Milei compara el momento argentino con el espíritu de los mercaderes holandeses del siglo XVII que según él cimentaron las bases del capitalismo moderno, y proclama: “Hagamos que Buenos Aires sea para la IA lo que Amsterdam fue para la era de los navegantes”.
El presidente argentino sustenta esta oferta al sector de la IA en tres pilares: primero, “el compromiso de mantener la IA desregulada para que su desarrollo sea libre, sin mano dura ni una regulación prematura o mal entendida”.
Segundo, mediante la creación en la legislación argentina de una nueva categoría de empresas que llama “corporaciones no humanas, operadas por agentes de IA o por robots” y que estarán protegidas por el principio de la responsabilidad limitada.
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Tercero, unas condiciones fiscales ventajosas, con una baja tasa corporativa (que no precisa), con la única condición de que los inversores revelen la identidad de los beneficiarios finales, pues “Argentina no tiene interés en convertirse en paraíso de capitales ilícitos”.
El mandatario argentino afirma que estamos en un momento parecido a la revolución industrial: “Así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones del músculo humano, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, llevando la productividad más allá de nuestros sueños más salvajes”.
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Aunque Milei no lo cita en su artículo, la pasada semana se conoció que el magnate estadounidense Peter Thiel, cofundador de PayPal y de Palantir y como tal parte del sector de la pujante tecnológico, acaba de mudarse con su familia a Argentina precisamente por temor al marco regulatorio en Estados Unidos.
“Sus nuevas raíces en Argentina están parcialmente motivadas por su preocupación con el rumbo de EE.UU., particularmente de California, donde una iniciativa en las elecciones de noviembre puede llevar a un importante impuesto a los multimillonarios”, según un artículo aparecido el pasado en el New York Times.
