Centenario de la tragedia de Encarnación: entre la memoria e historias que el viento no se llevó

Escenario de devastación con estructuras destruidas y escombros dispersos, representando el impacto del tornado de 1926.
La fotografía ilustra la destrucción provocada por el tornado en Encarnación, mostrando escombros y ruinas.Museo Memoria Viva

Este domingo 20 de setiembre se recuerda aquella tragedia que destruyó parte de la ciudad de Encarnación, esa tarde de 1926. La reconstrucción de esas memorias continúa viva en los relatos que el viento de ese tornado no se llevó.

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La secretaria de Cultura de la Municipalidad de Encarnación, Fabiola Castelnovo, encabeza una ardua labor para coordinar a la Comisión del Centenario del Ciclón de Encarnación, que realiza una agenda de actividades conjuntas con la ciudad de Posadas, para recordar el evento que devastó la ciudad en 1926.

La realidad de la ciudad hace que los relatos y retazos de aquella época cobren relevancia. Castelnovo lamentó que en su momento no se pudo hacer nada y gran parte de la estructura física de la ciudad, que guardaba vestigios tangibles de este y otros episodios históricos, quedó debajo del embalse de la represa Yacyretá.

“Varios edificios que sobrevivieron al ciclón no sobrevivieron a Yacyretá», refirió. Entonces, construir esa memoria a partir de los relatos, sus héroes y sobrevivientes es elemental para mantener vivo ese relato de nuestro pasado.

Fabiola Castelnovo sonríe con suéter claro y saco negro en un auditorio lleno de sombras de asistentes.
Fabiola Castelnovo secretaria de Cultura de Encarnación.

Llegamos a esta fecha “con la sensación de que necesitamos hacer mucho más”, explicó la secretaria de Cultura. La comisión conformada continuará las actividades de recordación hasta octubre de este año, con la participación de importantes actores culturales de la ciudad.

Atravesados por el ciclón

Así como muchas familias tradicionales encarnacenas, Castelnovo es descendiente de un sobreviviente de la tragedia.

Fabiola Castelnovo vestida formalmente, hablando con gesto serio sobre su historia familiar en un entorno cultural.
Fabiola Castelnovo reflexionó sobre la historia familiar relacionada con el devastador Ciclón de 1926 en Encarnación. Foto de su abuelo, Carlos Alberto Castelnovo.

“Yo soy docente y suelo decir a mis estudiantes: ¿Se imaginan llegar a su casa y ver a toda su familia debajo de los escombros?“, reflexionó. Su abuelo, Carlos Alberto Castelnovo, perdió a 13 familiares durante la tragedia.

Lo mandaron a realizar un encargo, lo que lo salvó de la tromba que destruyó su casa, cuando tenía 16 años. Al volver, tuvo que encontrar los cuerpos de su familia y enterrarlos en una fosa común.

Cientos de familias quedaron atravesadas por esta historia. No fue solo la pérdida material, sino el trauma de la escena de devastación de su hogar.

El ciclón de Encarnación

En la jerga popular es común que se conozca el episodio como el “Ciclón de Encarnación”. Incluso en la literatura sobre el tema, todavía es utilizado bajo esa denominación. No obstante, científicamente hablando, se trató de un tornado.

Niños y adultos caminan entre edificios destruidos, en una escena desoladora y en blanco y negro.
Personas de todas las edades caminan entre los escombros en Encarnación tras el tornado de 1926.

La tarde del 20 de setiembre de 1926, tras una calurosa jornada, cerca de las 18:00 comenzó el fenómeno que devastó gran parte de la villa baja de la ciudad de Encarnación.

Nunca pudo establecerse fehacientemente la cantidad exacta de muertos, pero cuentan que fueron alrededor de 400 y más de 1.000 heridos.

Estiman que la tromba tuvo alrededor de 200 metros de ancho y destruyó todo a su paso. Las chapas de las viviendas quedaron incrustada en los árboles.

Esa misma noche, tras conocerse las dimensiones del fenómeno, el padre católico del Verbo Divino, José Kreusser, y el miembro de la masonería Jorge Memmel cruzaron el río Paraná en canoa para pedir auxilio a la ciudad argentina de Posadas. De inmediato, las autoridades del vecino país se movilizaron con asistencia.

El tornado de 1926 impactó la tarde de un lunes 20 de setiembre en la zona baja de la ciudad de Encarnación.
El tornado de 1926 impactó la tarde de un lunes 20 de setiembre en la zona baja de la ciudad de Encarnación.

Desde el vecino país enviaron un telegrama a Asunción, en el que avisaban que un ciclón “desapareció” la Villa Encarnación. De allí también vinieron médicos y hermanas de la caridad para ayudar a los heridos. El templo de la ciudad fue utilizado como puesto de salud.

El presidente de ese entonces, doctor Eligio Ayala, envió un contingente de asistencia el 22 de setiembre. Posteriormente, las ayudas a los damnificados continuaron por varios años para reconstruir la ciudad.

El antropólogo Mario Barrios Cáceres explicó en su obra “El Ciclón de Encarnación: un aproximación desde la Antropología del Desastre”, expone que el episodio sirve para analizar el estado de vulnerabilidad de la comunidad. Esto explica porqué el mismo fenómeno natural no impacta de igual manera en todos sitios.

En contrapartida, el nivel de afectación denota la falta de preparación del pueblo ante una catástrofe natural. Así como también la capacidad de reacción ante la adversidad.