Las sequías serán menos frecuentes, pero ganarán fuerza suficiente para durar hasta siete veces más en algunos de sus afluentes, según el estudio de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) y de la Fundación Cearense de Meteorología y Recursos Hídricos (Funceme).
En las cabeceras de la cuenca, en São Paulo, las sequías podrán extenderse por dos años seguidos a finales de este siglo, según los investigadores, que utilizaron un modelo matemático ya usado y probado en otros sistemas hídricos.
Los problemas en las cabeceras se reflejarán posteriormente en las partes bajas y, consecuentemente, en el abastecimiento, explicó a EFE Lucas Pereira de Almeida, investigador de la UFRJ y uno de los responsables por el estudio, cuyos resultados fueron publicados en la última edición de la Revista Brasileña de Recursos Hídricos.
"La parte alta de la cuenca funciona como el tinaco que tenemos en casa. Cuando la sequía afecta esa área, el recipiente tarda más en llenarse y, poco a poco, los impactos se reflejan en las otras áreas, afectando el abastecimiento de las ciudades y la generación de la energía", dijo.
Las sequías extremas son consecuencia de varios factores, entre los que citó el calentamiento global, las alteraciones en el régimen de lluvias, la degradación ambiental y transformaciones en el uso del suelo en las últimas décadas.
"La vegetación nativa, por ejemplo, desempeña un papel esencial en la regulación del ciclo hidrológico y su pérdida reduce la infiltración, la recarga de los acuíferos y el mantenimiento de los ríos durante las sequías", dijo.
Su opinión es compartida por el ingeniero forestal Leonardo Sobral, director de Bosques y Restauración de la organización no gubernamental Imaflora, quien atribuye la mayor parte del problema a la deforestación.
"Todo lo que está ocurriendo está vinculado al histórico de deforestación de nuestras cuencas. Cuando retiras la cobertura vegetal cambias toda la lógica climática de una región. La vegetación tiene una función muy importante en la regulación del clima: en la medida en que captura carbono arrojas agua a la atmósfera", explicó Sobral a EFE.
De acuerdo con el investigador de Imaflora, la cobertura vegetal también tiene una importante función en la regulación del volumen, la cantidad y la calidad de agua de una cuenca hidrográfica.
Almeida también aclaró que el estudio no prevé que serán necesarios racionamientos de agua en las dos mayores ciudades de Brasil, que es tan solo una de las medidas posibles para enfrentar el problema, pero sí muestra el riesgo de que eso se produzca.
La cuenca del Paraíba atiende a millones de personas en São Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais, los tres estados más poblados de Brasil.
Por ello, "cuando las represas de la parte alta tardan en recuperarse, toda la cadena hídrica se hace más vulnerable", dijo.
En situaciones extremas, concluyó, campañas de economía o hasta de racionamiento pueden ser necesarias dependiendo de la intensidad de la sequía.
"Por eso la reforestación es prioritaria si queremos seguir teniendo agua. Aún estamos a tiempo", aseguró Sobral.
Los efectos del calentamiento global es uno de los temas que se discutirá en la cuarta edición del Foro Latinoamericano de Economía Verde (FLEV), que organiza la Agencia EFE en São Paulo el próximo 3 de septiembre y que contará con la participación de autoridades, expertos y representantes de empresas y organismos multilaterales.
El evento cuenta con el patrocinio de ApexBrasil y WWF-Brasil, además del apoyo de AYA Earth Partners, Imaflora y Observatorio del Clima.
