"¿Debe Islandia reanudar las negociaciones de acceso con la UE?" es la pregunta a la que deben responder los casi 273.000 islandeses llamados a las urnas.
El entonces Gobierno rojiverde islandés, salido de la crisis económica que había sacudido al país, inició en 2009 las negociaciones de adhesión con la UE, que interrumpió cuatro años más tarde sin que se hubiese completado el proceso y en medio de profundas divisiones internas.
El nuevo Ejecutivo de centroderecha, ganador de las comicios de 2013, notificó dos años más tarde a la Comisión Europea (CE) que Islandia ya no era candidata.
El Gobierno de coalición de centroizquierda salido de las elecciones legislativas de 2024, formado por tres partidos, incluyó en su acuerdo que convocaría una consulta sobre las negociaciones con la UE a más tardar en 2027.
El Ejecutivo considera que el proceso no fue finalizado correctamente y que es necesario preguntar a los islandeses si quieren continuar con él o interrumpirlo.
El Parlamento islandés aprobó el 29 de mayo una moción que autorizó la celebración del referendo de este sábado.
De los tres socios de Gobierno, tanto la Alianza Socialdemócrata de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, como el centrista Reforma, apoyan el "sí", mientras que el Partido del Pueblo mantiene una actitud más ambigua.
Los sondeos previos a la celebración de la consulta apuntan a un empate o dan una ligera ventaja a quienes apuestan por reanudar las negociaciones con la UE.
La participación podría ser un factor clave para decantar el triunfador de un referendo en el que los partidarios del "sí" dominan en Reikiavik y el área de la capital y los opositores en las zonas rurales.
Si los partidarios del "no" superan a los del "sí", el proceso quedará interrumpido y la cuestión del ingreso de Islandia en la UE quedará aparcada a medio plazo.
El Gobierno ha resaltado en varias ocasiones que respetará la voluntad de los islandeses.
"Si el resultado es "no", todas las especulaciones sobre qué supondría el ingreso en la UE serán dejadas a un lado", reiteró recientemente en un debate televisivo Kristrún Frostadóttir.
Islandia reanudará el proceso negociador interrumpido en 2015. La Comisión Europea (CE) considera que la solicitud de ingreso sigue siendo válida, porque nunca fue formalmente retirada.
En el momento de la interrupción de las negociaciones se habían abierto 27 de los 33 capítulos, aunque no se habían debatido los más polémicos, como la pesca o la agricultura.
Si se alcanza un acuerdo entre las partes, éste debería ser ratificado en un nuevo referendo por los islandeses y sería necesaria después una reforma constitucional que debe ser aprobada por el Parlamento. A continuación se convocarían elecciones legislativas y la nueva Cámara salida de esos comicios votaría de nuevo las reformas.
Para la UE, el rédito de una eventual adhesión islandesa no sería solo comercial -el país ya tiene alineada gran parte de su legislación con la europea a través del EEE-, sino también geopolítico: una Islandia dentro del bloque reforzaría la posición europea en el Atlántico Norte en un momento de tensión creciente con Washington y Moscú por la región ártica.
Islandia representaría, además, un contraste llamativo con el resto de la agenda de ampliación. Mientras candidatos como Ucrania, Moldavia, Montenegro o Albania siguen inmersos en negociaciones complejas y sin fecha de cierre, Islandia podría convertirse en el vigésimo octavo Estado miembro en año y medio si gana el "sí", según la eurocomisaria de Ampliación, Marta Kos.
Ese contraste plantea qué supondría un candidato "exprés" en pleno debate sobre integración gradual y estatus intermedios para otros aspirantes. Según las proyecciones más optimistas el bloque podría pasar de 27 a 35 miembros en la próxima década.
