Otra tarde espesa y opaca entre un vacío de casta y de resultados en Madrid

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Madrid, 21 may (EFE).- La duodécima corrida de abono de San Isidro transcurrió este jueves espesa y opaca entre el generalizado vacío de casta de los toros de hasta cuatro divisas distintas, incluidos sendos sobreros, y con la mayor nota negativa de los tres avisos que el sevillano Pablo Aguado escuchó en su primero tras sus reiterados fallos con el descabello.

En principio estaban anunciados toros de los dos hierros de la misma casa ganadera salmantina, los tres primeros de Puerto de San Lorenzo, de origen Atanasio Fernández y Lisardo Sánchez, y otros tantos de La Ventana del Puerto, estos de sangre Domecq, lo que pudo haber aportado algo de variedad en lo referente al ganado.

Pero, pasado el examen, ni unos ni otros tuvieron el suficiente fondo de casta, y algunos tampoco de fuerza, para aportar un mínimo de interés o emoción a lo que hubiera podido sacarles una terna en la que tampoco abundaron ni los aciertos ni la fibra esperada en un compromiso como el de San Isidro.

Para colmo de males, después de una labor entonada con el tercero, un hondo ejemplar del Puerto que acabó por rajarse a pesar de lo poco que le exigió con la muleta, Pablo Aguado se perdió en un rosario de descabellos -se llegaron a contar hasta veinte- con los que dejó pasar el tiempo suficiente, aun sin aparentes apuros, para que sonaran los tres fatídicos avisos.

Sobre el papel del reglamento, los tres clarinazos debían haber devuelto a los corrales a un animal que ya no tenía fuerzas para seguir a los mansos y que, por tanto, tuvo que ser apuntillado desde un burladero.

Ya con el sexto, con la plúmbea tarde ya vencida y el público deseando abandonar los tendidos, Aguado no consiguió resarcirse a falta de mayor pulso para concretar con un 'domecq' de La Ventana que, aun protestado, pasaba por allí sin excesivo celo ni recorrido.

José María Manzanares, el cabeza del cartel, cumplió sin más brillantez con un primero rebrincadito y flojo de remos que fue ya protestado por el sector más exigente de la plaza, y se alargó de manera inconcreta y monótona, sin apenas compromiso, con un segundo sobrero de la ganadería de El Juli que, asentado ya a mitad de faena, acabó embistiendo mejor y con más recorrido que como empezó.

Y, dentro de ese vacío, el lote de aún menos opciones fue el de Juan Ortega, pues si el remiendo de José Vázquez se afligió a las primeras de cambio, el quinto de La Ventana, de corta viga y hondo cuajo, no hizo más que soltar cabezazos y quedarse corto para contrarrestar su también escasa energía, acusando de manera más evidente la nota común de una tarde para el olvido.

Dos toros de Puerto de San Lorenzo, serios y descastados, y dos de La Ventana del Puerto (5º y 6º), de más desiguales hechuras, también de escaso fondo, los cuatro como titulares; un sobrero de José Vázquez (2º), sustituto de uno de Puerto de San Lorenzo devuelto por flojo, voluminoso, cornalón, flojo y afligido; y otro sobrero de El Freixo (4º), en sustitución de otro rechazado, sin mayor motivo aparente, de La Ventana, vareado, medido de fuerzas y manejable.

José María Manzanares, de nazareno y oro: estocada desprendida (silencio); estocada trasera desprendida y atravesada (silencio).

Juan Ortega, de verde oliva y oro: estocada delantera desprendida (silencio); estocada caída (silencio).

Pablo Aguado, de perla y oro: media estocada delantera y veinte descabellos insuficientes (pitos tras tres avisos); pinchazo y media estocada delantera atravesada (silencio).

Entre las cuadrillas, una tarde más, volvió a destacar la brega precisa de Iván García con el sexto.

Duodécima corrida de abono de la feria de San Isidro, con cartel de 'no hay billetes' (23.800 espectadores), en tarde de calor.