En la que ha sido su primera visita a la capital española en sus más de 20 años de carrera, la primera de hecho a España desde la que protagonizó en 2006 en Barcelona casi en sus inicios, el compositor, productor, rapero, diseñador, empresario y campeón en polémicas estadounidense solo ha abierto la boca esta vez para despachar un largo repaso de hora y media aproximadamente a lo mejor de su discografía.
Rebautizado como Ye, hace meses publicó ya en The Wall Street Journal un largo escrito de disculpa titulado 'A quienes he herido', en el que pidió perdón por su comportamiento, tanto a la comunidad judía como afroamericana (siendo él afroamericano), y alegó que su comportamiento se debía a problemas psicológicos, concretamente a un episodio maníaco severo agravado por un trastorno bipolar.
Pudo más sin embargo el peso de sus acciones previas, con mensajes antisemitas varios o la venta de una camiseta con una esvástica en su tienda oficial. Por estas razones, en cinco países de esta gira, entre ellos Polonia, Reino Unido, Francia e Italia, se suspendieron sus conciertos, no así en otros como Países Bajos o Albania.
En España, donde el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, calificó de "repugnantes" las acciones de West pero señaló que no correspondía al Gobierno promover cancelaciones de eventos, el concierto sí se ha celebrado y se ha quedado muy cerca del lleno, pero no tan rápido como podría pensarse de un artista con el volumen y trascendencia de su obra y la falta de oportunidades para verlo en vivo.
Con entradas aún a la venta entre los 225 y los 600 euros, unas 65.000 personas según cifras oficiales han acudido al estadio Metropolitano de Madrid, y eso a pesar de otra polémica intermedia por súbitas rebajas de algunos precios respecto de la preventa alegando la calidad de la visibilidad, según denunciaron muchos de los compradores.
"En una industria que está llena de partes oscuras, con todas sus cosas graves, fue de los que hablaron en contra de la homofobia y de cómo los negros se hacían blancos a través del dinero, de cómo los diamantes servían para explotar negros en África, y pienso que es difícil separar cuánto de lo que dice es provocación y cuánto es enfermedad mental", razonaba uno de sus los asistentes, el madrileño Amilcar Álvarez, en un aforo con un 65% de extranjeros.
Tras pasar unos días en Ibiza y con diez minutos de retraso sobre las 9 de la noche estipuladas, un West demasiado pertrechado en vestuario para los 36 grados que pesaban en esta nueva ola de calor se ha plantado encima del colosal cuerpo celeste que domina la pista en esta gira, sin público, entregada toda la extensión a crear una especie de atmósfera brumosa que en Madrid no ha terminado de condensar por culpa del calor.
Ha arrancado con 'KING', uno de los temas de su último disco, 'Bully' (2026), la teórica excusa del "tour", aunque tachada de intrascendente en el mejor de los casos, si bien el resto del repertorio ha pasado lo justo por esos páramos para ahondar en épocas más gloriosas.
No ha habido de hecho que esperar mucho para escuchar "hits" como 'Cant' Tell Me Nothing' y 'Nigga in Paris', con el público completamente metido en el bolsillo pese al sonido boscoso del Metropolitano, falto de los matices que hicieron de West uno de esos exquisitos del hip hop.
Que 'My Beautiful Dark Twisted Fantasy' (2010) se mantiene como uno de sus grandes álbumes ha quedado patente cuando ha sonado 'Power' ya metidos en faena, con la noche abrazando al fin el espectáculo y el globo terráqueo sobre el que artista se erigía completamente retroiluminado en una de las mejores instantáneas de este directo, al que ha seguido otro éxito, 'Bound 2'.
Por momentos más un concierto de electrónica, con solos dos personas apoyándole en las programaciones, entre ellos Andre Troutman, no ha dejado de ofrecer guiños a la cultura pop con su interpolación del 'Everybody' de Backstreet Boys en su 'Everybody', con su abordaje del 'American Boy' de Estelle o con su coreado 'Famous', el tema que dedicó a su encontronazo con Taylor Swift.
Pese a lo espectacular que resultaba de inicio y el gran número de cortes que ha abordado (la mayoría en versiones reducidas), lo inmovilista de la propuesta escénica ha terminado pesando, con un West pequeño e irreconocible subido a esa gran Tierra que giraba y giraba y sin pantallas que ofrecieran planos detalle de su actuación.
Justo cuando empezaba a resultar repetitivo, ha llegado el tramo final plagado de éxitos, con 'All Of The Lights' y uno de los momentos más apabullantes en cuanto a iluminación para hacer bueno su nombre, además de 'Flashing Lights', 'Stronger' y 'Runaway', tras el que, ya ausente del escenario, aún le ha dado tiempo a soltar 'True Love'. ¿Habrá sido suficiente para el perdón de Madrid? EFE
