"Pero se puede detener", afirmó Guterres a los medios, y pidió a la comunidad internacional "más atención, voluntad política y recursos" para hacer frente a la crisis, que calificó de "tragedia humana".
Según los datos hasta el 25 de agosto, el brote suma 5.713 casos confirmados y 2.744 muertes, con unos 500 nuevos casos cada semana. Mujeres y niños están siendo especialmente afectados.
Guterres destacó las dificultades para combatir el virus en un país marcado por "décadas de conflicto, sistemas sanitarios sobrecargados e infraestructuras deficientes".
Más de 40 trabajadores sanitarios han muerto durante la respuesta y otros han resultado infectados, agregó. Además, los centros de tratamiento y las ambulancias han sufrido ataques.
La respuesta, liderada por el Gobierno congoleño con apoyo de la ONU, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros socios, busca "reforzar la vigilancia, el tratamiento, la participación comunitaria y la prevención de nuevos contagios", dijo el secretario general.
La ONU ha destinado más de 80 millones de dólares de fondos comunes y ha presentado un plan humanitario de 2.130 millones, del que solo está financiado el 48 %.
Guterres pidió los 1.100 millones restantes y advirtió de que los recursos actuales solo alcanzarán "semanas, no meses".
"El tiempo no está de nuestro lado", recalcó.
