Trump anunció repentinamente el domingo que había ordenado al Pentágono reducir las maniobras militares “inapropiadas y hostiles” con Corea del Sur.
Al día siguiente insistió en que estaba haciendo que la situación fuera “mucho más segura” gracias a sus vínculos con el líder norcoreano Kim Jong Un, con quien se reunió tres veces durante su primer mandato pero a quien no ha visto desde su regreso a la Casa Blanca.
Mientras elogiaba al Norte, país dotado con armas nucleares, reprendió a Seúl, un aliado clave, por no ayudar a Washington en la guerra contra Irán, que según Trump, tiene como objetivo impedir que Teherán obtenga una bomba atómica.
Al ser presionado sobre si Kim había respondido a sus mensajes, Trump dijo a los periodistas en el Despacho Oval: “Sí, lo ha hecho”.
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Redobló sus elogios hacia el dirigente norcoreano, al asegurar que sus vínculos reducían las tensiones.
“Kim Jong Un siempre me ha tratado con gran respeto”, dijo Trump. “Lo entiendo. Él me entiende”.
Cooperación “crítica”
Los ejercicios Ulchi Freedom Shield, de 11 días de duración y realizados junto con Corea del Sur, están diseñados para prepararse para una posible guerra con Corea del Norte, que los considera ensayos generales para una invasión.
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, respaldó este martes firmemente la cooperación de seguridad conjunta con Washington, su principal aliado en materia de defensa, y con el vecino Seúl.
“Dado que Japón se enfrenta al entorno de seguridad más grave y complicado de la posguerra, la cooperación entre Japón, Estados Unidos y Corea del Sur es fundamental para la paz y la estabilidad de la región”, dijo Koizumi a los periodistas durante una visita a Australia.
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Su par australiano, Richard Marles, señaló que Canberra estaba “muy preocupada por el programa nuclear de Corea del Norte, así como por su programa de misiles, y hemos dejado claro este punto de manera constante”.
Funcionarios surcoreanos han indicado que las maniobras comenzaron según lo previsto y que esperaban que la química personal entre Trump y Kim los llevara de vuelta a las negociaciones.
La oficina presidencial surcoreana afirmó el martes que los ejercicios no reflejan “ninguna intención de atacar a Corea del Norte ni de intensificar las tensiones en la península coreana”.
Sin embargo, su Ministerio de Unificación, encargado de las relaciones con el Norte, señaló que no podía confirmar si hubo comunicaciones entre Kim y Trump.
“Si bien existen canales de comunicación entre ambas partes, no podemos verificar el contenido específico de los intercambios”, afirmó un portavoz.
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Trump volvió a poner en duda el lunes el apoyo de Estados Unidos tanto a Corea del Sur como a los aliados de la OTAN, que se han negado a contribuir a la guerra contra Irán.
“Un momento. Tenemos 39.000 soldados allá, protegiéndolos de Kim Jong Un, su vecino de al lado, y ustedes no nos van a ayudar en una operación militar muy sencilla en Irán. Eso es extraño”, dijo el gobernante republicano en el Despacho Oval.
“No podemos andar por ahí protegiendo a todos estos países, especialmente cuando ellos no están ahí para ayudarnos”, añadió.
Alianzas inestables
Estados Unidos tiene desplegados unos 28.500 soldados en Corea del Sur para reforzar las defensas del país, un legado de la Guerra de Corea de 1950-1953, que terminó con un armisticio en lugar de un tratado de paz.
Sin embargo, las repetidas críticas de Trump a las alianzas de larga data han puesto en duda los compromisos de Estados Unidos con la seguridad en Asia Oriental.
El anuncio de la reducción de las maniobras se produjo justo cuando el único portaviones estadounidense que opera en la región del Pacífico, el USS George Washington, está siendo reasignado a Oriente Medio para relevar al USS Abraham Lincoln.
El Lincoln ha sido motivo de preocupación por la salud mental de la tripulación y por problemas de abastecimiento tras un prolongado despliegue.
Los socios de Estados Unidos en toda la región están bajo presión para aumentar su presupuesto de defensa, incluido Taiwán, que Pekín considera parte de su territorio y ha amenazado con usar la fuerza para recuperarla.
El presidente taiwanés, Lai Ching-te, prometió el lunes un gasto récord en defensa para 2027.
