Incendios de sexta generación: el fuego que altera la atmósfera y desborda la extinción

Vista del incendio de La Vall d'Uixò (Castellón), este sábado.
Vista del incendio de La Vall d'Uixò (Castellón), este sábado. Manuel Bruque

MADRID - España afronta un nuevo escenario de incendios forestales cada vez más rápidos, intensos e imprevisibles: los denominados fuegos ‘de sexta generación o megaincendios’, capaces de modificar las condiciones atmosféricas del entorno, generar tormentas de fuego y desbordar la capacidad de los dispositivos de extinción.

Suelen ser siniestros de varios focos y de una evolución difícil de predecir, como los que afectan estos días al centro del país, con al menos 45.000 hectáreas quemadas, y donde el Gobierno central decretó la emergencia nacional y unificó las operaciones en las provincias limítrofes de Madrid, Ávila y Toledo.

Son fuegos de comportamiento extremo, que liberan tanta energía que pueden alterar el comportamiento de la atmósfera en ese lugar. Se caracterizan por una gran intensidad, la rápida propagación y la evolución errática, lo que dificulta anticipar hacia dónde avanzarán.

El Ministerio para la Transición Ecológica los define como incendios que generan “comportamientos extremos” y “escenarios inciertos”, y pueden llegar a hacer colapsar el sistema de emergencias.

No se trata, por tanto, únicamente de grandes extensiones quemadas, sino de la forma en la que se comporta el fuego y de su capacidad para superar las posibilidades de extinción.

Incendios de sexta generación en España

La enorme cantidad de calor liberada hace que el aire caliente, el humo y el vapor de agua asciendan a gran velocidad y formen grandes columnas convectivas. Estas pueden originar pirocúmulos e incluso nubes de tormenta asociadas al incendio.

Si la columna pierde estabilidad o se desploma, puede generar fuertes rachas de viento y cambios bruscos de dirección de las llamas. También puede lanzar brasas y material incandescente a kilómetros de distancia, lo que provoca focos secundarios y abre nuevos frentes de fuego de manera casi simultánea.

Por ello, se dice que estos incendios “crean su propia meteorología”, aunque, en sentido estricto, lo que hacen es alterar las condiciones atmosféricas y retroalimentar su propagación, según datos de la organización ecologista WWF.

En los momentos de mayor intensidad, los equipos no pueden atacar directamente las llamas con seguridad. La estrategia pasa entonces por proteger a la población y las infraestructuras, anticipar el recorrido del fuego y esperar una oportunidad por un cambio meteorológico, una disminución de la masa vegetal combustible o la llegada del incendio a un área previamente gestionada.

Incendios impiden gestión eficaz para apagarlos

Estar “fuera de la capacidad de extinción” no significa que el incendio sea imposible de apagar, sino que su velocidad, intensidad y comportamiento durante determinadas fases impiden una gestión eficaz, independientemente del número de medios desplegados.

Estos episodios se producen cuando coinciden una vegetación abundante y muy seca, temperaturas elevadas, baja humedad y una atmósfera cargada de energía.

La sequía prolongada y las olas de calor reducen la humedad de la vegetación y hacen que una gran cantidad de combustible esté disponible para arder casi de forma inmediata.

A ello se añaden la acumulación de vegetación, el abandono rural y la continuidad de las masas forestales, que facilitan que las llamas recorran grandes extensiones fácilmente.

El cambio climático no provoca la ignición, pero sí favorece unas condiciones más cálidas y secas que pueden agravar el comportamiento del fuego.