En sendos comunicados, el Consejo de Liderazgo Presidencial y el Ministerio de Asuntos Exteriores acusaron a los hutíes, alineados con Irán, de atacar infraestructuras civiles y la navegación comercial internacional.
Ambos denunciaron que la nave fue embestida por un bote de explosivos mientras transportaba alimentos hacia puertos yemeníes, al tiempo que el ministro de Información, Muamar al Eryani, remarcó que el buque carecía de cualquier uso o carga militar.
Este pronunciamiento oficial se produce un día después de que el carguero, identificado como MSV Faiza Noore Oliya, acabara por hundirse frente a la costa occidental yemení tras ser alcanzado a 13 millas náuticas (24 kilómetros) al sur de Al Hudeida, según informaron fuentes marítimas y la Guardia Costera de la zona.
A pesar de la pérdida de la nave, las fuerzas navales lograron rescatar sanos y salvos a los 14 tripulantes -13 de nacionalidad india y un marinero yemení- y los trasladaron al puerto de Moca (en la costa del mar Rojo), donde las autoridades trabajan con Nueva Delhi para asistir a la tripulación.
Asimismo, el Gobierno yemení argumentó que reforzar las fuerzas de seguridad marítima del país es esencial para garantizar la seguridad del litoral y relacionó este ataque con anteriores acciones hutíes contra instalaciones petroleras que han privado al Yemen de ingresos vitales para pagar salarios públicos.
Por el momento, los rebeldes no han reaccionado ante estas acusaciones.
Lo que sí confirmaron los hutíes este miércoles es que han atacado un petrolero saudí en el norte del mar Rojo con misiles balísticos, en la última acción reivindicada en medio de una campaña de los insurgentes contra la navegación saudí.
Los hutíes mantienen desde finales de 2023 una campaña ofensiva en el mar Rojo y el golfo de Adén, donde han lanzado decenas de ataques con misiles, drones y embarcaciones contra la navegación comercial.
La constante amenaza ha obligado a multitud de navieras a desviar sus rutas bordeando el sur de África, con el consecuente encarecimiento de los costes y plazos del comercio mundial.
Esta escalada marítima supone un nuevo frente en el prolongado conflicto que sufre el Yemen desde que los insurgentes tomaron la capital, Saná, en 2014.
Si bien los enfrentamientos terrestres de gran envergadura se han reducido significativamente tras la tregua auspiciada por la ONU en 2022, las tensiones bélicas del país se han desplazado de lleno hacia el dominio marítimo y la seguridad regional.
