente” sintió ajena, “cuando, sin ella, ni México ni ningún otro país hispanoamericano habría podido configurar su nacionalidad”.
Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), que llegó al recinto con más de una hora de antelación, fue recibido con honores por una compañía militar mixta liderada por la Brigada de paracaidistas y con una sección de cada uno de los tres ejércitos.
El discurso del séptimo autor mexicano en recibir la más importante distinción de las letras hispanas se centró en elogiar el humor y la libertad en Cervantes y en reivindicar “la literatura del yo” más allá de los límites que establecen los géneros estancos.
Comenzó, no obstante, con un emocionado recuerdo de su padre en el lecho de muerte, hace 64 años, y el momento en que se despidió de él. Fue el último en hacerlo de los doce hermanos y éste le dijo: “Tú llegarás, hijo (...). Si no puedes, yo te empujo”.

Con Cervantes mirándole “de reojo”, evocó cómo el autor del Quijote, a través del humor, “disecciona la esencia de la condición humana” y su defensa de la libertad entendida como “la soberanía del individuo frente a la autoridad” y “frente a los desafueros que puede cometer el poder”.
“La novela cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género”, señaló, antes de mencionar el Quijote como paradigma de esa libertad, un libro de caballerías que parodia los libros de caballerías y que alberga poesía, prédica, ensayo o crítica literaria.
Para el mexicano, la “literatura del yo” que él ha practicado, se ejerce desde esa “promiscuidad”, mezclando ensayo, novela y memoria. Y se refirió a su trilogía familiar, formada por ‘Tres lindas cubanas’ (2006), ‘El metal y la escoria’ (2014) y ‘Los apóstatas’ (2020), que articula su “poética narrativa” y en la que evoca sus orígenes asturianos y cubanos.
Recordó que su abuelo salió de un caserío de Asturias a mediados del XIX para “hacer las Américas” y que su abuela materna nació en La Habana “cuando ésta era una provincia española”. De su padre resaltó que le escribía a su madre una carta de amor todos los días, aunque ambos estuvieran en casa.

A su juicio, las historias de sus ancestros, que sufrieron los trastornos de la revolución mexicana y de la guerra civil española, tienen un componente “épico” que ejercieron con naturalidad y sin conciencia. Son “historias de migración y de exilio, de bonanzas ubérrimas y latrocinios arteros, de vicios inconfesable y amnesias enajenantes”, subrayó.
En sus libros, Celorio parte de la realidad pero modifica nombres, fechas y parentescos, deja volar su imaginación y da paso a “hipérboles, falacias, invenciones”. El escritor consideró que la novela es “el género indagatorio por excelencia” y “un ejercicio de alto riesgo” que le ha llevado a averiguar sucesos “pavorosos” como “adulterios escondidos, homicidios encubiertos, abusos pederastas”.
El jurado del premio, dotado con 125.000 euros (unos G. 1.037 millones), le ha distinguido como “escritor integral: creador, maestro y lector apasionado” y autor de una obra que es “al mismo tiempo una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”.

