La compra, formalizada hoy en Roma por el ministro de Cultura, Alessandro Giuli, pone fin a más de un siglo de intentos del Estado italiano por recuperar este monumento funerario, cuyo interés oficial se remonta a 1921.
La obra permanecía en manos privadas tras haber sido descubierta el 1 de mayo de 1857 por el arqueólogo Alessandro François en la necrópolis de Ponte Rotto, en la región italiana del Lacio (centro).
Excavado entre los años 340 y 320 a.C. en la toba —una roca ligera y porosa característica de la zona—, este mausoleo destaca por un extraordinario ciclo pictórico que mezcla mitología griega, memoria histórica etrusca y símbolos del poder aristocrático de Vulci, una de las principales urbes de esta civilización.
"La Tumba François es un testimonio identitario de la civilización etrusca y del rol central que esta ha tenido en la formación cultural de la Italia antigua", destacó el ministro tras la firma del acuerdo.
El conjunto monumental alberga 37 paneles pintados y dos cipos líticos hallados en el corredor de acceso, coronados por el friso animalístico más largo conocido de la Antigüedad, un desfile de grifos, leones, panteras y criaturas fantásticas.
Entre sus frescos más célebres destaca un gran panel que plasma el sacrificio de los prisioneros troyanos ante la tumba de Patroclo.
En el centro de la composición aparece Aquiles, mientras el relato homérico es reinterpretado desde la sensibilidad etrusca mediante la presencia del demonio Charun, de piel azulada y armado con un martillo, acompañado por la figura alada de Vanth, divinidad vinculada al inframundo.
Asimismo, en la pared opuesta se representa la liberación de Celio Vibenna por parte de Macstarna, personaje que la tradición romana identificó posteriormente con Servio Tulio, uno de los legendarios reyes de Roma.
Este estrecho vínculo con los albores de Roma responde a la propia expansión de los etruscos, quienes se extendieron por Italia central desde el siglo IX a.C., con los griegos al sur como enemigos, y dominaron la región hasta que en el año 509 a.C. su último rey, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado de la ciudad para dar paso a la República romana.
Tras la adquisición, el monumento pasará a formar parte de la colección permanente del Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia, en Roma, y el próximo 25 de junio se inaugurará una gran exposición que contará con préstamos excepcionales de instituciones internacionales.
Entre los centros que cederán objetos, ajuar y documentos históricos vinculados al monumento se encuentran el Museo del Louvre, el British Museum, el Museo Real de Arte e Historia de Bruselas, el Museo Cantonal de Lausana, los Museos Vaticanos y el Instituto Arqueológico Germánico de Roma.
